Cristina García: “Hacían porras a ver cuánto aguantaba, pero me dije que no me iban a tumbar”
“Me quedo con la experiencia y con la convivencia. Aprendí muchísimo de mis compañeros”, apunta la representante viguesa en el reality “Salvaxe” de la TVG
Coaching interpersonal, Cristina García, con 50 años, dejó por un mes su vida y a su familia para representar a Vigo en el reality de superviviencia de la TVG “Salvaxe”, que se emite los lunes. Le gusta pasear y le relaja ir de compras, aunque en su juventud jugó al tenis, reconoce que lleva años sin estar en forma. Con todo fue seleccionada para participar. “Nadie daba un duro por mí”, afirma en declaraciones a Atlántico.
¿Cómo surgió esta oportunidad?
Llevo poco tiempo en el mundo del audiovisual. Comencé por casualidad, porque mi hija quiere ser actriz y la acompañé a algunos castings. Así empecé a rodar como figurante y figurante especial, incluso participé en tres musicales de Aboal en el Mar de Vigo. Me animaron a presentarme al programa y envié el vídeo, luego fui pasando pruebas, el test psicológico y el reconocimiento médico. Entonces me dijeron ‘estás dentro’. Casi muero.
¿Cómo se sintió?
Todos los del equipo estaban haciendo porras a ver cuánto aguantaba. Era la mayor, a excepción de uno, todos tienen entre 20 y 30 años, son medallistas, entrenadores personales o triatletas. Pero en el momento en que me vi allí, sentí el orgullo de representar a Vigo, era la única de las Rías Baixas. Me dije a mí misma que no me iban a tumbar. Tuvo mucha importancia la parte espiritual y el control mental, hay que estudiar al contrario. A mí se me da bien, decían que era una visionaria.
¿Qué fue lo peor?
Fue complicadísimo estar allí sin comida, solo manteniéndonos con lo que nos daba la naturaleza y lo único que había eran castañas. Fumo mucho y no había tabaco, tampoco había duchas, pasé siete días sin ducharme, ni cepillo de dientes, los lavábamos con las pinochas. Convivía con nueve personas en estas condiciones, con el olor a sudor y pies. Y cuando nos tocaba la tienda, nos llovía dentro. Acampamos junto al río y había mucha humedad.
En los capítulos que ya salieron parece que llueve todo el día. ¿Coincidió así?
Llovía mucho. Cuando se grabó la prueba de la playa de Doniños estábamos en alerta naranja y la hicimos igual. Iba un frío tremendo en la playa. La mayoría del rodaje fue en el entorno de Ferrol.
¿Eso fue lo más duro?
Fue la primera vez que estuve tanto tiempo sin hablar con mi hija y mi marido, fue un mes. El día que entramos nos quitaron los móviles y las joyas. Quedamos aislados del mundo. Ellos también lo pasaron mal.
¿Y qué fue lo mejor?
Me quedo con la experiencia y con la convivencia. Estábamos juntos 24 horas, siete días a la semana. Aprendí un montón de mis compañeros. Aprendí que lo que realmente importa, cuando no se tiene nada, era el amor. O se ama a los demás o no se resiste.
¿Cambió la imagen que tenía de sí misma?
Me veo más fuerte de lo que pensaba. Soy capaz de unir a la gente. Me valoré más, no por mis condiciones físicas, sino por mi forma de ser. Mis compañeros me decían que por eso estaba allí, que me necesitaban.
¿Volvería a concursar?
Necesitó descasar, fue muy duro y las segundas partes nunca fueron buenas. Me sentí muy querida y apoyada por todo el equipo. No sabía que se me apreciaba tanto.
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