Una docena de personas malviven en la vieja estación de buses
Algunos de los sin techo llevan ya dos años instalados en el edificio, condenado a ser demolido en el futuro, mientras las administraciones gestionan su propiedad
La antigua estación de autobuses ya no recibe viajeros, pero tiene habitantes. Una docena de personas sin techo convirtió este espacio, cerrado desde hace cuatro años, en su hogar. Lo que comenzó como un lugar donde algunas personas buscaban refugio para pasar la noche se transformó con el paso del tiempo en un pequeño asentamiento de personas sin hogar.
La estación dejó de funcionar cuando la actividad se trasladó a la nueva terminal intermodal de Vialia. Desde entonces, el edificio quedó en desuso y, especialmente en la zona de la antigua entrada orientada hacia Gregorio Espino, el gran voladizo sobre el aparcamiento se convirtió en un refugio. Protege de la lluvia y del viento y permite permanecer allí incluso durante los días de peor tiempo. Algunas de las personas que viven actualmente en este punto llevan cerca de dos años instaladas.
El paisaje poco tiene ya que ver con el de un simple lugar utilizado para dormir. Bajo la cubierta fueron delimitando espacios personales. Hay colchones, pero también sillas y mesas, libros y otros objetos personales. Algunos llegaron a instalar pequeñas cocinas improvisadas con bombonas para poder preparar sus propias comidas.
Entre quienes encontraron aquí un refugio hay también personas mayores de 60 años. Para ellos, esta vieja estación ofrece la posibilidad de vivir, dentro de sus circunstancias, con “cierta dignidad”. No ocultan la dureza de su situación, pero defienden que disponer de un espacio propio y no estar sometidos a una constante movilidad les permite conservar una parte de su autonomía.
También cuestionan la respuesta de los servicios sociales. Algunos aseguran haber recibido poco apoyo para tratar de abandonar la situación de sinhogarismo en la que se encuentran. Otros rechazan directamente la posibilidad de acudir al albergue municipal. Alegan que sus horarios y normas son demasiado estrictos y que esa estructura les impide mantener la independencia que conservan en la antigua estación.
El problema es que ese refugio tiene los días contados, aunque todavía no exista una fecha concreta para su desaparición. La Xunta era propietaria de los terrenos después de que el Ayuntamiento se los cediese en su día para levantar la estación. Una vez finalizada la actividad, el Consello de la Xunta acordó la pasada semana devolver el suelo al Concello.
Por el momento, el Ayuntamiento asegura que no recibió ninguna comunicación oficial de la Xunta tras ese acuerdo de cesión. Desde el gobierno municipal se remiten, no obstante, a las últimas declaraciones del alcalde sobre el futuro del inmueble. El regidor reclamó que el espacio sea devuelto al Concello “lo antes posible”, pero también subrayó que, mientras siga siendo propiedad autonómica, la Xunta debe hacerse cargo de él. “Tienen que hacer que aquello sea un lugar digno mientras sea de ellos”, afirmó.
La desaparición del edificio parece, en cualquier caso, inevitable. El nuevo Plan General prevé que la parcela tenga la consideración de zona verde o espacio libre, por lo que el inmueble no tendría encaje en el futuro planeamiento. La intención del Concello pasa ahora por reconvertir el ámbito en un espacio abierto, con jardines y otras dotaciones verdes. Entre las posibilidades que se manejan figuran áreas de juego o pistas deportivas e incluso un aparcamiento subterráneo.
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