Los clubes de lectura crecen en Vigo en número y usuarias

Tantos en iniciativas individuales como a través de asociaciones o librerías, la pasión por los libros gana adeptos en la ciudad

"The Reading Room" es uno de los clubes más jóvenes de la ciudad, con una veintena de lectoras.
"The Reading Room" es uno de los clubes más jóvenes de la ciudad, con una veintena de lectoras. | Atlántico

Hacer amistades, conocer nuevos autores o, simplemente disfrutar de una lectura y compartirla en comunidad. Los motivos para acercarse a un club de lectura son muchos y en Vigo son cada vez más los espacios que ofrecen esta alternativa de ocio y, sobre todo, más personas las que eligen disfrutar de los libros en compañía en su tiempo libre.

La ciudad ha ganado en el último año tres nuevos clubes de lectura, que se suman a los más veteranos de la ciudad que llevan varios años organizando quedadas para comentar.

En ese mapa diverso se sitúa The Reading Room, impulsado por Yulia Zhulina junto a Vladimir Kosarevsky, que llegaron emigrados de Rusia hace cuatro años. Nacido con la idea de facilitar la integración de personas llegadas de fuera como ellos, el club ofrece una alternativa de ocio con lectura y socialización. “La idea era ayudar a gente como yo, que llega a la ciudad y no tiene su círculo de amistades”, explica Zhulina. El formato es sencillo: un libro al mes, conversación en un chat y encuentro presencial en espacios vinculados a la temática. Pero el objetivo va más allá: “La gente viene sobre todo para conocer gente nueva”, señala. El grupo cuenta con cerca de 30 miembros, aunque no todos coinciden siempre. “Recuperaron el hábito de leer y además han creado sus propios grupos de amigas”, añade Zhulina.

María Comesaña coordina su propio club desde la Librería Klandestina. Aquí el ritmo es constante y presencial, con reuniones semanales que reúnen a perfiles muy distintos. “Es un grupo muy dinámico, desde los 20 hasta los 75 años”, resume. La asistencia ronda la decena de personas, con lecturas variadas aunque con cierta inclinación hacia el suspense. “Tratamos de abarcar un poco de todo”, explica Comesaña. El club mantiene el espíritu clásico: cercanía, conversación directa y fidelidad de sus integrantes.

En el extremo opuesto se sitúa el club de lectura de Vigo de Papel, liderado por Elena Filgueira Vázquez. Su formato digital ha permitido alcanzar una escala difícilmente replicable en lo presencial, con cerca de 500 participantes conectados desde distintos puntos del mundo. “Es más fácil hacerlo online”, apunta Filgueira. La dinámica se desarrolla a través de chats en Whatsapp y Telegram los domingos, donde se comentan lecturas previamente seleccionadas.

A medio camino entre lo social y lo abierto se sitúa Vigo Club de Lectura, coordinado por Manuel Guntiñas. Sus reuniones, en La Galería Jazz, están abiertas a cualquier persona interesada. “No es tanto el libro como la conversación que da lugar al libro”, explica el promotor. El club reúne entre 10 y 20 personas, con una dinámica flexible que depende del momento. “La participación es muy variable, hemos llegado a ser 20 y otras veces solo cuatro”, reconoce. La elección de títulos busca precisamente generar debate. “Se intenta que den pie a hablar de temas que sean interesantes”, añade Guntiñas.

Junto a estas iniciativas conviven otros clubes activos en la ciudad, como los del Ateneo Atlántico, Café Vitruvia o Casa del Libro —con su Club Novela—, además del ciclo #BiblioMarco del Museo Marco, que encara su final en mayo.

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