Dunas y vegetación ganan terreno en las playas de la comarca
VAL MIÑOR
En Playa América o Ladeira se nota el efecto de la cuarentena y la ausencia de la acción humana durante dos meses
Las conclusión obtenida tras dos meses de arenales libres de mantenimiento en la comarca del Val Miñor es que la naturaleza sigue su curso ajena a la acción humana. Playas de aspecto salvaje para unos o descuidadas para otros en donde la vegetación comienza a extenderse por lugares impensables a un mes de la entrada del verano, así como pequeñas plantas en flor salpicadas por una superficie en la que el sentido común nos dicta que cualquier forma de vida es impensable.
Este contexto se repite prácticamente del mismo modo en toda la franja costera miñorana aunque agudizado en los espacios naturales dotados de dunas, como por ejemplo el caso de Playa América en Nigrán o A Ladeira en Baiona. Aquí la evolución experimentada en los últimos 60 días salta a la vista y las acumulaciones de arena crecieron a un ritmo asombroso sobrepasando el espacio delimitado por los operarios municipales para preservar tanto las zonas dunares como los ecosistemas que crecen sobre ellas. Sobre las paredes del paseo marítimo y sobrepasado el tramo de Panxón, la arena movida por el viento va trepando por los muros mas bajos quedándose en algunas zonas a un palmo del enlosetado del firme. Esta situación se repite por ejemplo en la Playa de Santa Marta pese a carecer de dunas, aquí se deposita pobre el pequeño muro que delimita el acceso adoquinado del río. Además de multitud de plantas llama la atención un gran escalón formado por la mareas que ronda el metro de altura, en medio y medio del espacio que todos los veranos es invadido por toallas, niños y mayores.
En A Ladeira la situación es muy similar a la de Playa América, pero a su inicio el impacto es mayor pues la vegetación nacida en los últimos meses forma ya auténticos matorrales que dividen la primera línea en dos espacios delimitados y repletos de palos, cañas o piedras que presumiblemente fueron arrastradas por las corrientes. Además una manta de vegetación se extiende desde el carril bici adueñándose del arenal espacio adentro formando una prolongación natural del mismo.
Una vez que el plan de desescalada finalice los arenales volverán a su estado habitual pero su aspecto actual denotan que la capacidad de regeneración del entorno es mucho más rápida sin las interferencias producidas por el hombre.
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