ETA planeó asesinar a Fraga y a un funcionario de prisiones de Vigo
"La autora directa del proyecto era una etarra llamada María Aránzazu Garbayo Ruiz, una etarra condenada inicialmente a 45 años de cárcel"
Los viejos memorias como yo mismo, que dedicamos parte de nuestra actividad pasada y presente a guardar y ordenar los propios archivos, poseemos un caudal de historias diversas que, de vez en cuando, aparte de asuntos más locales, gusto en traer a estas páginas como parte de mi propio patrimonio algo más que sentimentales. Del asunto que ahora evoco nunca pude hablar con Manuel Fraga directamente en las múltiples ocasiones, insisto que, como periodista, estuve cerca de él. En 1996 estuve en un acto de su partido, sin saber que aquel mismo año un comando de ETA llamado “Galicia” había pretendido asesinarlo, durante su segundo mandato como presidente de la Xunta.
La autora directa del proyecto era una etarra llamada María Aránzazu Garbayo Ruiz, una etarra condenada inicialmente a 45 años de cárcel; pero que, con el tiempo, dado que el delito fue de tentativa y no consumado, le rebajaron la condenada. En 2013, obtuvo ese beneficio, porque le habían aplicado una pena de 30 años por conspiración para asesinato, cuando la que le correspondía era de 20. Formaban la banda con María Aránzazu Aitor Fresnedo y Carlos Emilio Cristóbal, juzgados en la Audiencia Nacional en octubre de 1998. Su objetivo era asesinar a Fraga y a un empresario. Y luego se supo que también a un funcionario de prisiones de Vigo.
El plan de operaciones de la organización terrorista era llevar a cabo una serie de actos en Galicia, atentados contra militares en Pontevedra y un funcionario de la cárcel de Vigo, aparte del objetivo principal. De quien era este funcionario de prisiones nunca trascendió mucho, pero es evidente que los etarras tenia alguna razón para llevar a cabo su frustrado crimen. Los periodistas que seguimos el caso nos enteramos de que el comando estaba a las órdenes José Javier Arizcuren Ruiz, Kantauri, responsable de los comandos ilegales de ETA. Dado que entonces había muchos etarras desocupados en Francia decidieron darles trabajo, como el de asesinar a Fraga. Para ello disponían de un piso Franco en A Coruña, donde estaban depositadas armas y explosivos.
Intenté preguntarle a Fraga por este episodio, aprovechando una conferencia de prensa de las habituales entonces, pero me aconsejaron que no lo hiciera, a no ser que me arriesgara a provocar una de sus explosiones frecuentes entonces. Yo ya viviera la experiencia al comienzo de la transición, cuando en una conferencia de prensa en Vigo, durante la presentación de Alianza Popular, se me ocurriera preguntarle si no se debería convocar un referéndum para determinar la forma del Estado antes de elaborar la Constitución y si no creía que su imagen pasada podría ser un lastre para su partido. No me respondió a la primera pregunta y en cuanto a la segunda me dijo –cosa que luego le escuché repetidamente-: “Yo como Cánovas siempre tengo mi pasado presente”.
En noviembre de 1994, en que como presidente que yo era de la Asociación de la Prensa de Vigo, fui responsable de organizar en esta ciudad y la isla de A Toxa la LIII Asamblea General de la Federación de Asociaciones de la Prensa (FAPE). Contamos para ello con la colaboración de la Xunta y en el acto inaugural me tocó iniciar las intervenciones y se produjo un hecho protocolario curioso. Estaba previsto que en la mesa presidencial nos colocáramos de izquierda a derecha, por este orden, visto desde el público, el representante del Ayuntamiento de Vigo, Fraga, el presidente de la FAPE y yo mismo. Es decir, conforme al protocolo para una presidencia par, el más importante, Fraga, quedaba desde la presidencia en el centro a la derecha. Pero alguien de su entorno solicitó que para que el presidente quedara en el centro subiéramos a uno más, de modo que se colocó en uno de los lados a Pérez Varela, que no iba a hablar como si los demás. Este tipo de cosas era entonces frecuente.
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