Elsa Osorio, escritora: "Los derechos humanos nos interesan a todos"

“Me encontré con la grata sorpresa de que mucha gente que leyó la novela se acuerda hoy”, dice la escritora, autora de "A veinte años, luz"

Elsa Osorio, en Vigo.
Elsa Osorio, en Vigo. | Atlántico

Elsa Osorio es una destacada escritora y novelista argentina de ascendencia gallega, reconocida internacionalmente por sus obras traducidas a numerosos idiomas. Entre sus publicaciones más célebres destaca “A veinte años, luz”, una novela fundamental sobre la memoria y los derechos humanos editada en España por Siruela. Su rigurosa labor de investigación y su compromiso social se reflejan también en obras como “La capitana” y “Cielo de tango”. Sus libros han consolidado un estrecho vínculo con la Editorial Siruela y con los lectores españoles. Actualmente, continúa compartiendo su profunda conexión con los paisajes y la cultura de Galicia. Estuvo pasando unos días en Vigo, ciudad con la que mantiene una intensa y larga relación.

Elsa, recientemente ha salido la nueva edición de “A veinte años, luz”, en una fecha muy particular, que es el 50 aniversario de la dictadura argentina. Cuéntenos un poco, ¿qué repercusión tuvo esta obra desde la primera edición a esta etapa?

Estoy muy contenta de que haya salido esta edición homenaje de “ A veinte años, luz” en España, porque esta novela la “pude escribir”, me animé a hacerlo, en España. Yo vivía en Madrid entonces, hacía 20 años del golpe. En aquel momento conocíamos los casos de las abuelas que buscaban a sus nietos, pero no había ningún caso de un joven que buscara su propia identidad. ¿ Qué pasaría con alguien que nadie sabe que existe, alguien a quien nadie busca? Así nace Luz, mi personaje. Me obsesiono con ella, con su búsqueda de identidad, con las circunstancias de su nacimiento, la historia de los apropiadores, y la de otros personajes que son relevantes y articulo la novela como un policial, como tres policiales enganchados, que muestran diversos aspecctos de la realidad de aquellos tiempos siniestros. Me ayudó mucho estar en España , estar lejos de esas circunstancias que vivimos y de esa sociedad en la que no se podía hablar de ciertas cosas, mucho menos escribir. Cuando sale la novela en España (porque debo decir que en Argentina no quisieron sacarla al principio) coincidió con el primer caso de una joven que se buscó y encontró a sí misma. Era Paula Cortazza, una chica que había sido adoptada de buena fe, no robada como mi protagonista. A partir de ese momento fueron muchos los nietos que se buscaron y encontraron.

Pero la novela salió en Argentina ¿no?

Sí, en uno de los grandes grupos cuyo director era mexicano y entonces salió en México y en Argentina. Y la leyó mucha gente y me contaron muchísimas historias, pero apenas unos meses después fue retirada de las librerías “por un error administrativo” . Cuando volvió a salir, en Planeta, ya tenía 15 traducciones y había pasado 7, 8 años.

Para mí fue muy emocionante encontrarme con estos chicos que buscaron su identidad, que me preguntaban de dónde sacaste. Lo que yo escribí es ficción, pero seguramente está ligado a que yo quería que eso sucediera. Es algo que me di cuenta después de escribir la novela, es decir, yo quería que esa generación nos encontrara como generación. Y sobre todo, que se encontraran a sí mismos.

Usted presentó esta novela en la última Feria del Libro de Madrid, ¿cuál ha sido la repercusión?

Me encontré con la grata sorpresa de que mucha gente que la leyó en su momento, hace ya 27 años, se acuerdan hoy. Esta novela tuvo la suerte de ser traducida muy rápidamente a varios idiomas. La primera sorprendida fui yo. Cuando estaba escribiendo, a medida que me metía en esta época, yo sentía que aquel miedo estaba guardado en mi propio cuerpo, y tuve la necesidad de que se conociera esta salvajada: que en Argentina se robaban los chicos, que mataban a sus madres, y se los quedaban ellos mismos, a veces, el propio torturador. Quería contar esta historia, y sabía que tenía que hacerlo de manera tal que llegara a cualquiera, "Quiero que se entienda en un pueblito de Alemania", me decía, es decir, que la entienda cualquiera. Pero lo que menos me imaginaba en ese momento es que verdaderamente se iba a leer en un pueblito de Alemania, o en China. Y también fue muy conmovedor porque porque recibí mails de lectores que me escribían a las editoriales, preguntándome: "¿Qué puedo hacer yo por estos chicos?", es decir, esta historia de que los derechos humanos nos interesan a todos es una realidad y lo pude aprender por esta novela. En varios países su publicación no se interrumpió nunca como en Francia, Alemania o Italia.

