Primavera floreciente
Los cerezos de Beade exhiben su flor
vigo
Garrido añoraba los tranvías, el adoquinado de piedra del centro de la ciudad y echaba en falta los restos de la época industrial que pusieron a Vigo como referencia en Galicia.
Reconocido por sus amplios conocimientos sobre O Castro y las antiguas murallas de la ciudad, si algo caracterizó la vida de Jaime Garrido fue su inestimable pasión por la arquitectura viguesa. En el recuerdo quedan ya sus actuaciones para que se eliminasen el antiguo restaurante que se situaba entre los muros de la Fortaleza de O Castro, así como sus propuestas para recuperar los restos del Castillo de San Sebastián.
La ciudad pierde a uno de sus mejores cronistas, un hombre entregado a Vigo que nunca quiso que se olvidase su pasado y por esa labor contó con el reconocimiento de numerosas instituciones como la Fundación Laxeiro o la Diputación de Pontevedra. Jaime Garrido pasa a formar parte de la historia de Vigo, una ciudad a la que tanto quiso y que ahora le despide con pesar. n
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