Más de dos décadas de pico y pala contra la explotación sexual

La abogada Ana García Costas recibirá el premio de Igualdade “Ernestina Otero”, que comparte con sus compañeras de la asociación Faraxa, y alerta del riesgo de normalizar la prostitución

Ana García Costas, (segunda por la derecha) con parte de su equipo de Faraxa.
Ana García Costas, (segunda por la derecha) con parte de su equipo de Faraxa. | J.V. Landín

Corredora de fondo, su trabajo ha sido de pico y pala durante más de dos décadas para luchar por la dignidad de las mujeres, acabar con su explotación sexual desde los juzgados y, en suma, poder eliminar algún día la prostitución. La abogada Ana García Costas recibirá el próximo día 20 de marzo el premio de Igualdade “Ernestina Otero” que otorga el Consello Municipal da Muller. Ella lo comparte con sus compañeras de la asociación abolicionista Faraxa, desde donde trabajan para ayudar a las mujeres prostituidas, desde un ámbito social, psicológico, de formación, asistencial y jurídico.

La letrada reconoce que aunque ha habido grandes cambios en este tiempo, no solo legislativos sino a la hora de trabajar de forma coordinada entre las ONG, administraciones, fuerzas de Seguridad y la Fiscalía contra las redes de trata y explotación sexual, la prostitución está lejos de desaparecer. “En lugar de intentar eliminarla la estamos normalizando y generalizando porque se presenta de forma encubierta en otro tipo de negocios que al final derivan en poner precio al cuerpo de la mujer”, afirma en alusión a aplicaciones como Onlyfans y a la expansión de los “proxenetas virtuales”.

En este sentido, la psicóloga de Faraxa, Liliana Freijero Rial, explica que “existen coach que contactan con las mujeres y les ofrecen posicionamiento en internet, les buscan clientes y alojamiento utilizando para ello viviendas turísticas”.

Cuando ambas comenzaron en este ámbito, entonces con la asociación Alecrín, el perfil de las usuarias era diferente. “La prostitución siempre estuvo ligado a la pobreza y la vulnerabilidad. En aquella época, en Vigo, eran mayoritariamente ciudadanas portuguesas que venían a ejercer en la calle, ahora los proxenetas captan a sus víctimas en países de Sudamérica, mujeres sin recursos que se convierten en el sustento de toda una familia (hijos, padres…)”, afirma Ana.

Lilina recuerda cómo entonces “nos llamaban locas cuando íbamos a las manifestaciones con las pancartas pidiendo la abolición. Lo pasamos muy mal y ahora Vigo se ha declarado abolicionista”.

El premio de Igualdade supone “dar visibilidad” a un trabajo discreto pero que ha ido ganando batallas. “Nosotras trabajamos en silencio, somo más intervencionistas”, afirma Liliana.

Y siguen peleando, porque “aunque se ha avanzado en la protección de estas mujeres bajo el paraguas de la violencia de género, no nos simplifican el trabajo y esos avances se quedan muchas veces en teóricos más que en prácticos”, recalca la abogada quien destaca la importancia que ha tenido la conocida como “ley del solo sí es sí”, que por primera vez incluye los informes de indicios por explotación sexual que realizan ONG acreditadas.

El cambio en la lucha judicial para acabar con el enriquecimiento ilícito mediante el aprovechamiento sexual de la mujer se produjo entre 2000 y 2005, con la prostitución derivada de la trata y que dio origen a la conocida como ‘Operación Carioca’ con víctimas de nacionalidad brasileña. “Antes a todas las mujeres que se traían para ejercer la prostitución se les pagaba el viaje lo que derivó en condenas por trata. Ahora, los proxenetas evitan hacerlo para eludir la condena y lo que les dicen es que pidan un préstamo y luego al llegar a Europa se lo reintegran, pero la deuda nunca se salda”.

En Faraxa, donde atienden a diario a entre diez y doce mujeres, no son ajenas al retroceso de las ideas de ultraderecha y el daño en cuanto a la pérdida de avances. “Es un asunto que nos preocupa, por supuesto”, coinciden ambas, quienes hacen hincapié en que “muchas de ellas acaban destrozadas física y psicológicamente” aludiendo a la conexión existente entre las drogas y la prostitución. Sin embargo, los pasos logrados han permitido a muchas de ellas comenzar una nueva vida, a pesar de las dificultades que eso conlleva y que en ocasiones hace que para muchas haya un punto de no retorno.

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