Este libro está centrado en la divulgación de lo sucedido en Argentina. ¿De qué manera repercutió en el mundo los conceptos de genocidio, delitos de lesa humanidad? ¿Qué opina usted?

Fue muy importante, fue la primera vez que se aplicó la justicia universal, es decir, independiente de la nacionalidad tanto de la víctima como del victimario. En España no se podía juzgar si el crimen había sido cometido enn otro país. Y en Argentina, a veces se olvida la gran importancia que tuvieron los juicios de Madrid, para que la justicia argentina pudiera juzgar a los genocidas, todos los caminos estaban cerrados entonces. El concepto de genocidio estaba ahí, en los tratados internacionales, pero algunas naciones lo habían firmado …no voy a decir para quedar bien, pero un poco sí, porque después en la práctica tampoco se aplicaba. Si bien este estos juicios se hizo una campaña por los españoles desaparecidos, en verdad lo que se juzgaba era cualquier desaparecido, es decir, desaparecido cualquiera sea el origen de la víctima. Era importante que los españoles sintieran, y así fue además, que se podía hacer algo por las víctimas españolas, las más numerosas entre los extranjeros, también se consideró hijos de españoles y después se llegó hasta nietos de españoles. Fue un gran triunfo, lo recuerdo con mucha emoción.

"Vigo es una ciudad donde me siento muy cómoda"

“Su novela "Cielo de tango” tiene un personaje gallego y tiene una localización en parte en Galicia. Cuéntenos un poco la historia.

Bueno, ser argentina es ser un poco gallego, un poco italiano, un poco mapuche, un poco criollo, un poco de todo, pero hubo una inmigración gallega muy importante en la Argentina. Quería contar la sociedad porteña, la del Río de la Plata, porque no es la Argentina en su conjunto, a través de la danza que la representa, que es el tango. Está la música y la letra, mi personaje es ficción, pero se llama Rosa como una de las primeras cantantes de tango, Rosita Quiroga, y le puse Leira porque es sindicalista y luchadora, participa desde niña en la ley de de inquilinato y es obligada a irse de la Argentina, la echan por la ley que expulsa a los extranjeros “peligrosos”, y hace un recorrido por España, incitando a la lucha a los trabajadores, pero después de vivir unos años en Vigo, Baiona, vuelve, necesita volver a Buenos Aires, y hacer lo que debe: cantar.

¿Tiene origen gallego?

Así es. No sé quién es el primer Osorio que fue a Argentina, hay mucho mito. Mi abuelo Osorio era un conocido psiquiatra. Cuando yo era chica, me decían que habíamos llegado en 1536, cosa que resulta bastante difícil de creer. Hay otros tíos de mi padre, que yo busqué en Ribadero pero siempre me crié con esta frase: "Venimos de Galicia".

¿Qué le ha traído en este verano a Vigo?

Quise descansar un poco, ver las rías. El otro día estuve mirando el atardecer y mandé unas fotos a mi familia diciendo: "De aquí salió", como si lo estuviera viendo, ¿no? Eh, es el mito y es también la realidad. Me gustó la respuesta de toda mi familia, de mi hermana, de mis sobrinos: "¡Ay, estás ahí! Saca una foto" con esa idea de tocar tus orígenes, ¿no? Y las rías, lo mágico de las rías. Me acordé de Rosa Leira, de cuando se fue de Vigo, aunque a Rosa la haya inventado yo.

¿Y qué le parece Vigo?

Es una ciudad en donde me siento absolutamente cómoda. Me siento como natural, puedo caminar por donde me plazca, mirar un mar y decir: "Ay, este es mi mar".

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