Algunas curiosidades y omisiones sobre la Reconquista de Vigo

Episodios vigueses

Vigo es con Pontevedra, por otro lado, posiblemente la única ciudad del mundo que recuerda entre sus héroes a un traidor

Uniformes de la milicia urbana de Vigo.
Uniformes de la milicia urbana de Vigo.

Es evidente que la Fiesta de la Reconquista es el acontecimiento más multitudinario y celebrado que tiene lugar cada año en Vigo. Mis nietos se atavían como vestían los paisanos y las mozas de aquel tiempo y participan entusiasmados en la ocasión. No es menos cierto que esa popular fiesta y su significado está necesaria desde hace tiempo de algunas puntualizaciones necesarias en cuanto a su propio significado, a su relato y a los personajes que aparecen o se omiten en el mismo. Durante años, en la concatedral de Vigo se exponían y honraban las banderas de las “Alarmas del Fragoso” como vestigio de aquella gesta de 1809, verdadero prodigio porque ambas enseñas fueran tejidas en 1810. Y en la calle Carral, en una famosa peluquería, un barbero que se decía ser descendiente del mismo Carolo mostraba una pequeña macheta de cocina, que decía ser la original con que los citados héroes derribaron la puerta de la Gamboa.

Vigo es con Pontevedra, por otro lado, posiblemente la única ciudad del mundo que recuerda entre sus héroes a un traidor, Morillo, quien en 1823 volvió por aquí para abolir la Constitución de 1812 y reponer al rey felón, que, al tiempo que otorgaba a esta ciudad lo de “Fiel, leal y Valerosa” escribía una carta a Napoleón, y hablamos de 1810, declarándose leal súbdito del emperador al tiempo que le pedía como esposa a una princesa de la estirpe imperial. La viscosa carta se recoge en la obra del Conde de Torreno “Historia de la Independencia”.

El personaje de mayor relieve dramático de esta historia sigue siendo el cura de Valladares Juan Rosendo Arias Enríquez y otros dos monjes franciscanos. No se olvide que las proclamas del cura de Valladares y Troncoso, reclutaron a su gente bajo la inmediata amenaza de fusilar a todos aquellos que no se aprestasen a la lucha voluntaria. Y el objetivo era devolver el trono al rey absoluto, no otra cosa. Porque lo que les preocupaba era en realidad que de algún morrión de un soldado francés se desprendiera una idea de la Revolución francesa. Cuando volvieron los franceses en 1823 aquí no se movió nadie. Pero esta vez volvían para reponer el trono y el altar del antiguo régimen. Y a los patriotas que se sublevaron los fusilaron en Redondela, donde esta vez Vigo se rinde. Por eso, para muchos, esta fiesta tiene un amargor reaccionario, tanto así que, como réplica a esta fiesta, se celebraba una “cena de afrancesados”, en la que participan políticos como Jorge Parada, intelectuales, periodistas y profesores universitarios.

Y otro aspecto notable de la historia oficial se refiere a la omisión de la presencia de personajes relevantes de la misma. En la página 493 del libro “La maldita guerra de España. Historia social de la Guerra de la Independencia”, monumental obra del reputadísimo historiados británico Ronald Fraser, un calificado hispanista, se puede leer: “La noche del 27 de marzo, con Cachamuiña y dos frailes franciscanos a la cabeza, los partisanos volvieron a atacar la ciudad. Una hora después, los franceses se rendían. Al día siguiente, más de ochocientos soldados imperiales, conducidos por el comandante Chalot, se rindieron formalmente al capitán Coutts Crawford, de la fragata Venús, quien los hizo prisioneros”.

Siempre resultó sospechoso que los ingleses se hubieran limitado a actuar de mero transporte de prisioneros. Confirma Fraser que los franceses exigían rendirse a un soldado profesional, no a un jefe guerrillero. Y así fue según las propias fuentes francesas; pero no a Morillo, sino Crawford. La versión oficial, contenida en el opúsculo “Los héroes de la Reconquista de Vigo”, publicada en 1891, señala que Chalot se rindió a Cachamuiña (ambos firmaron el acta, dice, lo que reduce el papel de Morillo en este asunto), y atribuye el comandante inglés el papel de mero testigo. A Cachamuiña no lo trataron como merecía. En 1811 pidió la jubilación como inválido de guerra, siéndole concedida una pensión mensual de 1.800 reales, si bien no comenzó a cobrar hasta 17 años después, luego de muchas instancias de protesta.

Hace años, acudí al pueblo de Cachamuíña, en Ourense. Me acerqué a un paisano que fumaba al sol, sentado en un saliente de su casa: -“Bos días –le dije- ¿Sabe vostede quen era Cachamuiña?“ “E logo, non vou saber –comentó extrañado, mientras me miraba con asombro-: era un veciño noso que vivía xunto a casa do Manolo, por ese camiño dereitiño” Con tanta seguridad se expresaba nuestro paisano, que tal parece que conociera al heroico patriota personalmente, y le pregunté ¿E sabe o señor o que fixo? -¡¿Cómo non vou saber?!: “Estaba Vigo en mans dos gabachos e Cachamuiña chegou ás portas da vila, fendeunas cunha machada e lles dixo aos franceses “Saíde todos e de un en un ou hai hostias”. Nadie lo contó mejor.

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