Elefantes Rosas: “Las familias de adultos con necesidades especiales tienen pocos recursos”
Jéssica Rodríguez y Nerea Menduiña son educadoras sociales y organizan actividades de ocio para menores y adultos con necesidades especiales
Nerea Menduiña y Jéssica Rodríguez, educadoras sociales y fundadoras de la cooperativa Elefantes Rosas, explican en Atlántico TV cómo ofrecen apoyo y ocio inclusivo a adultos con necesidades especiales, cubriendo carencias que las familias enfrentan fuera del horario escolar o de los centros de día.
¿En qué consiste el proyecto de Elefantes Rosas?
Nerea Menduiña: Nace por una inquietud profesional de Jessica y mía, que trabajábamos juntas con personas adultas con discapacidad intelectual, ya que en el día a día sentíamos que no llegábamos a donde nos gustaría con las personas usuarias y sus familias. Sentíamos que podíamos ofrecerles más, sobre todo porque las necesidades de las personas y de las familias no son de 9 a 16 horas, hay muchas más en otro horario y en fines de semana. Muchas familias nos preguntaban si conocíamos a alguien que se pudiese quedar con su familiar porque tenía una cita médica o un viaje. Y desde el centro no podíamos ofrecer eso.
Al final hablamos de conciliación. ¿Es fácil para estas familias encontrar alternativas de ocio?
Jéssica Rodríguez: Bajo nuestro punto de vista, no. Esa es un también la cuestión de por qué nacemos. Vemos que las familias no tienen recursos suficientes, sobre todo las personas adultas. Para los niños a veces van capeando, con terapias, actividades extraescolares… pero sí que es verdad que las personas con más necesidades de apoyo les cuesta mucho encontrar un servicio inclusivo de verdad. Realmente a estas personas les gusta mucho acceder a ocio y a servicios fuera del horario escolar o del centro.
N.M.: Es más difícil para mayores de 21 años que niños.
J. R.: Sin lugar a duda, por lo que nos cuentan las familias. Los adultos tienen más carencias.
Uno de los principales servicios que ofrecéis es el respiro familiar. ¿En qué consiste?
N.M.: Hay dos variantes. Una es por horas, más individualizado, cuando la familia lo necesita, que es también un acompañamiento. La otra es un respiro programado que ofrecemos nosotras en una fecha concreta, normalmente de viernes a domingo. Se quedan con nostras en pernocta, alquilamos un alojamiento y una furgoneta. Hacemos actividades que no puedan hacer completamente solos, pero que es diferente hacerlo con otra persona que con tu madre.
También trabajáis la intervención en contexto, ¿qué es?
J. R.: Al principio sacábamos ocios puntuales, pero lo que queremos es que las personas usuarias participen en las actividades de ocio que ya hay. No queremos hacer una actividad propia en la que solo puedan venir tres personas, sino que si hay una fiesta de Halloween, los usuarios puedan participar en la misma fiesta que el resto, porque eso es inclusivo de verdad. Las actividades de ocio sí que creemos que funcionan, cuando conocemos a las personas hacemos una actividad preparada para sus gustos e intereses, buscamos esa calidad y que la persona que vaya a participar de verdad le apetezca estar ahí.
N.M.: Claro, primero conocer a las personas y el grupo y después sacamos un plan y que se anote quien quiera.
J. R.: Queremos ese servicio muy personalizado, de calidad para la persona en concreto, poniéndola en el centro.
¿Cómo es el contacto con las familias?
N. M.: Constante. A veces escuchamos más a las familias que a las propias personas usuarias. Queremos ser un apoyo, estar ahí siempre que lo necesiten. Es un trato muy cercano, casi de 24 horas. Las necesidades pueden surgir en cualquier momento.
¿Cómo se puede formar parte de estas actividades?
J. R.: Contactamos con los centros y asociaciones, les presentamos un proyecto para que sepan qué hacemos y si algunas de sus personas usuarias podrían beneficiarse. La mayoría de familias nos llegan así. También lo presentamos en los distintos concellos y las asociaciones de madres y padres.
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