Los empresarios okupas suman denuncias: “Éramos sirvientes”

Cerca de una veintena de afectados se adhieren a las reclamaciones por estafa, aunque la cuantía total de damnificados en Vigo y área es, por ahora, de más de cuarenta

Pilar, André, Leidys y Dimitri, ayer con otra de las afectadas en una céntrica cafetería de Vigo.
Pilar, André, Leidys y Dimitri, ayer con otra de las afectadas en una céntrica cafetería de Vigo.

La pareja de empresarios que fue desalojada el pasado miércoles de la casa que okupaban en rúa Mantelas se acerca ya a la veintena de denuncias por parte de personas –todas ellas inmigrantes– que dicen haberse sentido estafados por ellos, tanto al ofrecerles trabajo que nunca llegaban a remunerar como al ofrecerse a alquilarles pisos que no poseían.

Como cuentan los propios damnificados, esta pareja solía buscar personas a las que ofrecer trabajo y un alquiler en portales de internet. Una de ellas es la madre de André, un joven venezolano que llegó a Vigo hace unos meses. “Le ofreció un trabajo para cuidar niños pero luego resulta que era de limpieza y planchado”, explica. Además, ya el primer día la mujer les preguntó si tenían donde quedarse y les ofreció, previo pago de 800 euros –una mensualidad y la fianza– un piso céntrico del que resulta que no era la dueña. “Cuando lo denunciamos, ella me dijo que ya le había dado el dinero a la gestora”, dice André. Hasta el día de hoy, ni él ni su madre –que trabajó dos días para la pareja– han visto un solo céntimo.

Los afectados son todos inmigrantes, en su gran mayoría de Sudamérica (Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela…). De hecho, cuentan que uno de los días que fueron a manifestarse a la casa que la pareja okupaba en rúa Mantelas lograron impedir que tres inmigrantes haitianos entraran a entregarles 900 euros en concepto de reserva de un piso.

Una de las ‘tretas’ que los perjudicados comentan que utilizan constantemente es usar sus datos personales –documento de identidad y número de cuenta– que la pareja les pide, supuestamente, para los contratos de alquiler y nóminas para pedir microcréditos en su nombre a sus espaldas y así hacer ver que les ha pagado algo o les ha devuelto parte del dinero que les debe. “Luego te marea diciéndote que está haciendo una transferencia internacional y ese dinero nunca llega”, señala María del Pilar, inmigrante colombiana y a la que la pareja le debe dos días de trabajo, ya que ella decidió marcharse de la casa al darse cuenta de la actitud del matrimonio y al ver “artículos de brujería como calaveras” que guardaban en un cobertizo en el patio.

Pilar cuenta, además, que la pareja tenía “trabajadores para todo” en la casa: “Un jardinero, gente que le plancha, gente que le limpia, mensajeros, gente para cuidar de los niños mañana y tarde…”. Esta mujer sostiene que “estábamos ahí como sirvientes” y que casi ninguno de estos empleados fue remunerado, por eso en los grupos de Facebook de latinos en Vigo se empezaron a conocer todos los que se habían sentido estafados por la pareja hasta reunir casi medio centenar. De momento.

Una supuesta intermediaria ayudaba a captar

Dimitri y Leidys, una pareja venezolana que llegó a Vigo hace pocos meses, contactó con los empresarios okupas a través de una conocida que estaba trabajando en su casa, “supuestamente llevándole los pisos”, cuentan. Esta persona, que por el momento no ha sido denunciada por ninguna de las partes, les hizo saber que la mujer les ofrecía una de las viviendas vacacionales que gestionaba, cuya licencia iba a cambiar a vivienda habitual ex profeso, para que le dieran hasta 2.000 euros en concepto de entrada, fianza, seguro y otros gastos. “Nos dio unas llaves para que nos quedáramos más tranquilos, pero a día de hoy no sabemos ni qué abren”, explican. La supuesta intermediaria había aceptado, según DImitri y Leidys dicen, un “trabajo extra” para la pareja por el que por cada persona que captaban para darles un piso, ella se llevaba una comisión. “Nos han dicho que tendremos que acabar denunciándola”, apuntan, pero no están seguros porque, al haber trabajado para la pareja, puede que también sea una víctima.

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