“Me emociona reparar un reloj que lleva tiempo parado”
vigo
Gerardo Alonso fue premiado por sus 50 años de trabajo en Vigo. Es de los pocos restauradores de relojes antiguos que hay
nnn Gerardo Alonso celebrará el centenario de la Relojería Gerardo que fundó su abuelo y en el que continuaron trabajando primero su padre y después él que siguió la saga familiar de relojeros. El negocio, que empezó en Praza da Princesa y ahora se ubica en Álvaro Cunqueiro, cumple cien años en el año 2020 y está pensando que evento organizará para celebrarlo.
Gerardo a su vez ya cumplió su medio siglo dedicado a los relojes antiguos, por los que siente verdadera pasión. La suya es una vida entregada a la restauración y a la reparación de relojes, y esto en fecha reciente le permitió recibir el premio del Colegio Oficial de Joyeros y Relojeros de Galicia en un acto celebrado en A Coruña.
Gerardo cumplió 69 años pero no se retira porque los clientes no le dejan, según explica. Le traen relojes estropeados de toda la comarca, pero también del resto de Galicia e incluso de Madrid o de Barcelona. Es así porque ya casi no quedan restauradores como él.
Reconoce que es un oficio que requiere mucha paciencia, mucha dedicación y horas porque es un trabajo artesanal. Ve difícil que salgan nuevos aprendices, porque en Galicia no hay escuela de relojería. Los restauradores solían heredar el oficio de la familia, pero muchos ya están jubilados o fallecidos.
Por otro lado, explica que “es emocionante reparar un reloj que no tiene arreglo o que lleva tiempo parado. La gente se pone muy contenta porque lo tienen desde pequeños. El reloj tiene su corazón, su tic tac, y al repararlo le das una segunda vida. Me duele no poder arreglarlo. A veces me voy a dormir pensando en ese reloj y a la mañana siguiente ves la solución. Pocos se han resistido”, asegura.
Preguntado por sus relojes favoritos, no tiene ninguna duda. El número uno lo tiene el reloj de Santa Irene porque pasó muchas horas de su vida reparándolo, restaurándolo, cuidándolo hasta que un día prescindieron de sus servicios para ahorrar este coste. A pesar de esto, acude todos los años a ponerlo a punto para las campanadas de Fin de Año y lo hace de forma desinteresada. “Está en mal estado, no tiene luz de noche, necesitaría una reparación completa. Me duele verlo cada año más viejito con sus achaques”. Gerardo destaca que es un reloj de 70 años que han visto muchos estudiantes y muchos ciudadanos de Vigo, y que es el único reloj mecánico que funciona actualmente porque los demás están electrificados.
Su segundo reloj favorito es uno del año 1700 que reparó alguna vez y que tiene una sola aguja. “No se había inventado la segunda aguja, en aquella época parece que no importaba que fuera las seis y media o las seis y cuarto. Es un reloj hecho a mano, muy artesanal, con una pesa muy rústica”.
Por otro lado, lamenta que a mucha gente joven ya no le gusten los relojes de pared. “Es un reloj que acompaña, además se puede bajar el sonido o eliminarlo. La cuestión es coger cariño a la pieza que has heredado. Viene gente mayor o de mediana edad a repararlos porque les gusta que den campanadas de noche”, explica. Sobre la irrupción de los móviles, que desplazaron en parte al reloj de muñeca al llevar la hora incorporada, Gerardo lo tiene claro,. “Es más cómodo girar la muñeca que sacar el móvil del bolso. Y es un complemento importante como el bolso o los zapatos, define a la persona”, señala. n
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