La falta de tiempo impulsa la comida para llevar en verano
La rapidez y la comodidad pesan más que el ahorro para trabajadores, personas que viven solas o familias con niños
La escena se repite a diario en el centro de Vigo: personas que entran unos minutos en un local, recogen una bolsa con comida recién hecha y continúan su jornada. La comida para llevar ya no es solo un recurso puntual, sino una opción cada vez más habitual entre trabajadores, personas que viven solas, familias con niños pequeños o clientes que buscan ganar tiempo sin renunciar a una comida casera.
Carolina Izquierdo, responsable de La Popular, abrió el negocio el pasado diciembre pensando en una cafetería tradicional. Ocho meses después reconoce que la realidad ha sido distinta. “La comida para llevar funciona mucho mejor de lo que esperaba”, explica. En su local triunfan especialmente los desayunos, las tostas, los bocadillos calientes y el café para llevar. “Pensé que en esta zona la gente seguiría siendo más tradicional con el café, pero el movimiento es constante”, señala.
Izquierdo cree que detrás de ese auge hay una razón clara: la falta de tiempo. “La sociedad está cambiando. Mucha gente prefiere ahorrar tiempo en cocinar y dedicar ese rato a descansar o al ocio”, afirma. También observa un aumento de clientes que viven solos y consideran poco práctico cocinar únicamente para una persona.
La misma tendencia la detectan en Tahona Colmeiro, un negocio familiar especializado en platos preparados. Andrea Vidal, persona a cargo, asegura que la demanda ha crecido “considerablemente” en los últimos años. El local ofrece cada día un menú diferente de carne, pescado o vegetariano, además de paellas, fideuás, empanadas y postres caseros. “Cada vez más gente prefiere llevar comida recién hecha antes que comprar en el supermercado y cocinar en casa”, resume.
En el restaurante El Descanso el fenómeno se vive de forma más moderada. Su propietaria, María Alonso, explica que la mayor parte de la clientela come en el local, aunque el servicio para llevar resulta útil para acompañantes de pacientes de un hospital próximo o vecinos con obras en casa. “Aquí la gente busca comida de casa, sencilla y bien hecha. Nuestro éxito está en mantener esa cocina tradicional”, destaca.
Los clientes confirman ese cambio de mentalidad. José Manuel Moure reconoce que recurre a estos locales “por falta de tiempo y comodidad”, mientras que Jesús Rodríguez Puga, que vive solo, asegura que compra comida preparada todos los días porque “hacer la comida para uno no sale mucho más barato”. Brais González, abogado, valora sobre todo la rapidez y afirma que “en veinte minutos comes y vuelves a trabajar”.
Irene Carmona, llegada desde Barcelona, considera que la tendencia seguirá creciendo. “Allí es muy común coger comida para llevar, sobre todo entre la gente joven. Aquí también está cada vez más en auge”, sostiene.
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