Espiritualidad en la Concatedral con el Descendimiento

Ante la expectación de los fieles, Carlos, Fernando y Antonio descolgaron al Cristo del ábside central y lo colocaron en el crucero de la nave desde donde presidirá la misa solemne

Publicado: 03 ago 2025 - 09:06 Actualizado: 03 ago 2025 - 09:48
Cientos de fieles acompañan al Cristo de la Victoria en su descendimiento

El himno del Cristo da Victoria, entonado por los devotos que se concentraron ayer en la Basílica-Concatedral, pusieron los pelos de punta a más de uno. La ceremonia del Descendimiento cada año congrega a más fieles que quieren recibir la talla. Es la única vez al año que se puede tocar y besar.

Finalizó la novena y nadie se movió del sitio. Todos esperaban la bajada de la imagen. Las dos primeras filas ya no se colocaron. Se necesitaba el espacio para que el carro pudiese maniobrar. Con dificultad, por la estrechez de la entrada, los 20 costaleros, dirigidos por el cofrade carrero, Carlos Borrás, lo metieron en el templo y lo situaron en el crucero. Al poco, Carlos, Fernando y Antonio subieron por dos escaleras de ocho metros, situadas detrás del altar mayor. Mientras Antonio desatornilló la talla, los otros dos ascendieron un poco más para pasar la cuerda por las poleas a la altura del friso y levantar al Crucificado. Bajo la atenta mirada de Borrás y siguiendo el asesoramiento del club de montañeros Celtas, llevaron a buen término la delicada operación en altura.

Los susurros cesaron por unos segundos hasta que el Cristo fue recibido por el resto de los costaleros que lo llevaron en alto ante un primer grupo en el que se encontraba la cofrade mayor, Marora Martín-Caloto, junto al párroco de la Concatedral, José Vidal. Comenzó entonces el canto, que con aplausos, dio la bienvenida a la imagen.

Con ambas puertas laterales abiertas, una para salir y otra para entrar, la afluencia de fieles fue constante durante horas. Todos querían “saludar” al Cristo antes de la procesión. Era la oportunidad de tenerlo cerca, de tocarlo. Así, hicieron cola para honrarlo. A sus pies, la hermana mayor y el párroco lo custodiaron, mientras el movimiento en el interior de la Concatedral no cesaba.

Ya de noche, los costaleros colocaron la talla sobre el carro, decorado con los ramos de claves rojos y blancos, colores de la bandera viguesa. Junto a los farolillos que la iluminarán en el interior del templo, se situaron 26 velas que se encenderán durante la procesión de hoy.

Desde esa posición, el Cristo presidirá los oficios religiosos que se iniciarán a las 7 de la mañana hasta las 11 en que se celebrará la misa solemne cantada por la coral Casablanca, para continuar a las 13, 17.30 y 18.30 horas. A las 19.30 horas será sacado en procesión.

Con todo, a partir del Descendimiento, muchos fieles salieron a realizar el itinerario que llevará la comitiva, cumpliendo con una tradición única en esta festividad, la de hacer la procesión horas e incluso días antes de que lo haga la propia imagen. Ya sea para huir de las horas de calor o de la multitud que siempre acude a la cita, o por costumbre, lo cierto es que ayer la entrada y salida de la Concatedral era constante. Hileras de fieles con velas encendidas en grupo o solos se mezclaban con los turistas en el Casco Vello. En el atrio del templo, los voluntarios los esperaban para recoger los cirios y cumplir con el ritual.

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