Elvira Rodríguez: “Antes había debate movido en el hemiciclo, pero al salir se confraternizaba”
"Desde la crisis económica de 2008, paradigmas que creíamos que eran datos en la ecuación se han convertido en variables", asegura la exministra
Elvira Rodríguez (Madrid, 1949) fue la última ministra de Medio Ambiente del Gobierno de Aznar, aunque desempeñó gran parte de su carrera dedicada a las cuentas (Secretaria del Estado de Presupuestos, Directora General de Presupuestos, presidenta de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, entre otros cargos). Visitó ayer Vigo para ofrecer una charla sobre los retos de la economía global.
Ocupó cargos de todo tipo. ¿De cuál guarda mejores recuerdos?
Yo guardo muy buenos recuerdos de la Dirección General de Presupuestos, porque cuando en el año 96 tuvimos que reordenar todas las finanzas públicas, íbamos a conseguir que las cuentas públicas sirvieran para lo que tenían que servir, que es para cumplir necesidades de los ciudadanos, pero administrando bien, y trabajé muy a gusto con gente muy profesional e hicimos un trabajo que salió muy bien. Y en el Ministerio de Medio Ambiente, que para mí, que era interventora de Hacienda era una novedad, llegué cuando se estaba terminando con la limpieza de las playas tras el naufragio del “Prestige”. Aquello fue una etapa, después de tanto tiempo dedicándome a las cuentas, que me dio una dosis de realidad: estamos en un mundo que tenemos que guardar y preservar. Yo suelo ser positiva en todo lo que hago, me gusta ver la cara buena de las cosas a las que he tenido que hacer frente.
Como exministra de Medio Ambiente, ¿se imaginaba un mundo como el de ahora con tantísimas políticas de descarbonización y donde la sostenibilidad es un eje tan central?.
Cuando yo llegué al Ministerio, acababa de firmarse el protocolo de Kioto y ya se estaba hablando de cambio climático, de la política de desarrollo sostenible, que tenía tres patas: el crecimiento, que es imprescindible porque si no se crece no vas a ninguna parte; el impacto social, porque las personas estamos ahí, y el impacto medioambiental. Y era como un taburete con tres patas equilibradas. Pero conforme ha ido pasando el tiempo, parece que se ha querido dar más importancia a algunas patas que otras. Yo creo que se está volviendo al concepto equilibrado, pero al final de lo que se trata es de tener visión a largo plazo, porque el mundo es el largo plazo. Si destruimos el mundo no tendremos sitio donde estar, pero yo creo que también hay que pensar en un mundo que sea compatible con los hombres. Creo que en algunos casos se ha dejado de lado el pensar que los hombres somos esenciales para el mundo, sino que somos un estorbo. Y así, si nos creemos un estorbo, nunca haremos nada y no iremos a ninguna parte.
¿Cómo ha cambiado la esfera política desde que usted comenzó?
Yo diría que en muchos aspectos no tiene nada que ver. De tener unas situaciones políticas relativamente equilibradas en torno al centro, lo que vemos es que se están extremando. Cuando yo empecé en el año 1996 como directora general de presupuestos, tenía mucha relación con el Parlamento, que al final era quien nos lo aprobaba. Había debate movido dentro de la Cámara, pero cuando se salía del hemiciclo, se confraternizaba. Ha ido pasando el tiempo y mi sensación es que ha ido empeorando el ambiente. Cuando yo fui ministra y tenía que someterme a las sesiones de control de los diputados, me las hacían de todo tipo. Normalmente te las hace la oposición y lo que te ponen es la cara colorada, porque para eso están las sesiones de control. Ahora el controlado parece que le falta el respeto al que controla, que somos los diputados, que al fin y al cabo somos los representantes de los españoles, y eso está mal. Ser un buen parlamentario no es insultar ni faltar al respeto al que tienes enfrente, porque no hace falta.
