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La Brincadeira despidió ayer una edición número 28 atípica, donde el mal tiempo jugó una mala pasada el sábado, pero el cielo dio una pequeña tregua en su último día para disfrutarla sin agobios. Primero, con la realización del concurso de disfraces de época en el entorno de la iglesia de San Miguel, un evento que comenzó tras el covid y cada año atrae más participación. Por último, se realizó la representación teatral de expulsión de los franceses. Un acto que cierra la fiesta con vistas a un próximo año más benévolo en cuestiones climatológicas.
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