Aquellos divertidos tiempos para cronistas municipales
Episodios vigueses
"Pero nada superó el primero de los viajes a Cuba y el modo en que se justificó cuál fuera el motivo que justificaba el elevado coste del mismo"
Ya he comentado aquí que revolviendo los archivos de vez en cuando salen al encuentro de uno viejas fotos que parecieran hacernos un guiño e invitarnos a rememoras aquellos episodios que conocimos cuando éramos cronistas municipales. Ocurre eso con aquella fotografía en la que aparece el alcalde Manuel Soto repartiendo habanos a los profesionales que cubríamos la actividad del Ayuntamiento, a su regreso de una expedición a Cuba. Desde la perspectiva de nuestros días, las cosas de aquel tiempo eran insólitas y frecuentes, como cuando este alcalde acudió representando a Vigo en un congreso de “Ciudades de Alta Montaña” y se especuló en montar un teleférico desde el Berbés hasta el monte del Castro. Otro día contaré otro divertido episodio de cuando fue ponente en un congreso de ciudades marítimas en Italia. Decía José Antonio Sánchez, que fuera primer teniente de alcalde, que cuando el titular se iba pasaban días sin saber de él, ni dónde estaba, porque tampoco llamaba para dar noticia de su paradero.
Pero nada superó el primero de los viajes a Cuba y el modo en que se justificó cuál fuera el motivo que justificaba el elevado coste del mismo. Todavía me acuerdo de la cara que poníamos los periodistas presentes en la conferencia de prensa en la que se anunció que el resultado de expedición apuntaba hacia la firma de un acuerdo comercial, ya que se habían establecido las bases para la firma de un Convenio sin precisar más. Pero lo mejor cuando entonces concejal de Cultura, Francisco Santomé, anunció que el mencionado convenio contenía cláusulas propias de su competencia y que, como consecuencia de ello, y con destino al Zoo de Vigo, se iban a intercambiar “guacamayos y cocodrilos” por “teixugos”, y que además se iba a convocar un “concurso de habaneras”. Esta última noticia causó gran sorpresa, pero que colocaba a Vigo a la altura de la alicantina Torrevieja, famosa por sus eventos relacionados con este género musical de nostalgia y recuerdo. Por lo visto, lo de las habaneras iba a exportar a la isla un género musical propio, ya que esa peculiar forma musical tiene su origen en la evocación sentimental del paraíso perdido cuando España tuviera que dejar la isla.
Lo de Cuba parecía, en ese sentido, tener más viabilidad que la expedición a Groenlandia, que recordamos estos días. Pero la descubierta por Cuba produjo un caudal de anécdotas, como los problemas que el propio Soto padeciera en un nuevo viaje debido a que otra persona, casualmente con el mismo nombre, tenía prohibido entrar en la isla. Pero como lo del concurso sí que iba en serio, animados a concursar, un grupo de periodistas de Vigo, a saber: Manuel Orío, Fernando Ramos, Joaquín Rolland y Josél Angel Xesteira, con música del primero y acompañamiento del guitarra, y letra del mismo Orío y Ramos, formamos un cuarteto para la ocasión que grabó y emitió en una emisora local la “Habanera de Soto”. Ante esta espontánea colaboración, pues pensábamos concursar, el gobierno municipal desistió de convocar el concurso y el intercambio de teixugos por cocodrilos y guacamayos. Fue una pena.
Conservo una cinta grabada de la famosa habanera y para sorpresa nuestra, se ha reproducido muchas veces y han circulado decenas de copias de su famosa letra que decía: “En el serviola de mi navío/la vista puesta en el verde mar/veo las casas del pueblo mío/se llama Vigo, ciudad sin par/Entre esas cosas que yo te digo/una es más alta, piedra y cristal/en ella Vigo un amigo mío/es el palacio municipal/ El alcalde Vigo tiene una pena/el alcalde de Vigo tiene un dolor/le gustaría estar en la Habana/cigarro puro, baso de ron/lindas mulatas, flor de banana, y cocodrilos a discreción”.
Los autores e intérpretes de aquella habanera nos tomamos tan en serio el asunto que una cinta con la grabación de esta singular pieza está depositada en el Arquivo Sonoro de Galicia de Santiago, donde puede ser consultado por los estudiosos e investigadores. Y como las cosas se hacen bien, hemos renunciado a los beneficios de la autoría, de suerte que, si algún día se explotara, los derechos de pertenecen al pueblo de Vigo.
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