Crónica negra de Vigo: los asesinos sin rostro del mes de abril
Ocho muertes violentas de las dos últimas décadas ocurrieron en la misma época del año, cinco de ellas, aún sin respuestas
El mes de abril concentra una buena parte de la crónica negra de Vigo de los últimos veinte años y, curiosamente, un alto porcentaje de crímenes cuyo autor sigue siendo desconocido. De las ocho muertes violentas con mayor impacto registradas entre los días 1 y 30 de un mes de abril, más de la mitad no se ha podido esclarecer.
Un 17 de abril de 2000, un macabro hallazgo sorprendía a unos pescadores junto al puente de Rande. Era un tronco humano. Sin cabeza, ni extremidades, llevaba varios días en el agua cuando fue encontrado. La investigación pudo identificar a la víctima. Un vigués de 22 años, Jesús Enrique Fernández Romeo. Había sido asesinado en Porriño, asfixiado con una toalla en la garganta. Su cuerpo fue descuartizado con una sierra eléctrica tras intentar quemarlo y, las partes, introducidas en bolsas de plástico que fueron arrojadas al Lagares. El tórax acabó por la corriente en la Ría. Fueron tres personas juzgadas, dos hombres que quedaron libres por falta de pruebas y la novia, quien admitió haber contratado a un amigo para que le diera una paliza porque era violento con ella pero sin intención de matar. Los autores materiales siguen siendo desconocidos.
El 13 de abril de 2001, el joven ourensano José Antonio Alvarado perdía la vida acuchillado a las puertas de la discoteca Emporio, cuando pretendía entrar para celebrar sus 25 años con los amigos. Hubo una discusión con el portero que les denegaba el acceso por llevar deportivas. Después, cuando se marchaban, este último se acercó a la víctima y le clavó el cuchillo en el corazón, sin tiempo de reacción ni defensa. El autor fue condenado a 17 años de cárcel.
El 30 de abril de 2002, Déborah Fernández, una viguesa de 22 años que vivía en Alcabre, salió a caminar por Samil y nunca más regresó. Su cadáver apareció días después en una cuneta en O Rosal, a más de cuarenta kilómetros de donde fue vista por última vez. Estaba desnuda. Su asesino, después del crimen, desvistió el cadáver, lo lavó y lo trasladó a un punto entre la carretera de Vigo y A Guarda, a la altura de la parroquia de Portocelo, donde fue encontrado por una vecina. El análisis forense confirmó que había muerto días antes, pero su cadáver había permanecido en un lugar frío hasta ser depositado junto a la carretera. Pese a la reapertura de la causa en 2019 y que se llegó a citar como investigado al exnovio, en junio del año pasado, el juzgado dictó de nuevo su archivo en un proceso que destapó una investigación plagada de negligencias.
El 2 de abril de 2004 el exempleado de banca, Manuel Salgado, fue abatido en un el interior de un garaje de Rosalía de Castro. Un tiro certero en la nuca acabó con su vida. La investigación judicial, que llegó a reabrirse en 2021 pero se cerró de nuevo sin culpables, abría una nueva hipótesis respecto al crimen por encargo. La Policía, sin descartar la autoría de un sicario contratado, introducía la posibilidad de que la víctima conociera a su pistolero y que, tras toparse con él, intentara volver a su vehículo para evitar enfrentamientos, momento en el que fue tiroteado. Pese a los indicios, no ha sido posible hasta la fecha llevar a nadie a juicio.
El 1 de abril de 2008, la viguesa Ana María Fernández Barreiro se desvanecía durante un viaje a Cádiz. Regresaba a casa con su marido y su hijo tras una estancia en la ciudad para visitar a sus padres en el hospital, pero nunca llegó. El marido aseguró que durante el trayecto tuvieron una discusión, paró el coche en la A-52 y entonces ella salió corriendo. Con su hijo en el vehículo, y al no poder encontrarla, decidió emprender rumbo. El paradero de Ana María sigue siendo un misterio 17 años después. La Guardia Civil realizó varias batidas en los alrededores de la autovía, entre Cans y Ponteareas, la última unos años después, pero sin éxito.
El 2 de abril de 2021, familiares de José Luis, de 55 años, encontraban su cadáver en el interior de la vivienda. Tras días sin tener noticias, decidieron acudir a la casa, en Sanguiñeda, Mos. La puerta estaba cerrada con llave, así que accedieron por una ventana. En el suelo de la cocina, yacía sin vida. Había recibido un fuerte golpe en la cabeza. La Guardia Civil sigue con la investigación para poder encontrar al responsable.
El 3 de abril de 2024, María del Carmen, una vecina de 71 años, moría a manos de su hermano, un hombre con problemas psiquiátricos y tutelado por la Funga. La víctima fue acuchillada en la vivienda de su hermano en Lavadores, del que se encargaba. Fue uno de los crímenes más trágicos en la ciudad, que puso sobre la mesa la desatención de las personas que sufren alguna enfermedad mental.
El 6 de abril de 2024, Francisco Javier, de 57 años, acudía a la vivienda de su presunto asesino, en la rúa Abaixo, en Coia, muy cerca del Rocío. Allí, recibía dos disparos de escopeta, uno le dio de lleno, causándole la muerte, el otro, impactaba en un vehículo. Vecinos y personal sanitario intentaron reanimarlo sin éxito. El acusado, para el que la Fiscalía solicita 22 años de cárcel, reconoció haber sido el autor del disparo aunque, en su declaración en Instrucción, alegó legítima defensa, afirmando que la víctima había acudido con un hacha, que no fue encontrado por la Policía.
El juicio está pendiente de celebrarse, pero el acusado se encuentra desde su detención, horas después de los hechos, en prisión provisional. Él mismo reconoció que tenían desavenencias por un tema de trapicheo de drogas.
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