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Los temporales registrados este invierno afectaron a las dunas de las playas de Vigo. Sin embargo, fueron capaces de resistir el impacto y, en términos generales, aumentaron su tamaño respecto a las últimas mediciones realizadas hace cuatro años. Así lo constata el estudio elaborado por el Concello el pasado mes de marzo, basado en trabajos con drones y levantamientos topográficos en varios arenales del municipio.
Los análisis, realizados por expertos biólogos, documentan el estado actual de los sistemas dunares tras los episodios de mal tiempo, que afectaron a las playas, pero concluyeron que, en la mayoría de los casos, se produjo una evolución positiva respecto a 2022. Los vuelos con dron y las mediciones sobre el terreno se llevaron a cabo en playas como Samil, A Calzoa, A Fontaíña, O Vao, Serral y O Baluarte.
Uno de los incrementos más destacados se registró en la zona de Argazada, en Samil, donde la duna creció 1,10 metros. En este punto, la superficie alcanza los 7.683 metros cuadrados y la altura máxima llega a los 11,17 metros. Según el informe, las barreras de captación de arena instaladas por el Concello favorecieron este aumento, con acumulaciones de hasta 1,2 metros en algunos tramos.
También en Samil, en la zona de las pistas de tenis, la duna experimentó un crecimiento de entre 15 y 60 centímetros, con una superficie de 3.636 metros cuadrados y una altura máxima de 6,14 metros. El estudio señala que la vegetación plantada aún no alcanzó el desarrollo suficiente para retener grandes cantidades de arena, aunque en áreas más consolidadas ya se registran acumulaciones de hasta 80 centímetros.
En otros arenales, como A Fontaíña, el sistema dunar se mantiene estable y se prevé una recuperación natural. En O Baluarte, el aporte de arena realizado la temporada pasada redujo el impacto de los temporales y contribuyó a proteger tanto la duna como las viviendas próximas.
El informe también identifica zonas donde los efectos del invierno fueron más intensos. Es el caso de A Calzoa y de O Vao, especialmente en el entorno del acceso a Toralla, donde las dunas sufrieron daños y todavía no pudieron ser restauradas. En ambos casos, el Concello asegura estar a la espera de la autorización autonómica, en aplicación de la Ley del Litoral de Galicia, para iniciar las actuaciones de recuperación.
Pese a estos daños puntuales, el estudio destaca que las dunas actuaron como barrera natural frente a los temporales, limitando el impacto del mar sobre las playas y su entorno. En O Vao, por ejemplo, la duna existente evitó afecciones mayores durante los episodios de fuerte oleaje.
El Concello enmarca estos trabajos en la necesidad de contar con información actualizada para la gestión de estos espacios de valor ambiental y paisajístico, sometidos tanto al uso ciudadano como a fenómenos meteorológicos adversos. Además, según estudios científicos la subida del nivel del mar unos centímetros podría poner en riesgo el futuro de las playas de la Ría en cien años, porque el Concello busca asegurar el aporte de arena y limitar los efectos de la erosión.
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