Cuando quisieron incluir a Vigo en la Red de “Ciudades Napoleónicas”
EPISODIOS VIGUESES
Entre las diversas ocurrencias que han circulado en determinados cenáculos de la ciudad, hubo un tiempo que se planteó la idea de incluir a Vigo en la red de “Ciudades Napoleónicas”. Se decía que sería un atractivo más para que fuera visitada por el turismo especializado, una vez señalizados adecuadamente los lugares donde estuvieron los franceses y que a los visitantes se les podría montar una escenificación de la “Reconquista” el 28 de marzo, como espectáculo.
Como recurso turístico existe una denominada Red Ibérica de Ciudades Napoleónicas (RIN) parte de Torres Vedras (Portugal), pasa Almeida (Portugal), y ya en España por Fuentes de Oñoro y Ciudad Rodrigo, se bifurca hacia Móstoles, Aranjuez, Uclés, y por el norte hacia Astorga y confluyen en Vitoria, lugar de una histórica batalle. En realidad, es una ideaque los operadores manejan con más imaginación que rigor. Cádiz fue otra de las ciudades que pretendía sumarse. No hay noticia de que Zaragoza o Bailén se hayan sumado, pues no parece encajar mucho con el recuerdo del francés. No parece que Vigo encajara mucho en esa red.
Existe una Federación Europea de ciudades napoleónicas (Fédération Européenne des Cités Napoléoniennes) vinculadas a la época napoleónica, considerada por extensión en el período histórico entre 1769 y 1870. Nació en 2004 en los municipios franceses de La Roche-sur - Yon y Ajaccio con motivo del bicentenario de la fundación de la ciudad y la coronación de Napoleón. Se han sumado algunas ciudades famosas porque en sus cercanías se celebraron célebres batallas de aquel periodo, como Jena o Waterloo.
Dada la propia historia de la Reconquista y el carácter de la celebración sería una curiosa paradoja que Vigo se uniera al recuerdo del invasor. Pero hay más. Incluso hace años yo di una conferencia en la Asociación Casco Vello, sugiriendo algunas revisiones del modo en que se conmemora aquí la Reconquista. Por ejemplo, Vigo recuerda como un héroe al traidor Morillo, quien volvió contra la nación las armas que las Cortes le habían proporcionado para defender la Constitución y, por cierto, privó Vigo de la condición de capital de provincia de que había disfrutado durante el “Trienio Liberal”. Este abyecto personaje derrotó en 1923, a los patriotas enrolados ahora bajo las banderas de la Honrada Milicia Nacional y el paisanaje liberal. El 4 de agosto de 1823, entró en Vigo. La rendición de la ciudad la recibió en Redondela, donde fueron fusilados los vigueses que se le opusieron. Después de dos semanas de estancia en Vigo, Morillo avanzó sobre A Coruña, ciudad en la que entra el día 21.
Pese a todo esto, el chauvinismo local prefiere seguir honrando una sarta de adulteraciones o inexactitudes, como las famosas banderas de las Alarmas del Fragoso, que difícilmente pudieron estar en la gloriosa jornada del 28 de marzo de 1809 por la sencilla razón de que fueron tejidas en 1810. Se exhibían en la concatedral hasta que por decoro fueron retiradas.
Lo de la llamada “Reconquista” del 28 de marzo de 1809 se ha magnificado un tanto exageradamente. Cada año, en esta fecha, en los años cincuenta y siguientes, los “Hijos de Vigo”, una asociación que era como una especie de comisionado urbano, pedían cuentas a los ediles sobre su gestión municipal. Era una suerte de consejo supremo, orlado de floridos discursos. Eran y consideraban los legítimos descendientes de esta villa de aluvión, de reducido territorio, crecido a costa del de Lavadores o Bouzas. A partir de los ochenta, este aspecto de la fiesta decayó hasta extinguirse.
La historia oficial de la Reconquista olvida, por ejemplo, a personajes esenciales. El historiador Ronald Fraser, en su libri “La maldita guerra de España”, sobre aquel periodo, desde una perspectiva rigurosa, introduce en la escena un personaje nuevo, cuyo papel emerge sobre el que siempre atribuimos a Cachamuiña, Pablo Morillo, el teniente Almeida, los abades de Couto y Valladares, el alcalde Vázquez Varela o el marinero Carolo. Fraser aclara es que los franceses fueron hechos prisioneros por el capitán Coutts Crawford de la fragata británica Venus; es decir, a una de las dos enviadas para ayudar a los sitiadores y, de paso, recoger cautivos a Chalot y sus soldados.
El personaje de mayor relieve dramático de esta historia sigue siendo el cura de Valladares Juan Rosendo Arias Enríquez y otros dos monjes franciscanos. No se olvide que las proclamas del cura de Valladares y Troncoso, el hombre del marqués de la Romana, reclutaron a su gente bajo la inmediata amenaza de fusilar a todos aquellos que no se aprestasen a la lucha voluntaria. Y el objetivo era devolver el trono al rey absoluto, no otra cosa. Cuando volvieron los franceses en 1823 aquí no se movió nadie. Y eran los mismos, pero esta vez volvían para reponer el trono y el altar del antiguo régimen. Vigo, con el rey José fue capital de provincia e inició un proceso de modernización que fue cortado en seco cuando regresa el rey felón; un rey que, por cierto, felicitaba a Napoleón por sus victorias sobre los españoles que trataban de devolverle el trono, y que mientras los franceses abandonaban Vigo, él se declaraba hijo de Napoleón y le pedía una princesa de la Casa Imperial por esposa.
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