‘Cosía de noche, mientras mis hijos dormían. Era la manera de conciliar’

Concha Prado, costurera: “Me encanta esta profesión, me gustaría que no se perdieran los oficios"

Conchi con Cristina, su empleada, y la que fue su maestra, Angustias, en su tienda en Camelias.
Conchi con Cristina, su empleada, y la que fue su maestra, Angustias, en su tienda en Camelias. | J.V. Landín

Conchi empezó a coser siendo una niña. Tenía 14 años y pasó aquel verano aprendiendo a bordar, a hacer patrones, cogía los bajos, ponía botones. Se formó y empezó a dedicarse de manera profesional haciendo arreglos a medida en su domicilio, mientras criaba a sus hijos. “Cosía de noche cuando los niños dormían”. “Era la manera de conciliar”.

No hay miembro de su familia que no tenga una prenda confeccionada por ella. La más especial, el vestido que lució su abuela materna el día de su boda. “Me casé con 18 años y muchas de mis invitadas llevan la ropa que yo les hice a medida, familia y amigas, incluso el vestido que me puse yo misma el día siguiente”. También fue la modista de su padre, que le compró su primera máquina. “Estaba muy orgulloso de mí”. “Me encanta esta profesión y me gustaría muchísimo que no se perdiera, como ningún otro oficio”. “Espero que haya relevo y que cuando me jubile, esto continúe”, cuenta sobre Cristina, su empleada.

Conchi tiene su negocio en Vigo, en el Centro Comercial Camelias. Se llama AYC Arreglos, con su inicial y la de Angustias, su ex socia, amiga y maestra, ya jubilada. “Ella me lo enseñó todo”. “Tengo una clientela muy fiel desde hace muchos años. Gente de mi parroquia, Chandebrito, y de muchas zonas de Vigo y alrededores”. “Aquí se me pasan las horas volando, tengo muchísimo trabajo”, cuenta mostrando la pila de prendas que almacena en el local para subir bajos, arreglar mangas, estrechar vestidos o bordar sábanas.

Anima a las nuevas generaciones a interesarse por los oficios, “darles visibilidad y el espacio que merecen porque es nuestra cultura y son nuestros orígenes", relata recordando sus comienzos aprendiendo a coser en las tardes de verano para después continuar con las labores en el campo.

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