Como economista, ¿qué opina del estado de la economía global en este momento tan convulso?
El mundo está patas arriba. Paradigmas que creíamos que eran datos en la ecuación se han convertido en variables. La gran herramienta para conseguir ese desarrollo sostenible era la globalización y el comercio internacional y habíamos tenido una etapa de prosperidad con sus crisis energéticas tras la Segunda Guerra Mundial. Pero de repente en el año 2008 hay una crisis de las hipotecas americanas que se contagia a todo el mundo porque no hay fronteras. Entonces se empieza a decir que hay que tener transparencia y se empieza a trabajar en gobernanza. Cuando se iba resolviendo, surge algo que era impensable: una pandemia mundial. Y vemos dos cosas. Primero, que por las comunicaciones y la falta de fronteras un virus que surge en Asia contagia a todo el mundo y mata. Y segunda, cerrando las fronteras nos damos cuenta de que hemos montado un sistema en donde los productos más básicos para nosotros no los tenemos porque se producen en otro sitio y genera un impacto en la economía mundial salvaje. ¿Por qué? Porque se hace todo en China. ¿Por qué? Porque es mucho más barato. De nuevo, dos enseñanzas: La primera, que se tiene que tener autonomía. La segunda, que a mí me parece mucho más interesante, es que fuimos capaces de hacer una vacuna en un tiempo que parecía impensable y nos ha puesto encima de la mesa la importancia de la investigación y de la innovación para poder salir hacia adelante.
Dos guerras recientes han generado importantes crisis energéticas. ¿Qué podemos sacar en claro de cara al futuro?
Rusia entra en Ucrania en 2022 y crea una crisis energética que pone patas para arriba los conceptos que parecían inamovibles. Alemania empieza a consumir carbón porque se queda sin energía cuando íbamos camino de la descarbonización. Vamos de crisis en crisis y nos encontramos con que sube a la presidencia de Estados Unidos de nuevo Trump con un programa electoral sobre ‘Make America Great Again’, que es la autarquía para unos Estados Unidos que tiene de todo y dice que no quiere productos exteriores poniendo unos aranceles que son un paso más para cargarse el comercio internacional; otra crisis económica. Y ahora como consecuencia de la guerra en Irán vuelve a haber problemas energéticos, sube el combustible y permea en inflación que ya empieza a afectar a las familias.
España lidera el crecimiento de la UE y también el presidente del gobierno está liderando la oposición a las políticas de Trump ¿qué opinión le merece?
No somos los más ricos de la UE. En términos nominales estamos creciendo más que otros países, pero cuando se analiza el crecimiento nominal de España tiene dos factores que no son sanos: la inflación, que es más alta que la de países de nuestro entorno; y que como habíamos caído mucho más abajo con la pandemia, vamos mejorando más. Nos han entrado muchos fondos europeos y ya veremos cuando se acabe el ciclo si han sido lo suficientemente eficaces. Por otra parte, la posición del presidente del Gobierno siendo quien lleva la bandera contra los Estados Unidos a mí me parece que no es el camino; sino que el camino es hablar, debatir, discutir y sobre todo aprovecharnos de que formamos parte de Europa y juntos somos más fuertes.
Volvió recientemente al Congreso de los Diputados. ¿Qué opina del rumbo actual de la legislatura?
Es un disparate. Llevamos sin presupuestos toda la legislatura. El gobierno conforma una mayoría inestable, una mayoría de investidura que después es muy débil porque no tiene suficientes votos y los está consiguiendo base de pactos que muchas veces no son razonables. El gobierno está en una situación muy débil y eso se refleja en lo que es la legislatura: antes, cada mes la primera semana no había sesiones parlamentarias y las otras 3 del mes había martes, miércoles y jueves. Desde que yo he llegado en septiembre, la mayor parte de las semanas la sesión del jueves no se ha hecho porque no hay asuntos. El gobierno no está sacando cuestiones y otras se las tumban.
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