Desmontar mitos sobre trabajadores con discapacidad
En Vigo y la provincia sólo el 18% de las personas con discapacidad están de alta en la Seguridad Social aunque cada vez son más las empresas que se suman
Samuel y Daniel ya planean su vida independiente desde que tienen trabajo; Paula trabaja a media jornada, lo que le permite cuidar de su hija; Constanza ha mejorado su salud desde que tiene empleo y Chema se ha reciclado para acceder a un nuevo puesto. Son las historias de personas trabajadoras que cada día tratan de desmontar mitos sobre la discapacidad, ya sea de nacimiento, ya sea adquirida. Porque cualquiera puede convertirse, de un día para otro, en una persona con discapacidad.
En Vigo y la provincia de Pontevedra sólo el 18% de las personas con discapacidad están de alta como trabajadores en la Seguridad Social. Cada vez son más las empresas que cuentan entre sus plantillas con estos trabajadores, gracias al trabajo de muchos colectivos y asociaciones que “pican piedra” para generar confianza en un colectivo, tan amplio como diverso.
Es el caso de Down Vigo, que cuenta con 75 personas con Síndrome de Down y diversidad intelectual trabajando en la empresa ordinaria, llegando a ser 77 entre los meses de mayo y septiembre. Los sectores principales son comercio, hostelería, industria y producción, logística y transporte, así como servicios auxiliares e instituciones públicas.
Para Nuria Buceta, responsable del área de Empleo, estos datos demuestran que "quien genera oportunidades laborales, crea entornos inclusivos".
La responsable del área de empleo en Down Vigo y su equipo levantan el teléfono cada día para buscar oportunidades laborales y, con ello, una vida autónoma e independiente. Su proyecto “Empleo con apoyo” es un éxito que avalan las cifras. Para ello siguen formaciones en habilidades necesarias para desarrollarse en el mercado laboral.
“Sobre todo es la metodología que utilizamos, que es el empleo con apoyo -explica-. Un preparador acompaña a cada chico o chica durante todo el proceso de inclusión laboral a su puesto de trabajo y, en función de lo que vayamos viendo, el preparador poquito a poco se va separando, aunque nunca del todo”, precisa.
Otra organización que es un puntal clave en el empleo de las personas con discapacidad es Cogami. Sandra Araujo es la coordinadora de la oficina de Vigo y maneja en su base de datos unas 3.000 personas que en algún momento pasaron por el servicio de intermediación laboral.
Cogami es colaborador del servicio de empleo, así que muchas personas que les llegan están derivadas de la oficina de empleo, también por el boca a boca o trabajadoras sociales. Una vez analizada su situación buscan encajar oferta y demanda. “A veces la persona ya está en situación de incorporarse al mercado laboral, entonces simplemente es hacer una búsqueda de ofertas. En la mayoría de situaciones, la persona todavía no está en situación de abrirse al mercado, bien porque tiene unas aptitudes prelaborales que todavía hay que trabajar o porque su salud no lo permite. Ahí es cuando seguimos con el trabajo con la persona, formando, acudiendo a talleres de competencias y muchas habilidades digitales”, explica Sandra Araujo.
Además de la orientación laboral, la otra parte del trabajo es la prospección empresarial, conservando las relaciones con las empresas que muestran una sensibilidad a la contratación de personas con discapacidad y, por otro lado, abriendo mercado y “desmitificando muchas creencias que todavía existen en cuanto a la contratación de personas con discapacidad”. Sobre todo “miedos al absentismo laboral. Muchas veces se sigue pensando que contratar a una persona con discapacidad conlleva que se va a ausentar del puesto muchas veces. También la creencia generalizada de que cualquier persona con discapacidad no va a poder hacer nunca la misma tarea que una persona sin discapacidad”. Al final, cada vez son más las empresas que contactan con Cogami.
En general, las personas que se acercan a Cogami llegan en una situación anímica complicada. “Les acaban de comunicar que tienen esa discapacidad o les acaban de dar una incapacidad. La vida de esa persona o su planificación se rompe. Tiene que pasar por un proceso de readaptación. Todo eso hay que trabajarlo para que la persona asuma su nueva situación".
