Las divertidas e insólitas aventuras de los tiempos de Manolo Soto
Episodios vigueses
Marcaba la crónica municipal en tiempos de Manolo Soto los insólitos episodios que protagonizaba la corporación municipal que presidia
Recuerdo lo divertido que era la crónica municipal en tiempos de Manolo Soto por los insólitos episodios que protagonizaba la corporación municipal que presidia, como cuando se anunció la firma de un acuerdo comercial con Cuba, tras uno de los viajes de Soto (lo que nos elevaba al rango de ciudad Estado). En la rueda de prensa para dar cuenta de los resultados de su misión anunció públicamente que había establecido las bases para la firma de un Convenio o Acuerdo entre la ciudad de Vigo y la República de Cuba, sin precisar más. El entonces concejal de Cultura, Francisco Santomé, anunció que el mencionado convenio contenía cláusulas propias de su competencia y que, como consecuencia de ello, y con destino al Zoo de Vigo, se iban a intercambiar “guacamayos y cocodrilos” por “teixugos”, y que además se iba a convocar un “concurso de habaneras”. Lo que dio lugar a que un grupo de periodistas compusiéramos “la habanera de Soto”. Claro que nada superó el viaje a Groenlandia de una expedición viguesa para hermanarnos con una pequeña aldea llamada Narsaq, de 1.700 vecinos y el retorno a Vigo de su alcaldesa, que fumaba puros y fue recibida con honores de Estado. La expedición viguesa costo a la ciudad tres millones de pesetas de los años 80. Convencieron a Soto de las posibilidades de firmar un acuerdo de hermanamiento con un pueblo costero de Groenlandia que, como se sabe, pertenece a Dinamarca. La idea era facilitar el acceso de los congeladores de Vigo a los ricos bancos de aquellos mares del Norte. Para justificar el viaje, se consigue que Fernando González-Laxe lo respalde, y allá se van fletando un costoso reactor al efecto. Soto incluye en la expedición a representantes de todos los grupos, a dos periodistas y al presidente de la Cámara de Comercio.
Pero lo mejor estaba por venir: La devolución de la visita por la alcaldesa de Narsaq a Vigo. La reciben con honores de jefe de Estado escoltada por la guardia urbana en formación de rombo. En la rueda de prensa, a los periodistas presentes nos cuesta contener la risa cuando declara que gracias a Manolo Soto ha realizado el sueño de su vida: retratarse bajo una palmera. La señora no paraba de fumar puros. La rueda de prensa es muy graciosa: ella habla el idioma de Groenlandia que es traducido al danés, del danés al inglés, y del inglés a castellano. Yo le pregunté a la alcaldesa si los barcos de Vigo iban a poder pescar en Groenlandia y se extrañó: "Yo no tengo competencias en ese asunto. Es cosa del gobierno de Dinamarca".
Pero, sin duda, dentro de aquella etapa aventurera una de las historias más divertidas fue la del viaje fletado por el Ayuntamiento de Vigo, a bordo del “Pleamar”, que costó dos millones de 1982, a los contribuyentes vigueses, porque el alcalde Soto se empeñó en acudir al centro del Atlántico en una misión ecologista para oponerse a los vertidos radiactivos que se venían realizando en aquellos mares. El propósito era bueno, y simbólico, pero lo más curioso de aquella historia es que el alcalde Soto y otros expedicionarios, pasaron gran parte del viaje mareados en los camarotes de aquel histórico barco. Todos los días, los servicios de relaciones públicas de la alcaldía nos pasaban una detallada crónica del heroísmo de los expedicionarios, capitaneados por Soto, que a bordo de embarcaciones auxiliares trataban de impedir los vertidos. La cosa fue mucho más discreta, aunque sí que se manifestaron cerca de los buques vertedores. Pero los del gabinete del alcalde no cayeron en la cuenta de que los periodistas avisados podíamos conectar directamente con el barco para que el patrón del “Pleamar” nos contara con detalle lo que pasaba en aquellas latitudes y la suerte de sus viajeros. Pero lo mejor fue la traca final que organizó el alcalde en funciones, Martínez Torea, para que el regreso de Soto y el resto de la expedición fuera un retorno triunfal. Como se programara el retorno a media tarde en la estación marítima de Vigo, pero el barco era de buen andar, de suerte que en menos tiempo del calculado, tras dejar los mares centrales, el 21 de agosto de 1982, llegó a la altura de Cíes, antes de lo previsto. Y como el espectáculo del retorno ya estaba montado, el “Pleamar” estuvo fondeado 8 largas horas a la altura de Cíes, a fin de entrar en Vigo con la solemnidad que requería la aventura. Y así fue. Los periodistas que estábamos allí y conocíamos la realidad de todo aquello nos mirábamos y sonreíamos cuando Soto y otros concejales bajaron a tierra como esforzados héroes La cuenta de la aventura, aparte de los dos millones y medio de pesetas por el flete del barco, sumó 8.625 euros por las fotos en color que inmortalizaron la gesta más 45.000 por los gastos del recibimiento.
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