Fallece Don Serafín, el párroco que trabajó y rezó por Teis
El sacerdote, que fue capellán del cementerio, vivía hace 10 años en los Enfermos Pobres
'El jardín romántico', como don Serafín, párroco de Teis, llamaba al cementerio de este barrio en el que vivió y ejerció su ministerio, se convertirá a partir de hoy en la última morada de este sacerdote que consiguió ganarse el cariño de todos y que el Ayuntamiento le dedicara una calle aún en vida. El párroco del Divino Salvador de Teis falleció el pasado lunes a los cien años en los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres, donde residía hace más de una década.
Don Serafín era toda una institución en Vigo. Ordenado sacerdote en agosto de 1935, pasa la Guerra Civil como capellán en Asturias. Es durante su estancia en el Principado que sucede una de las anécdotas que salpican su vida y que el hermano Donaire recuerda con cariño. El sacerdote aprovechaba su tiempo libre para estudiar y, un cabo primera, le quiso gastar una broma escondiéndole un libro. El párroco de Teis le pidió que se lo devolviera, momento en el que se inicia una pelea entre ambos. El ganador será Don Serafín, que siempre tuvo una salud y preparación físicas envidiables.
Pero quizá lo que mejor le defina sea su carácter, que Antonio Donaire define como 'vitalista, íntegro, ilusionado con su labor, cumplidor y muy puntual pero, ante todo, muy religioso'. Unas cualidades que dejó bien patentes durante los años que convivió con los Hermanos Misioneros de Teis donde 'sirvió a los más pobres y administró los sacramentos', recuerdan.
Pero quizá lo que mejor le definiría fue su humanidad infinita. A lo largo de su magisterio en Teis, Don Serafín creó profundos lazos de amistad con los vecinos, a mucho de los cuales conocía como si fueran su familia. Aún hoy, muchos aún le agradecen haberles ayudado a conseguir lo más preciado, un trabajo en los astilleros recomendándoles personalmente.
Su interés por todo lo que le rodeaba le llevó también a invitar a muchos feligreses a comer en su casa. Cualquier disculpa era buena para sentarles a su mesa y así, disfrutando de sus guisos -era un gran cocinero- saber cuáles eran sus problemas e intentar buscar alguna solución. Muchos otros le recuerdan por su voz de barítono en las misas de las parroquias de Vigo.
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