Episodios vigueses
La conferencia que Cela no dio en Vigo por el abuso del precio
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Uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente de Vigo, lo protagonizaron en esta ciudad el escritor Camilo José Cela y la mujer con la que convivió sus últimos años, tras abandonar a su esposa de toda la vida, doña Rosario Conde, por una ambiciosa reportera de la Radiotelevisión de Galicia, que fuera a hacerle una entrevista, llamada Marina Castaño, luego rebautizada popularmente como “Marina mercante”, por su afición al dinero. En contra de lo que ella afirmaba ni era propiamente periodista ni poseía formación alguna en tal sentido. Era una mera reportera sin otra preparación. Conoció a Cela cuando fue a hacerle una entrevista y comenzó la relación. Cela sólo le llevaba 40 años. Compañeros de esta reportera recuerdan que tenía una gran ambición y le atribuyen la frase “por mis tetas voy a triunfar”.
A finales de 1989, el Ayuntamiento de Vigo concertara una conferencia de Cela en la ciudad, contra el pago de una elevada cifra que rondaba las 200 mil pesetas de la época. Pero en octubre del mismo año, Cela fue nombrado Premio Nobel de Literatura y se produjo un hecho insólito, ya que, a través de Marina Castaño, se hizo saber al Ayuntamiento que le precio acordado para la conferencia se había modificado y que pasaba a ser diez veces superior. Fue tal el abuso y el descaro, que la conferencia no se celebró. Pero el hecho quedó registrado para la historia de las miserias y el descaro. Marina Castaño supo aprovechar bien haberse convertido en pareja de Cela. Hasta en tiempos de Fraga, la Televisión de Galicia le montó un programa semanal en la Casa de Galicia en Madrid, de nulo interés (además no era en gallego) y elevado coste. Marina tuvo actuaciones memorables como cuando, mientras Cela relegaba a su propio hijo, lo acompañó el 10 de diciembre de 1989 a recoger el Nobel. Los periodistas españoles presentes quedaron asombrados de su protagonismo, hasta el punto de que una colega sueca le dijo en público que era una antipática.
Luego, la carrera económica y social de la antigua reportera fue vertiginosa. Tras la muerte del escritor estuvo al frente de la fundación de su nombre y hasta el 29 de junio de 2013 no perdió el marquesado de Iria Flavia (creado por el rey Jua Carlos en 1996), al casarse, tras otras parejas, en terceras nupcias con el cirujano Enrique Puras. Fue una manda del propio Cela la que estableciera que si volvía a casarse perdería el marquesado, como así fue. Pero hay otras anécdotas expresivas del personaje, en cuanto al modo en que era tratada por el autor de “La colmena”. Cela, que de niño viviera en Vigo, mantenía una estrecha amistad con una relevante figura de la vida social de esta ciudad, médico de profesión. En un almuerzo en casa de éste, en compañía de otras personas, todos quedaron asombrados del modo en que, con su estilo habitual, el escritor trataba a su pareja y del modo en que en público revelaba los detalles más íntimos de su relación física. La anécdota circuló ampliamente contada por alguno de los testigos presentes.
Tanto el hijo como la primera esposa de Cela, Rosario Conde conservaron la general estima y la dignidad. Conviene destacar que la señora Conde fue un pilar logístico y emocional en la obra de Cela. Transcribía y corregía los manuscritos del autor y llevaba todos los aspectos administrativos. Ejercitó esa labor durante décadas conservó, rescató y custodió los manuscritos. Gestionó y fue patrona fundadora de la entidad que gestionaba la obra de Cela, hasta que este rompe con ella y se lía con la Castaño.
El hijo de Cela ha reivindicado la obra y el papel de su madre en la obra de su padre, frente a las distorsiones que siguieron a la intromisión de Marina Castaño en la obra del autor de “Viaje a la Alcarria”. Eso frente la frívola evolución de esta última como personaje del papel “couché” hasta alcanzar sus metas, de las que su estancia al lado de Cela fue un mero episodio, un tránsito que le proporcionó la ocasión de entrar en espacios donde aquella reportera nunca hubiera podido pesar. Y aquí en Vigo se tiene evidencia de ello, por el vergonzoso episodio de la conferencia. Nunca en la historia cultural de la ciudad se recuerda pasaje semejante. Obviamente, el resultado provocado era el único que cabía: no hubo conferencia. Otro episodio vergonzoso que da la imagen del personaje fue el pleito que Marina Castaño mantuvo con el hijo de Cela por la herencia de éste. Ella tuvo que indemnizar al vástago del escritor en más de 4 millones de pesetas, y el Supremo concluyó que le correspondían a él los derechos de autor de su padre. Esta jugada a Marina le salió mal.
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