La deuda de Vigo con el movimiento obrero
Episodios vigueses
En la medida que uno, por edad y memoria, va adquiriendo perspectivas sobre hechos relevantes de esta ciudad, acuden al recuerdo personajes sencillos, cotidianos, pero no olvidados de aquella irrepetible etapa histórica de los años finales del franquismo, protagonizada por el movimiento obrero, donde confluían con Comisiones Obreras y otras formaciones como USO, el sindicalismo católico con una discreta reaparición de UGT
En aquel tiempo, el primero de mayo tenía un verdadero sentido que trascendía a la lucha sindical y era un verdadero frente por la libertad. Pero cuando pasó a ser una fiesta autorizada, recuerdo que, entonces, en primera fila de las manifestaciones toleradas se colocaron, a codazos, personajes irrelevantes que nunca antes habían sido vistos antes tal día en la calle, o figurones de ocasión, dispuestos a salir en la foto. Los viejos luchadores que había dejado la piel en la lucha, quizá por vergüenza, en no pocos casos, se retiraron a un plano discreto.
Al evocar aquellos días, como hice en su momento en un libro conmemorativo, junto a protagonistas y relatores como yo de aquellos días, se atropellan las emociones y el recuerdo de aquellos viejos luchadores del movimiento obrero vigués ya no están, pero los recordamos a todos, desde Fernando Monleón a Moncho, "el de rebarbeo" o el obrero más elegante e imperturbable que he conocido, el amigo Santos, de Unión Cristalera, que acudía a los saltos y manifestaciones impecable, de americana y corbata, como si acudiera a una boda. Y todos los demás. Pero por fortuna quedan otros muchos para revivirlo y conmemorarlo.
Veo ante ahora a Angel, el “chupao” (porque era muy delgadito) dirigente obrero de Barreras, echando un discurso ante el ministro de Industria, Pérez de Bricio, en la propia factoría al borde de su desaparición y salvadas “in extremis” por el INI, que la adquirió por una peseta, y a Isidro Gómez Montes, de Citroën, que tuvo un relevante papel en el inicio del conflicto de 1972, cuando rompió por inservible su carné de enlace sindical, o al amigo Piñeiro, de los jubilados, que siempre decía “saudiña” y era un comunista de los de verdad, del partido de Enrique Líster, aparte de muy buena persona, y me acuerdo de Bibiano Morón, que antes de las manifestaciones se cambiaba en mi despacho de Radio Popular, donde guardaba unas zapatillas especiales para correr mejor delante de los grises. Sé que me olvidaré el nombre de muchos, pero su rostro y su gesta los tengo presentes. Desde los hermanos Manel y Eduardo Fernández a Waldino Varela; desde “Bichiño” (Manuel Rodríguez Varela), de Barreras; desde Carlos Barros a Olga Zurrón, desde Margarita Rodríguez a Salvador Pérez; desde Jaime Pereira a Serafin Seoage, todos ellos representaban en el sector naval, Alvarez, Unión Cristalera, Citroën, Censa, Vulcano, Ascon, la sanidad o la enseñanza a todos los sectores laborales. Recuerdo a Sangabriel, de Vulcano, a Lamigueiro, de Ascon; a Meiriña, a Juan Benavides, a Antonio Figueroa, de los portuarios, a Paco Lores Santacecilia o a Higinio Leirós, a Docampo, a Concha Gómez, a Carmen Segurana; a los abogados Elvira y Fernando Randulfe, defensores de Magistratura de los obreros represaliados; a Manolo Castro, a Domato, a Benito Santos, que era al tiempo que cura comprometido dirigente sindical…..¡Qué estupenda gente!
Sé que me olvidaré de citar a tantos y tantos de aquellos hombres y mujeres, algunos ya fallecidos, pero presentes en el recuerdo por lo que les debemos. Muchos de ellos sufrieron detenciones, torturas, procesos, prisión y pérdida de su empleo. Nunca fueron adecuadamente reparados sus sufrimientos como merecían; pero tampoco salieron de ellos palabras de rencor contra nadie.
Aparte de la lucha cotidiana por mejorar las condiciones de trabajo, y no sólo los salarios, la labor cotidiana de los dirigentes sindicales tenía su gran jubileo, viviendo Franco, en la entonces clandestina fiesta del primero de mayo que se preparaba en Vigo con minuciosidad. Los periodistas de confianza éramos citados en una taberna de la Travesía de Vigo que ya no existe. Había dos tipos de acciones previstas: el salto general en un punto elegido y cambiante, que solía ser Las Traviesas o la Iglesia de los Picos en el Calvario, y acciones de distracción en otros puntos de la ciudad. El 1º de mayo no era solamente una fiesta para las reivindicaciones de los trabajadores, era la fiesta de la lucha por la libertad, por la democracia. A Vigo, se desplaza una compañía de la Reserva General de la Policía Armada de Valladolid, la unidad afincada en La Coruña y otras fuerzas de reserva.
La historia de aquel movimiento está recogida en el libro “A forza da palabra. Lembranzas da loita sindical viguesa”, en el que tuve el honor de colaborar. Me incorporé a Radio Popular de Vigo y a la edición local de La Voz de Galicia el 4 de septiembre de 1972 y el día 8 se inició en Citroën el que sería uno de los más largos y con más graves secuelas para los trabajadores de la ciudad y me tocó narrar desde una unidad móvil la más feroz carga policial ante Balaídos que he visto en mi vida. Pero la huelga del 72, con Franco todavía vivo y el régimen en apogeo fue algo más que un conflicto laboral, fue el prenuncio de la lucha obrera por las libertades, que luego se volvería a repetir en 1976 y en el conflicto de Ascón en 1978.
En 1990 tuve el honor de intervenir en un acto conmemorativo de la huelga general de 1972, junto con los veteranos dirigentes de aquellos días. Desde aquella hoy ya lejana perspectiva, hay que destacar que aquellos obreros que sufrieron despidos, represión, torturas y cárcel merecen el recuerdo permanente de la ciudad de Vigo, porque fueron la vanguardia en la lucha por la libertad y la democracia.
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