Aquella colaboración de la Asociación de la Prensa y el Mercantil

Episodios vigueses

Hay etapas en la vida social y cultural de esta ciudad que, por lejanas, no se borran del recuerdo y del balance que nos dejaron

José María Garcia Picher en el ciclo de actividades de la Asociación de la Prensa de Vigo y el Mercantil
José María Garcia Picher en el ciclo de actividades de la Asociación de la Prensa de Vigo y el Mercantil

En 1994, siendo presidente del Círculo Mercantil José María García Picher, y en el marco de su salón más noble, hoy de tan distinto uso, volviera a editarse la vieja colaboración de la sociedad viguesa con la Asociación de la Prensa, en un ciclo de coloquios y conferencias como nunca volvió a haber. Cuando nos deja una persona como José María García Picher, que ha sido tan activa en la vida cultural y social, toda la ciudad, todos nos empobrecemos, y no solamente quienes tuvimos la suerte de ser sus amigos y de compartir en vida tantas actividades y proyectos. José María fue uno de mis primeros amigos cuando, hace ya medio siglo años, llegué a Vigo para incorporarme como redactor a Radio Popular, sustituyendo al recordado Chuco Pérez Gil, que marchaba a Venezuela.

José María García Picher me introdujo en una serie de círculos sociales e intelectuales que me habrían de ser de gran utilidad personal y profesional, como el entonces naciente “Movimiento de maestros”, hasta desarrollar una buena amistad también con sus dos hermanos Joaquín y Andrés y sus familias. Era un hombre sencillo y culto, maestro sobre todo, con una pasión que compartíamos por el teatro y que desarrollaba, cuando lo conocí, en un grupo de grandes actores, vinculado a Radio Popular, donde yo trabajaba. Además, bordaba el papel de conde en las irrepetibles cenas medievales del parador de Baiona. Fue un buen concejal y pasó fugazmente por la política autonómica. Y volvió al teatro.

A lo largo de su fecunda vida tuve ocasión de colaborar con él en múltiples ocasiones, desde el homenaje a su hermano y ex alcalde Joaquín, tempranamente fallecido, pero sobre todo a la recuperación de la vieja relación entre el Círculo Mercantil, cuando él lo presidía, y la Asociación de la Prensa, presidida por mí, dando lugar a ciclos de conferencias y actividades culturales varias de las que queda memoria en la ciudad, como la última conferencia del profesor y doctor José G. Posada Curros en el “Ciclo de la palabra” y todo tipo de personalidades de la vida social, cultural, política y hasta militar.

Entrañable y sencillo, a veces bromeaba con nuestro cierto parecido físico, sobre todo en envergadura y barba. Pasé horas memorables de conversación amena y divertida, como algunas anécdotas que contaba como nadie y su paso por la Armada, a bordo del “Arcila”, vieja reliquia del Arsenal de Ferrol, presumiendo de que era el barco que menos navegaba de la Marina española.

Conservo sus últimas tarjetas de disculpa por no poder asistir a los actos de la celebración del Centenario de la Asociación de la Prensa, ya que su últimamente quebrada salud no le permitía frecuentar como quisiera los eventos a los que siempre era convocado. Lo echábamos de menos en una matutina y sabatina tertulia donde por breve espacio compartimos el goce del diálogo inteligente. Pero poco a poco se fue apartando de todo y era raro ya encontrarlo en público, mas pese a su deteriorada salud, mostraba siempre la firme resolución de su afecto y su interés. En aquel tiempo en que las noches de Castrelos merecían la pena, sobre todo cuando la época de las compañías de teatro, tras la función, hacíamos tertulia nocturna en una cafetería de la Gran Vía. Lo recordaremos siempre.

Siempre he pensado que, en su caso, como el de otros vigueses desaparecidos, la ciudad debería subir su nombre al callejero, lugar idóneo para perpetuar el recuerdo de ciudadanos como él y otros que no debemos olvidar nunca.

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