Cíes en otoño, nada que ver

Lleno en las islas viguesas en todo el puente del Pilar con un ambiente por completo distinto del verano

Subiendo en el muelle al barco hacia Cíes.
Subiendo en el muelle al barco hacia Cíes. | Jorge Santomé

Cíes suena a verano, con las playas llenas, largas colas para embarcar hacia las islas, el camping completo y yates fondeados en la costa. En octubre, nada que ver. A cambio, silencio total y una visita muy distinta a la de julio y agosto. Este sábado, unas 450 personas hicieron turno para viajar desde Vigo y realizar una visita guiada a las Cíes, que incluye la posibilidad de ir hasta el Faro, un recorrido de una hora, o al Alto del Príncipe, en el otro extremo, mucho más asequible, apenas media hora de caminata menos empinada. Lleno total, como señalaban las guías, que se encargan de realizar un recorrido por la isla, y así durante todo el puente del Pilar, con mayoría de visitantes nacionales. Si hubiera más plazas, también se cubrirían, pero en temporada baja no hay opción. No siempre ha sido así: antes Cíes echaban el cierre en septiembre y hasta Semana Santa. Ahora no, las navieras van todo el año porque hay demanda.

El recorrido al Faro tiene mayor interés, y también complicación, con el último tramo en una fuerte pendiente. Vale la pena. La instalación está en proceso de renovación y a sus pies se encuentran los restos de un castro datado en el siglo II antes de Cristo, el primer asentamiento en Cíes cuando probablemente ni siquiera era una isla, sino una península unida con una barra de arena al Morrazo. Porque Cíes, como la Ría de Vigo, es en términos geológico un niño recién nacido, con menos de 5.000 años de antigüedad.

Cíes ha cambiado mucho y en otoño impera el silencio. Ni siquiera se escucha a las gaviotas, una colonia que fue masiva y que se ha reducido al mínimo, pese a que hay buenas noticias: en el último “censo” la población reproductora se mantuvo estable con unas 1.236 parejas, tras un declive histórico prolongado en las últimas dos décadas, desapareciendo el 90% debido a factores como el síndrome parético asociado a una toxina.

“En esta época todo está tranquilo, con la visita de grupos”, señala José Antonio Fernández Bouzas, director de Parque Nacional, quien tiene como misión ahora acelerar el cambio de paisaje de las islas con la eliminación de todos los eucaliptos, proceso que resulta visible en el cámping. También están cerrados todos los establecimientos, salvo el bar del cámping y el de Rodas, que se mantienen abiertos en tanto haya visitantes.

Las playas, en cambio, vacías en su totalidad, con el agua fría y el sol mucho más amable que en verano, aunque no hay que confiarse, como señalaban en la naviera Mar de Ons, que recomendaba a los visitantes que lleven gorros y utilicen cremas. El sol de Cíes es mucho más duro de lo que parece.

Cementerio abierto

Con la mayoría de lugares cerrados, llamaba la atención que, en cambio, estuviera abierto el cementerio, uno de los pocos que hay sobre una playa (como en Normandía, por ejemplo), y que se anuncia como el “más bonito del mundo”. La más reciente de las tumbas, con flores, es de 2018, la de Germán Luaces “El Peri”, con una lápida donde se lee: “La vida de pirata es la vida mejor”.

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