La concejala que pasó de furancheira a aloitadora

Ana Laura Iglesias, como una más de Sabucedo, cuida a las ‘bestas’ todo el año en el monte y en verano las enfrenta en el curro

Ana Laura Iglesias celebró su cuarto curro como aloitadoras en Sabucedo.
Ana Laura Iglesias celebró su cuarto curro como aloitadoras en Sabucedo.

 “Se puede decir que la política me trajo a este mundo”. Ayer, la concejala socialista Ana Laura Iglesias, se tomaba un respiró en los montes de Sabucedo, después de haber participado en los tres curros consecutivos. Fue su cuarto año como aloitadora en una de las fiestas más tradicionales de Galicia, pese a no haber nacido en la aldea. “Es algo que no está abierto a todo el mundo, hay cierto riesgo en enfrentarse a las bestias. Es una actividad a la que pueden acceder todos los vecinos de Sabucedo y a la que invitan a gente de fuera como yo como una manera de agradecimiento, ya que venimos todo el año a echar una mano en el monte, cuidando de los caballos”.

Sin ningún vínculo con esta práctica, se encontró con A Rapa das Bestas en su labor de representante de la Diputación de Pontevedra. Como responsable de turismo fue invitada a conocer un mundo que desde entonces la enganchó. “Me enamoré de los caballos, del curro y de todo lo que se mueve a su alrededor, de toda la gente maravillosa que está implicada en defender esta tradición”. Así, Ana Laura fue acogida por Michel y Lourdes “como una más de la familia”. Junto a Carlos, Gelo y otra gente de Sabucedo se hizo una habitual detrás de las bestias cada fin de semana, de invierno a verano. Les suben comida al monte cuando la vegetación escasea, llevan a los ejemplares enfermos al veterinario y los controlan. La edil siempre estuvo muy ligada a la cultura popular. Su casa familiar albergó durante años un furancho de referencia en Matamá, A Balsa, que tras la pandemia no volvió a abrir sus puertas. Ahora ya es una experimentada aloitadora para lo que se prepara concienzudamente. “Hay una parte del entrenamiento que es individual, hay que trabajar físicamente para aguantar las embestidas y los golpes; luego está la técnica que nos la enseñan los veteranos. Una vez en el curro, los compañeros con más experiencia, nos indican cuál es la mejor postura y cómo afrontar al animal”.

Para Ana Laura (Vigo, 1989) es difícil explicar lo que siente cada vez que se mete en el curro. “Es muy emocionante, todo adrenalina y muchos nervios, pero también supone un gran orgullo formar parte de esta tradición ancestral”. Fue una de las primeras aloitadoras, aunque, como reconoce, cada año hay más. Este fin de semana, de los 30 que saltaron a los caballos, ocho fueron mujeres.

Cada día, A Rapa suma adeptos, miles de personas acudieron este año. Aunque también cuenta con algunos detractores, a los que la viguesa invita a vivirlo en primera persona: “Había entidades que criticaban esta actividad, vinieron y se quedaron impresionados. Hay pocas voces discordantes y la mayoría nunca ha estado aquí y no ha podido comprobar el amor que toda la aldea le procesa a estas bestias”. Reconoce que los caballos se pueden poner algo nerviosos, pero añade que “lo hacemos lo más rápido posible, es necesario para desparasitarlos y sanearlos. No es algo aislado, es la última fase de un trabajo que se realiza todo el año en el monte”. Declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional, se vio amenazada por la implantación de parques eólicos, frenada por la oposición vecinal. “No son compatibles, con las catas previas tuvimos que rescatar a varios ejemplares”.

Tras tres días de intensa actividad, hoy las bestias volverán al monte tras ser revisadas por los veterinarios. Para el público se acabaron los curros, pero para la aldea y para Ana Laura empieza una temporada.

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