Dylan para los más fieles
Casi 7.000 espectadores asistieron ayer al concierto en el Ifevi de uno de los grandes gurús del rock de los últimos 50 años
Con él, o se comulga o no. Y no es San Bob Geldof, patrón de los Live Aid. Ayer hubo momentos de comunición mística, y también momentos donde el público se perdió, porque Dylan versionea a Dylan, y todos los dylans están en éste. Siguiendo las previsiones, ayer comulgaron con Dylan casi 7.000 personas, y, dada la puntualidad del músico, muchas se perdieron las primeras canciones, pues las retenciones se volvieron a repetir a las puertas del Ifevi.
Sin concesiones, y con un concierto sobrio, esencial y, sí, especialmente frío. Bob Dylan ha vuelto a los orígenes de la música tradicional americana, no la de Dolly Parton, sino la de los narradores, que no necesitan más que unas buena letra, una guitarra y un los tiempos están cambiando, que lo hacen continuamente, para presentarse ante el público. En realidad ha sido siempre así, dejando aparte el espectacular concierto de despedida de The Band (Dylan, Neil Young, Van Morrison, Eric Clapton, Tom Petty, etc), The last waltz en 1976. Dylan quiere todo lo contrario que epatar y nada hubo en su concierto de espectáculo de masas, salvo íntimos momentos de comunión con el público, que él ha vivido infinidad de veces, a través de picos de emoción, con mucho voluntarismo añadido por parte del respetable, como Like a rolling stone o cuando, simplemente, coge su armónica.
Con fría puntualidad, Dylan salió al escenario, 21.35 horas. Fuera seguían las retenciones para acceder al Ifevi, tanto de coches como de personas, y dado que muy pocos vieron a Hermosillo, el telonero, la primera canción de Dylan fue, para muchos la segunda o la tercera. Tras 45 años de carrera, 30 discos en solitario, innumerables colaboraciones con los mejores artistas de cada década, y realizando una media de cien conciertos anuales, y sí, con 67 años, el dominio de Dylan sobre el escenario es total, es decir es lo que él quiere que sea, y ayer no fue una escepción. Teniendo en cuenta además que su último disco, Modern Times, es bueno, cualquier repertorio lo es también.
Ante 7.000 espectadores, los previstos por la organización, y con un escenario con telón en negro, arropado por una banda de excelentes músicos, también de luto riguroso, Robert Zimmerman-Bob Dylan apareció, en la parte central del escenario y, sin mediar palabra, con breve gesto de cabeza, comenzó. Para todo el mundo, fieles o no, la primera canción fue Lay, lady, lay. El grupo de la primera fila, experimentaba ya la comunión mística, tan importante en estos casos, pero algunos seguidores a mí lo que me gustan son los primeros discos, afirmaban reconocer a duras penas el viejo himno. Es que tergiversa las canciones, afirmaba una de esas seguidoras del viejo Dylan. Bueno, pero a Bob se le perdona todo, le respondió otra. ¿Había algo que perdonar?.
El Ifevi, un garaje muy grande, opina parte del público Confirmado, hay mucha gente que echa de menos Castrelos como escenario de conciertos. Aunque el público era variado, con algunos adolescentes que habían chapado la discografía dylaniana para el concierto, predominaba la mediana edad, tanto como para afirmar Yo no soy tan viejo/a como él, por Dylan. Para ellos quedó claro que el Ifevi no es el lugar adecuado para conciertos, hasta el extremo de estropear el espectáculo. Muy descriptivo un hombre que fue de los primeros en comprar las entradas: Esto es un garaje muy grande. Y, como tal garaje, las retenciones estaban fuera.
Dentro, algo de humo, no del escenario sino de los cigarrillos, con aviso por megafonía recordando la prohibición de fumar en el recinto. Gran preocupación por parte de los fieles, tiene la voz un poco cascada, y con este humo.... Para otros, está mejor de voz que nunca. Sobre lo que no hubo disparidad de criterios fue respecto a los músicos, excelentes. Y es que ayer hubo música, pero la disposición del escenario hizo que Dylan fuese invisible para gran parte del público. Por si no había quedado clara la prohibición a los gráficos, los telones a ambos del escenario pusieron la cosa más difícil a los cazadores de fotos.
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