La Diócesis crece en ingresos y baja en bautizos y comuniones

Las cuentas muestran unos ingresos de casi 16 millones a través de donaciones de fieles y Hacienda; se destinaron 3,8 millones en la conservación de edificios y parroquias

De izquierda a derecha: José Manuel González, Jesús M. Carracedo, el obispo Antonio Valín y Laura María Dacosta
De izquierda a derecha: José Manuel González, Jesús M. Carracedo, el obispo Antonio Valín y Laura María Dacosta | Vicente Alonso

La Diócesis de Tui-Vigo presentó ayer sus cuentas del año 2025, en el marco de las jornadas “Dios está contigo” que se realizarán el domingo. En él, elevó sus ingresos a casi 16 millones de euros. Al ser una entidad sin ánimo de lucro, los gastos también reflejaron esa misma cantidad de 15,9 millones de euros. Además, la actividad celebrativa se redujo levemente respecto al año anterior, con menos bautizos, bodas, comuniones y confirmaciones. También baja el número de sacerdotes y solo aumenta en uno el número de monjas pertenecientes a la Diócesis.

En ingresos, 4,5 millones han sido recaudados de las aportaciones directas de los feligreses y las diferentes colectas realizadas. Destaca la subida de los bizum, según apuntó el vicario de Economía, José Martínez Carracedo. Una cuantía similar (4,2 millones) se recibieron a través de Hacienda, con la marca de la X en la declaración. “Hemos subido en este apartado porque el Estado ha recaudado más”, apuntó. También se contabilizaron ingresos por casi 4 millones en alquileres de inmuebles y demás actividades económicas. En este 2025, además, la Diócesis recibió una subvención de 2,1 millones de euros para la restauración del archivo diocesano.

En gastos, la conservación de edificios costó a las arcas de la Diócesis 3,8 millones, con actuaciones concretas como la restauración de la torre en la iglesia de Reboreda o la segunda fase del museo diocesano. 3,1 millones fueron directos a acciones diocesana y actividades pastorales; 1,5 millones fueron a parar a las retribuciones de los cleros y 1,7 millones a los sueldos del personal seglar. “La economía no solo son ingresos y gastos. También es el trabajo voluntario. Si una persona vigila que hay dos tejas rotas, se evita tener que pagar todo el tejado”, indicó Valín.

El obispo aprovechó la presentación de la jornada el domingo para invitar a todos los bautizados, aunque cada vez hay menos. En 2024 se alcanzaron los 892 bautismos, tanto de niños como de adultos. En 2025, esa cifra bajó a 860. Las primeras comuniones también descienden, pasando de 926 a 889 en un año. En matrimonios, los números son prácticamente similares al año anterior: 188 en 2024 y 187 en 2025. A menos de uno cada dos días. “Tenemos un compromiso con la sociedad, porque la vida cristiana es anunciar el evangelio. Es la misión dentro de la iglesia", finalizó Valín.

“Vemos más necesidad en la gente vulnerable”

El obispo, Antonio Valín, señaló que la pobreza se encuentra ya cronificada en la sociedad y lo que percibe en este último año es que las personas más vulnerables cada vez demandan más ayuda. “No diría que hay más pobreza, pero sí más necesidad”, señaló. Apuntó directamente a la subida del coste de la vida y los alquileres, que duplica los esfuerzos de la Diócesis: “Si antes ayudábamos a una familia con 200 euros para pagar un alquiler, ahora ya tenemos que aportar 400”. En un año, según la memoria de cuentas de la Diócesis, muestra que los centros para mitigar la pobreza han descendido de 84 a 39, bajando sus personas atendidas. En 2024 se dio ayuda a 6.495, mientras que un año después, esa cifra bajó a 5.351.

La Diócesis aportó tres casas para ancianos y enfermos crónicos, con 320 personas beneficiadas, dos centros de menores sin tutelar, cuatro centros para promover el trabajo y 424 voluntarios de Cáritas, que con su labor beneficiaron a más de 5.000 personas. En la actividad educativa, la Diócesis cuenta con 15 colegios católicos concertados que dan servicio a más de 7.500 alumnos a través de 150 profesores. Asimismo, tiene en funcionamiento siete proyectos de construcción.

Una joven estudiante y un enfermero, imágenes de la fe

La presentación ayer de la jornada fue también un buen momento para conocer de primera mano dos testimonios diferenciados donde la fe mueve montañas. José Manuel González es un enfermero del hospital Cunqueiro que le tocó estar en el otro lado. Sufrió un percance pulmonar a raíz de una neumonía derivada del covid, que necesitó de atención quirúrgica. Ahí, a través de los capellanes y la caridad de las enfermeras logró salir adelante. “Fue una suerte contar con el capellán. Me confesó antes de la operación”, aseguró, por lo que sucediese dentro del quirófano.

En un postoperatorio “lento y duro”, empezó a valorar más su entorno. A la gente de la iglesia que estaba en el hospital. “Te dan fuerza, te cargan el corazón. Vives la fe de otra forma, con pequeños gestos”, señaló. Mucha ayuda fue para él, como católico practicante, encontrar abierta la capilla del hospital “siempre disponible. Podía rezar y coger fuerzas”. Ahora, lo hace desde la posición de enfermero para comenzar su jornada laboral.

Desde la juventud, Laura María Dacosta lleva ligada a la iglesia desde niña. Sus padres la llevaban todos los domingos a misa, en la Entidad Menor de Bembrive. Siguió los pasos de la fe en la pastoral juvenil, como catequista de su parroquia y como estudiante de ADE. Este año, fue una de las afortunadas de estar en la vigilia durante la visita del Papa León XIV en Madrid. “Hubo un momento muy emocionante cuando el Papa mencionó que no estábamos solos, que mirásemos a nuestro lado, y vi a miles de personas que compartían la fe. Eso te refuerza", señaló. También valoró el silencio en pleno centro de Madrid durante la ceremonia religiosa. Una paz que no siempre se produce en el ajetreo de la sociedad: “Esa reunión te acerca a la gente. Entiendes que evangelizar es importante”.n

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