25 años de la muerte de Laxeiro: cinco de sus cuadros insignes

Es uno de los autores más prolíferos de la pintura gallega y en Vigo encuentra una buena representación entre colecciones privadas y públicas; cinco conocedores de su obra destacaron uno de sus cuadros para Atlántico

Publicado: 18 jul 2021 - 03:03 Actualizado: 19 jul 2021 - 03:12
Montenegro, con “Entroido” (1946)
Montenegro, con “Entroido” (1946)

Fabulador, generoso, genio. Son muchos los adjetivos con los que lo conocieron definen a Laxeiro. Este miércoles, 21 de julio, se cumplen 25 años de su fallecimiento y tanto la Real Academia de Belas Artes como el Concello calificaron 2022 como Año Laxeiro, desde la Fundación Laxeiro se inaugurará el próximo viernes la instalación sonora “Recordoleterlorintorel” y el alcalde Abel Caballero anunció ese mismo día una muestra retrospectiva en el Marco. En homenaje al artista tan vinculado a la ciudad, cinco conocedores de su obra escogieron a petición de Atlántico obras significativas de su trayectoria, aunque en algún caso resulta complicada la elección, ya que muchas tienen una historia detrás.

Víctor R. Montenegro tuvo una relación muy cercana con el artista, “siempre se portó de maravilla conmigo, pasaba por la galería un par de vez al mes”. Fue el responsable del levantado, el traslado y la posterior recuperación de los murales realizados en el interior de la galería Velázquez de Buenos Aires ("Villancico" y “Huida a Egipto”, de 1962) y que Laxeiro consideraba su mejor obra. “Comenzamos en 1990 y no finalizamos hasta cinco años después, en colaboración con Jaime Trigo, de Pontevedra; fue un mal negocio, en la acción más bonita en recuperación de arte en la que participé”. Recuerda cómo se emocionó el artista, un año antes de morir, cuando vio el resultado: “Al volver del taller quiso parar en el Alto de la Encarnación para ver la ensenada de San Simón, allí me dijo que habían quedado muy bonitos”. El deseo de Laxeiro era que se vendiesen a una institución. “Solo pudimos cumplir a medias porque el proyecto se nos fue de presupuesto, uno lo tiene el Museo de Pontevedra y otro lo compró un particular”.

Montenegro, como marchante de arte, quiere poner en valor la labor realizada desde la Fundación Laxeiro en la catalogación y la certificación de su producción: “Si el mercado está tranquilo, funciona; Laxeiro tiene mucha obra, yo recomiendo que no se compre nada sin el certificado de la Fundación”.

“Es una obra con una gran calidad museística”

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A la hora de elegir una obra, Víctor Montenegro no lo tiene fácil. “Escogí ‘Entroido’ de 1946 porque acabo de adquirirla y estuve detrás de ella desde 1992, es una de las pocas piezas de calidad museística de Laxeiro que sigue en venta, está incluida en el catálogo razonado”. Montenegro tiene otra pieza especial. “En la familia hay un retrato de dos niñas, la primera que le compró mi abuelo en 1943, tiene un valor especial”.

“Es muy fiel a Laxeiro, innova y es reconocible”

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Buján destaca uno de los 23 autorretratos, el de 1952: “Ilustra muy bien el cambio que sufre a su llegada a Buenos Aires, del granítico a la abstracción; es una pintura de gesto, poco analítica, pero también utiliza características de la época anterior como la espátula; es muy fiel a la personalidad de Laxeiro y a su obra, siempre vinculada al momento en que vivía; innova, pero al mismo tiempo es reconocible”.

“En Chocallada recoge el testigo de Cervantes o Castelao”

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La colección de Arte de Afundación tiene 61 piezas de Laxeiro, Alba Marinha Souto, del Área de Cultura, escogió “Chocallada” de 1950. Aclara que si bien se suele confundir con las de Entroido, en estas pinturas “censuraba la práctica social que no se regían por el canon establecido, como matrimonios no apropiados por la diferencia de edad; recoge el testigo de estas prácticas ancestral a través de figuras como Cervantes, Pardo Bazán, Valle Inclán o Castelao”.

“Me fascinó a primera vista, rotunda, granítica, misteriosa”

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José Ballesta, director del Museo de Castrelos reconoce que de Laxeiro le interesa toda su obra, deste “Trasmundo” hasta el expresionismo de los 50 y 60. Pero si tuviera que escoger “me quedaría con la que me fascinó a primera vista, una pequeña maternidad de comienzos de los 40 propiedad de Francisco Fernández del Riego, que puede verse en su museo; es muy Laxeiro, rotunda, granítica, envuelta en misterio, en ese tenebrismo tan del momento, y también con un punto de ternura que emociona y traspasa”.

“Pide una exposición que se fije en los momentos de choque”

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Para Miguel Fernández-Cid, director del Marco, su obra pide un a revisión, “una exposición en que se fijase en momentos de choque, en el que la gente casi eche en falta al Laxeiro reconocible; hay una deuda pendiente con él”. Coincide con el director de la Fundación Laxeiro, Buján, al escoger el autorretrato de 1952, “se debate con un lenguaje e intereses distintos a aquellos por los que ganó reconocimiento”. Para una colección elegiría una obra con varios personajes “por su forma de situarlos en el espacio”.

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