Los certificados covid y nuevos aforos indignan a los hosteleros

Coinciden en que no pueden hacer de “policías” y que una buena medida sería volver al toque de queda entre la 1 y las 6 horas para mantener controlada a la población durante la noche

José Ángel González, presidente de Ovalmi, mantiene que con menos aforo tendrá más aglomeraciones en su local.
José Ángel González, presidente de Ovalmi, mantiene que con menos aforo tendrá más aglomeraciones en su local.

Los hosteleros del Val Miñor afrontan las nuevas restricciones que entrarán en vigor este mismo sábado con resignación, pero también con enfado, al situarles una vez más en el punto de mira como responsables del avance de la pandemia, que en los últimos días ha llevado a la comarca a unos niveles realmente preocupantes justo cuando se acerca el ecuador de la temporada alta sumado a unas previsiones meteorológicas poco esperanzadoras.

Nigrán, Baiona y Gondomar pasan a nivel alto lo que obliga al cierre del ocio nocturno, apenas un mes después de su reapertura y de idéntica manera a como ocurrió en verano de 2020. Los bares y restaurantes reducirán su aforo pasando al 50% de su capacidad nominal tanto en interiores como exteriores pero la medida más criticada es la relativa a los certificados covid para poder acceder al interior de los establecimientos. Las asociaciones de comerciantes y hosteleros de la comarca, Ovalmi y Aceba, coinciden en que se les está atribuyendo unas funciones que se escapan a sus capacidades. ¿Con qué cara les pedimos a nuestros clientes el DNI para verificar que son los titulares de los documentos? o ¿acaso ahora además de ocuparnos de nuestros negocios también vamos a tener que hacer el papel de policías dentro y fuera del local?, fueron algunas de las preguntas formuladas por Carlos Quintás, vicepresidente de Aceba, y Jose Ángel González desde Ovalmi respecto a las nuevas medidas. En este sentido ambos coinciden en que poco sirve estrechar el control si fuera de los establecimientos se baja la guardia. “Se nada vale todo esto si después los jóvenes que ahora se denominan ‘supercontagiadores’ se dispersan al aire libre, hacen botellones, se reúnen en fiestas privadas cuando son los que más se relacionan con los riesgos que ello conlleva”, aseveran. Mantienen que una buena manera de contener la situación sería la de reinstaurar nuevamente el toque de queda entre la 1 y las 6 horas para mantener a la población controlada durante la noche.

La postura mostrada desde los hosteleros que ven como se les pone una correa que les complicará todavía más salvar el año justo en el momento más crítico, es avalada por los regidores de la comarca que a grandes rasgos coinciden en que son unas medidas demasiado estrictas, aunque el alcalde de Gondomar, Paco Ferreira, prefirió ser más cauto y respetar las decisiones de las autoridades sanitarias. Adelanta que no descarta suspender el programa cultural de actividades estivales en caso de que la situación no mejore. Juan González, por su parte quiso dejar claro que no cuestionan las decisiones adoptadas, pero considera que “deberían de darle una vuelta”, mientras que el regidor de Baiona, Carlos Gómez, manifiesta que “la hostelería no es el problema y lo que para la Xunta son empresas, para mí son vecinos con nombres y apellidos”.

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