Samuel: “Estoy encantado con mi trabajo y ya me veo viviendo solo”
Samuel Molanes tiene 32 años, es de Cangas y trabaja en Taco Bell en Vialia. Este joven con Síndrome de Down está “encantado” con su trabajo, en el que empezó en 2021. “Trabajo de miércoles a domingo de una a cuatro y media, tengo las tardes libres y descanso lunes y martes”, explica. Su trabajo consiste en que todo esté limpio y recogido. “Lo importante son los baños, la sala y estar atento a las basuras. Mis compañeros son encantadores y yo encantado”, afirma.
Está en un programa de Down Vigo de vida independiente, en el que van asumiendo tareas en una casa con apoyo. “Los lunes hago vida independiente y hago las tareas de hogar, lo que haya que hacer en casa", señala, y ya se ve “viviendo solo” con sus amigos, aunque cree que sus padres le extrañarán: “La vida sigue”, dice.
David quiere casarse
David da Silva tiene 23 años y es de Marín. Trabaja en la recepción de Down Vigo como conserje. “Empecé en noviembre y tengo contrato indefinido”, explica con orgullo. “Me encanta el trabajo. Llega mucha gente y tengo que atenderlos a todos. Me gusta trabajar aquí porque el trabajo que hago me encanta", subraya.
Lo que quiere para el futuro lo tiene muy claro, casarse con su novia y mudarse a Vigo, “porque trabajo aquí, tengo aquí a mis amigos y a mi novia. Estoy en ello”. Está pensando incluso en buscar otro trabajo para las tardes en el mundo del deporte. "Yo hago gimnasia acrobática, crossfit y me gusta el monte, la caza. Me saqué la licencia de caza y aprobé a la primera, porque mi primo tiene muchos animales, caballos, perros, todo”, explica.
Constanza: “Es pasar a que te digan, tú existes”
Constanza Becerra tiene 62 años y trabaja en la empresa Combina Social. “La conocí a través de Cogami. Dentro de todas mis calamidades soy muy afortunada de contar con ellos”.
Llegó hace varias décadas de Colombia, con sus hijos pequeños. Allí trabajaba en un banco, pero a su llegada a España hizo de todo, trabajó en la construcción, cuidando ancianos, cuidando niños o empleada de hogar, pero enfermó y su colitis ulcerosa se complicó con fibromialgia. Así llegó a Cogami. “Ha sido un apoyo tanto emocional como formativo y estructural”, explica. Trabaja como auxiliar en las oficinas municipales de distrito. Casi se emociona al hablar de jefes y compañeros. “Para mí ha sido muy difícil encajar. Hay mucha gente con racismo y te preguntan, pero, ¿tú quién eres? ¿Tú de dónde vienes? ¿Tienes alguna incapacidad? Porque no se te ve, no se te nota. La gente piensa que tienes que tener un ojo fuera, una mano cortada o medio cuerpo no funcional para sufrir alguna invalidez”, señala.
Ahora espera “seguir con la empresa el tiempo que haga falta y me esfuerzo cada día por hacerlo mejor, porque tener una empresa que te ayude y que te contrate es un punto de luz muy, muy, muy grande”, añade.
Es muy gráfica al señalar que “tú no te imaginas lo que es poner a una persona en el mapa, estar totalmente desaparecida del mundo y que alguien te diga, tú existes, tú estás aquí. Eso no tengo yo con qué pagarlo”. Para Constanza ha sido devolverle “la ilusión de levantarme, de maquillarme, de perfumarme, de ducharme. Yo creo que hasta la salud me ha mejorado muchísimo con esto”, concluye.
Chema: “Tienes que aprender a vivir de otra manera”
José María (Chema) Alonso tiene 49 años y trabaja en Combina Social gestionando los servicios que presta la empresa. Así que viaja por toda Galicia. Tiene un severo problema de espalda que derivó en la discapacidad. “Tenía 32 años y me dicen que no puedo trabajar en lo que venía trabajando habitualmente, que llevaba 12 años, pero no te dicen de qué puedes trabajar. De pronto se cerraron todas las puertas de lo que conocía. Tuve que reciclarme, formarme en otros ámbitos”.
Llegó a Cogami a través de un compañero que había tenido un accidente de tráfico, al preguntarle cómo había hecho ese camino. “Cuando no tenemos una discapacidad no somos conscientes de lo que hay y tampoco hay información. Una vez que te pasa y empiezas a conocer”, relata.
“Para esto no estás preparado. Nunca piensas que te va a tocar”, explica. “Tienes que vivir de otra manera y puedes hacerlo dignamente”.
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