Chuco Pérez Gil y el siniestro del “Polycommander”
Episodios vigueses
Francisco Javier “Chuco” Pérez Gil cubrió desde un pesquero el accidente del Polycommander en 1970, un vertido que marcó la historia del periodismo radiofónico vigués
En la historia del periodismo radiofónico vigués, 56 años después, todavía se recuerda el modo en que un hombre de radio siguió y trasmitió al mundo, con grave riesgo de su vida, el mayor siniestro que haya padecido nunca la ría de Vigo. Ese hombre fue Francisco Javier Pérez Gil, familiarmente conocido como “Chuco”, que era redactor de Radio Popular. Y porque la historia de unos y otros se entrecruza e influye, en mi caso poderosamente. En 1972, Chuco decidió irse a Venezuela y a mí, que entonces era redactor de Radio Popular de Ourense, me llamaron para ocupar su plaza. De suerte que mi propia vida profesional, a partir de aquel momento, en sus diversos lances y etapas, quedó vinculada al hecho de que viniera a reemplazar a uno de los mejores periodistas de Vigo.
Vale la pena, en ese sentido, recordar el episodio del “Polycommander”, cuyas imágenes lejanas de Llanos o Magar todavía estremecen. En ese sentido, hay que agradecer a Óscar Rodríguez Martínez, socio de A Illa dos Santos, su detallado relato de aquella tragedia, que fue de tal magnitud que, como él mismo recuerda, llegó a ocupar la portada de la revista “New Yorker” en mayo de 1973. El Polycommander era un petrolero noruego que había sido construido en Götemborg en el año 1965. Medía 230 metros de eslora y además de estar equipado con un motor principal de 15.000 caballos de potencia, contaba con un moderno sistema de navegación Decca.
Un aspecto curioso de su desafortunada escala en Vigo se debe a un hecho fortuito. Mientras hacía ruta desde Sidón (Líbano) hacia el puerto bretón de Donges, cerca de Saint-Nazaire, su capitán Mr. Strom Olsen tuvo que hacer escala en Vigo para desembarcar a la tripulante Karin Alstad, que estaba embarazada y corría el riesgo de sufrir un aborto. Este gesto humanitario generó un elevado precio a la ría de Vigo, el vertido de miles de toneladas de petróleo de modo incontrolado, pese a los intentos de las autoridades de Marina del momento de restarle importancia a sus efectos.
En el detallado relato de Óscar Rodríguez se anota que eran las cuatro y veinte de la madrugada del martes 5 de mayo de 1970 cuando, tras dejar a la tripulante ingresada en el sanatorio Troncoso, el petrolero retomó su ruta. Cuando estaba saliendo de la ría, el buque batió en unos bajos de las Cíes, delante de la playa de Figueiras, en la isla de Monteagudo, destruyéndose la sala de máquinas y provocando una brecha considerable en el casco por la que comenzó a salir casi un tercio de las cerca de 50.000 toneladas de crudo de la variedad Light Arabian que transportaba. A la rotura y derrame siguieron varios estallidos y una gran humareda.
No había entonces los medios con que se cuenta ahora. Como primeros socorros, aparte de los bomberos de Vigo, se unieron los tripulantes de algunos pesqueros que se acercaron peligrosamente al siniestro con sus escasos recursos. Luego llegaron varios buques de la Armada, desde el viejo Canarias, la fragata Legazpi y el remolcador de altura RA-1, y los remolcadores del puerto “Elduayen” y “Serviola”. Cuenta Óscar que también hay constancia de la intervención de ocho aviones del Ejército del Aire y de un helicóptero que trataron de ayudar como pudieron en las labores de extinción. Ante la extensión del vertido y para controlarlo llegó ayuda de la aviación norteamericana, que aplicó sustancias dispersantes sobre la ría. Pero esta acción, común en este tipo de siniestro, provocaría efectos posteriores en la pesca de bajura y hasta en las colonias de aves marinas.
Chuco Pérez Gil, a bordo de uno de aquellos pesqueros, estuvo en primera línea realizando uno de los más espectaculares reportajes-crónica en directo de aquel terrible suceso, por lo que siempre fue admirado. Todavía se especula si la responsabilidad del error que originó la catástrofe se debe al capitán del barco o al práctico del puerto que debía dirigir la maniobra dentro de la ría, si bien organismos internacionales señalaron que quien mejor conocía la ría debió haber sido más diligente al marcar el rumbo. Este aspecto es fundamental a la hora de establecer responsabilidades a efectos del seguro. En el siniestro se produjeron cuatro heridos, pero se salvaron los treinta y nueve tripulantes, tres de ellos naturales de Ribeira. El buque sería recuperado, reparado y puesto de nuevo en servicio en Grecia con el nombre de “Yanxilas”, y todavía navegaría hasta 1984.
Aparte de todo ello, en la historia de la radio quedaron las crónicas de Chuco como ejemplo de su capacidad para narrar lo que está ocurriendo ante sus ojos, como él lo hizo.
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