El día a día de un ‘narcopiso’: convivir junto a la droga en Vigo
Atlántico, testigo en primera persona de la situación que sufren los vecinos de la calle Numancia desde hace años
En la calle Numancia el viernes amanece aparentemente tranquilo, aunque últimamente es una excepción, solo unos días antes, una ambulancia se llevaba en camilla a un individuo tras una pelea que dejaba restos en el número 39, con un extintor vaciado.
Tras la normalidad habitual en cualquier barrio de la ciudad, con traslados al trabajo y centros escolares, la mañana avanza y la calle se despeja. Es una vía estrecha, aunque tiene tráfico y algunos problemas para aparcar para quienes se mueven por el entorno del Calvario y buscan dónde dejar su vehículo.
Durante unas horas, apenas hay movimiento. Pasadas las once de la mañana, comienza el trasiego al portal del edificio cuyos vecinos llevan años luchando por la existencia de un ‘narcopiso’ en su inmueble. Un primer individuo llama a la vivienda señalada y entra. Solo cinco minutos después, llega el siguiente. Apenas se ha cerrado la puerta del portal y sale otra persona. A partir de ahí, el goteo es continuo. En menos de diez minutos llegan otros cuatro, en tandas individuales y una en pareja. Todos llaman al mismo piso, con tres timbrazos y no mucho después, van saliendo.
Los visitantes se acercan desde distintos frentes, ayer la mayoría desde Jenaro de la Fuente, mientras se cruzan con algunos vecinos, también del edificio anexo. Una mujer, con la compra en la mano, espera a que se despeje el portal para acceder al inmueble. Es la muestra del temor al que se enfrentan los residentes al tener que lidiar a diario con un trasiego de personas desconocidas, consumidores que acuden al mismo punto a cualquier hora del día y de la noche.
Pasadas las doce de la mañana, salen dos hombres. Uno camina con dificultad hacia el centro del Calvario, mientras el otro todavía se queda unos minutos fumando junto al portal, mientras echa una ojeada alrededor.
Poco después, hace acto de presencia un furgón de la Policía Nacional. Es la Unidad de Prevención y Reacción (UPR). El vehículo hace un barrido rápido por la calle y se marcha. La presencia policial, que tan demandada es por los vecinos, funciona como medida disuasoria. Pero las unidades están desbordadas, porque el problema de la venta de drogas en pisos se multiplica por la ciudad. El furgón no para en esta ocasión.
A finales de diciembre, la Policía desmantelaba dos narcopisos en la calle Numancia y en Travesía, después de las denuncias constantes de los vecinos por el trasiego de consumidores de drogas y los incidentes constantes.
Pese a los operativos policiales, la venta de sustancias regresa. Los ‘camellos’ utilizan pisos para eludir el cerco. Allí, los agentes no pueden entrar a menos que tengan indicios de que se está produciendo una actividad ilícita y, el consumo en el interior de los inmuebles, hace que quienes compran salgan sin mercancía.
A diferencia de otros ‘narcopisos’, el que mantiene en vilo a los vecinos del 39 de Numancia no está ocupado, por lo que la vía del desahucio está cerrada.
A escasos metros de allí, se asienta una guardería. Los padres comienzan a salir con los niños a la hora de comer y pasan por delante, es la única acera en ese tramo. La sensación es de inseguridad porque conocen lo que ocurre allí, relata una madre.
Al otro lado del Calvario, cruzando el paseo peatonal, en un recorrido hecho por algunos de los que visitaron la vivienda sospechosa ayer, en la calle Sagunto, cotinúa bajo candado la entrada de un edificio que fue desalojado recientemente. Había sido ocupado y transformado en un lugar de venta y consumo. Un cartel en la fachada reza: “Edificio registrado y desalojado por la Policía”. De momento, “hay tranquilidad”, comentan en la zona, algo por lo que luchan los vecinos de la calle Numancia.
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