Elecciones en centros de la UVigo, con uno o ningún candidato
Universidad
El exceso de burocracia y la obligatoriedad de estar seis años al cargo, entre las principales razones para evitar asumir la responsabilidad de decanos y directores
Es ya prácticamente una constante en la Universidad de Vigo. Cada vez que las escuelas y facultades de la institución convocan elecciones para elegir a sus próximos decanos y directores, rara es la ocasión en la que se presenta más de un candidato. De hecho, algunos de estos procesos electorales incluso quedan desiertos y el decano o director saliente debe quedarse en funciones otro medio año para volver a convocarlos. Esta aparente falta de interés en participar en la gestión de los centros universitarios –mientras se pide a los estudiantes que se involucren más en temas de participación y representación– parece tener su origen en la misma problemática que atormenta a los directores de centros en Educación Infantil, Primaria y Secundaria: la creciente y asfixiante presencia de los trámites burocráticos. Además, las últimas modificaciones de la ley de universidades no han ayudado a incentivar presentarse a los cargos de gestión.
Los tres últimos procesos electorales en el campus de Vigo se saldaron con dos elecciones con un solo candidato (Escuela de Ingeniería de Minas y Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones) y unos comicios cancelados por falta de candidatos (Facultad de Filología y Traducción). Las motivaciones para acceder a estos puestos ya raramente están relacionadas con la vocación, sino con la voluntad de asumir una responsabilidad que cada año crece sin mayores incentivos. Curiosamente, esta situación coincide justo con las segundas elecciones al Rectorado en toda la historia de la UVigo con tres candidatos.
Iago Pozo Antonio es el nuevo director de la Escuela de Ingeniería de Minas y Energía desde el pasado miércoles 22. Él fue el único candidato a relevar a Elena Alonso, que ejerció el cargo durante los últimos seis años. Es consciente de esta situación y cree que “el profesorado ya tiene una carga de trabajo muy grande actualmente y añadir la gestión a la docencia y la investigación supone una gran cantidad de tiempo”, pero él es “optimista” de cara a los próximos seis años al frente de Minas “porque al final la gestión es muy agradecida; si lo haces bien, se va a notar en la vida diaria del centro, tanto en los estudiantes como en el profesorado”. Eso sí, sabe que requiere “mucho trabajo” y un sacrificio que él está dispuesto a hacer, pero no es algo que todo el mundo quiere asumir mientras ejerce sus labores de docente e investigador.
Lo mismo ocurrió en su centro vecino, la Escuela de Ingeniería de Telecomunicaciones, en el mes de junio. Sólo una persona, Enrique Costa, se presentó para suceder a Rebeca Díaz, una decisión de la que no se arrepiente porque “quería hacer lo que pudiese para ayudar a la escuela”.
“Este cargo requiere tiempo, esfuerzo y una gran generosidad”
El nuevo director de Teleco opina que uno de los motivos por los que ya apenas se encuentran candidatos para dirigir los centros de la UVigo es el envejecimiento del profesorado: “Si le pides a un profesor que ejerza una labor de gestión, muchos de ellos por edad dicen que no porque a lo mejor ya empiezan a tener algún achaque”. Para Enrique Costa, “los beneficios económicos, que no son muy grandes” y la “carga extra de trabajo” inclinan la balanza hacia dejar pasar la oportunidad de presentarse a dirigir centros como el suyo. “Es una responsabilidad muy grande estar al frente de un centro como el mío con 800 estudiantes y más de 200 trabajadores”.
José Montero Reguera, actual decano en funciones de la Facultad de Filología y Traducción, convocó elecciones a mediados del pasado mes y tuvo que detener el proceso electoral porque ninguna persona presentó su candidatura: “Mi facultad no es la única en esta situación, son más las que en una u otra ocasión no han encontrado personas para dirigirlas o incluso han votado en contra de quien sí quería hacerlo”, comenta en declaraciones a este periódico en referencia a la votación perdida por Jorge Falagán en 2021 para renovar su mandato como decano de Económicas. Según este veterano filólogo, que acumula ya cuatro mandatos al frente de Filología (dos de ellos por elección y otros dos por designación temporal), se requiere “tiempo, esfuerzo y una generosidad extraordinaria para afrontar la dirección de un centro”.
Montero Reguera explica que una de las peculiaridades de estar al frente de una escuela o facultad pone a sus ocupantes “en un terreno en el que tenemos que responder hacia arriba –refiriéndose al gobierno de la Universidad– pero también hacia abajo –refiriéndose a sus compañeros docentes y a los estudiantes–”, por lo que el trabajo y el esfuerzo “alcanza todos los días de la semana y no todo el mundo puede o quiere hacer semejante esfuerzo”.
Para el decano de Filología, una de las mejoras que podría facilitar la búsqueda de candidatos pasaría por “dar a los centros capacidad, competencia y posibilidades para desarrollar esta actividad; darle un poquito de dignidad a la idea del decanato de un centro y crear un cuerpo especial de administrativos que permanezca en el tiempo”. Además, cree que los seis años obligatorios en el cargo son demasiados y no permiten que haya “higiene democrática” en el proceso: “Tres años ya es mucho tiempo, es necesario que haya un punto intermedio”.
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