Un coche fabricado en Vigo, en la muralla china
Episodios vigueses
Zapatero hizo de la factoría de Vigo una de las primeras plantas de producción del grupo PSA
Tenía yo pendiente contarles el episodio que me ocurrió en Bangkok, hace años, cuando viajé a aquel país como consecuencia de la expansión de Citroën en Asia, con una expedición de periodistas españoles, entre los que nos encontrábamos varios de Vigo, de distintos medios, que cubríamos la información económica de la empresa con la que teníamos relación, aparte de los especialistas del motor, que eran tropa aparte. Recordarán que aquel desembarco se anunciaba con un modelo de Citroën fabricado en Vigo recorriendo la Gran Muralla. El viaje nos llevó a Bangkok y a Hong Kong, cuando todavía era colonia inglesa.
Cuando emergen los recuerdos de aquel tiempo, y hablamos de hace 32 años, hay dos personajes que Vigo nunca debe olvidar. Uno es Luis Zapatero, director general en Vigo desde 1979 a 1998. El otro personaje tan querido por nosotros fue Carlos Gutiérrez Zúmel, que era director de Comunicación. Zapatero hizo de la factoría de Vigo una de las primeras plantas de producción del grupo PSA, creando una sólida estructura en todos los sentidos, y venciendo no pocas resistencias de la propia dirección del grupo francés. Fue precisamente en su época cuando Citroën se abrió más a los medios de comunicación, tras un periodo anterior con altibajos, en gran medida por la alta conflictividad de la empresa en los años finales del franquismo, en que la lucha sindical y política se entreveraban.
Como reconocimiento a lo que significaba dentro del grupo la factoría de la Zona Franca la alta dirección del grupo francés quiso especialmente que los periodistas de Vigo formaran parte de aquella expedición, en que la entrada de la empresa en Asia tuviera como elemento un modelo fabricado en esta ciudad. Sobre otros aspectos de aquella época, Carlos Gutiérrez destaca a que “la fábrica de Vigo ha sido una universidad no sólo en periodismo, sino también para muchos directivos que venían a España y no tenían habilidades para manejar una planta tan grande. De aquí ha salido gente que han sido grandes directivos. Es el caso de Claude Satinet que fue director general de Citroën años más tarde”.
De aquel viaje, en que nos alojaron en los mejores hoteles conocidos, los expedicionarios conservamos un montón de divertidas anécdotas. El primer día, de nuestra llegada, como faltaba un tiempo para la cena, los de Vigo decidimos darnos una vuelta y así lo hicimos. Y recalamos en unos grandes almacenes, muy concurridos, donde me ocurrió algo curioso. Mientras curioseaba por la tienda, de repente empecé a percibir la sensación de que al pasar a mi lado la gente, digo, las mujeres, me rozaban de modo deliberado. Todo muy suave y sonriente. Pero me quedó extrañado, pues la cosa no pasaba de ahí. La cosa no pasaba de ahí ni brindaba ocasión de más.
De regreso al hotel, le comentamos al recepcionista lo sucedido, y para gran sorpresa me dijo que era natural. ¿Natural, por qué?, pregunté. Y esto me respondió: “Usted es un hombre fornido, más bien grueso y tiene un rostro agradable. En nuestra cultura eso significa que es usted un hombre feliz y en paz, como Buda. Además se parece a nuestros budas (aunque los de Tailandia son más estilizados que los de otros países de Oriente). Tocar a una persona como usted da buena suerte –prosiguió-. Además tiene usted barba y eso significa fecundidad. Por lo tanto, la suerte es doble. Es el lote completo”. Tiempo después, pude comprobar que a otros amigos de mi aspecto les había pasado lo mismo. Pero el de la recepción me dijo: “Ahora usted puede tocar a un monje, pero primero tiene que mirarle a la cara y si él lo autoriza (son esos montes de túnicas de color azafrán) le devolverá la buena suerte”. Y así lo hice con el primer monje que encontré.
Ya a la llegada al hotel, nos habían recibido con todos los honores, colocándonos una de sus guirnaldas de flores por parte de jóvenes ataviadas con los trajes típicos de Tailandia. En una de nuestras visitas a un poblado típico había un nativo con un mono y una serpiente, que cobraba no me acuerdo cuánto por dejarte hacer una foto con ellos. Cuando el hombre me vio le dijo a la guía algo en su idioma y ésta me tradujo: “dice este señor que si usted se hace una foto con él y con su hija, le deja hacerse una foto con el mono”. O sea, que en el trueco yo pasaba a hacer el papel mono. Acepté en encantado.
En aquel tiempo, la política de comunicación de Citroën Hispania era un ejemplo de trasparencia y cordialidad. Para quienes la conocimos como yo era uno de los más gratos y evocadores recuerdos. Y anécdotas. Aquel Citroën salido de la factoría de la Zona Franca de Vigo es ya un icono y un símbolo histórico recorriendo la Gran Muralla China y algunos tuvimos la suerte de estar allí cuando la marca desembarcó en Oriente.
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