Diáconos y casados
Vigo
José María Fernández Carrera y Andrés Fontenla Vázquez se convertirán el próximo 22 de mayo en dos diáconos permanentes del obispado de Tui-Vigo. Ambos están casados con hijos y serán ordenados ‘servidores’.
A diferencia de los sacerdotes, no pueden consagrar, ni confesar, pero sí pueden bautizar, casar o dar las exequias, además de asistir a los presbíteros, dedicarse a acciones de caridad y predicar. Esta figura no es muy habitual en España (hay 400 de los 70.000 que existen en todo el mundo). Los apóstoles nombraron a los primeros diáconos, pero en el siglo V desaparecieron ante el aumento de vocaciones.
JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ
Jubilado y futuro diácono
"Me gustaría ayudar a instalar cáritas en o BAixo miño"
José María Fernández Carrera tiene 66 años. Jubilado, es un emigrante retornado en Tomiño, está casado con dos hijos.
¿Cómo surge la idea de meterse diácono?
Estuve en el seminario y conocía un poco este mundo. Hace ocho años me jubilé en Suiza y vine definitivo a Galicia. Siempre quise hacer una labor dentro de la Iglesia, todos los bautizados formamos parte de ella. Mi primera idea era ir a las misiones. Mi mujer me dio permiso si iba solo por 3 o 6 meses. Ya tenía los contactos y un día hablando de la escasez de los vocaciones sacerdotales, surgió esta posibilidad. Pensé que el diaconato podía ser mejor camino para mí. La mano de Jesucristo siempre estuvo conmigo, me dio tantas cosas que nunca llegué ni a imaginar, incluso salud. Algo tengo que devolver.
¿Cómo lo tomó su mujer?
Está encantadísima. Creo que el día 22 va a soltar alguna lágrima. Va a ser precioso, al igual que el día que nos casamos que fue muy feliz.
¿Dónde hará su servicio?
Ahora hago pastoral en tres parroquias, pero dependerá del obispo. Me gustaría ayudar a instalar Cáritas en o Baixo Miño, porque sería algo importante para esta zona.
ANDRÉS FONTENLA
Psiquiatra y próximo diácono
"Es un privilegio porque consideran que soy apto para el servicio"
Andrés Fontenla Vázquez es natural de Oleiros, en Coruña, aunque reside en Vigo. Casado con dos hijos, tiene 61 años y es psiquiatra.
¿Cuándo decidió prepararse para ser diácono?
No es una caída del caballo. Estoy en un ambiente propicio y en un momento determinado surgió la oferta. La idea fue calando poco a poco, me lo pensé durante un tiempo, ocho años, hasta que me decidí.
¿Qué opina su familia?
Al estar casado, hay que contar con la conformidad del cónyuge. A mi mujer le parece bien, al margen de las dudas compresibles de cómo lo voy a compatibilizar con el trabajo. Mis hijos se lo tomaron entre la sorpresa y el escepticismo, aunque no les resultó extraño.
¿Qué le aporta ser diácono?
En principio es un privilegio que me ordenen porque consideran que soy apto para el servicio. La labor que me asignen puede ser muy genérica.
¿Cómo afronta la ceremonia de ordenación?
Mi hijo se mete conmigo y me dice que estoy más emocionado que en la Primera Comunión. Soy una persona de emociones contenidas, pero seguro será especial, en mi caso de emoción íntima. Es momento que está muy trabajado.n
Contenido patrocinado
También te puede interesar