Aquellas cenas políticas en el Hotel de Samil
Episodios vigueses
Entre los partidos y los personajes que más usaban el comedor del hotel de Samil, tanto para cenas como para multitudinaria rueda de prensa, destaca el entonces Alianza Popular, luego PP y Fraga
Para quienes tenemos cierta edad y perspectiva y vivimos diversos acontecimientos históricos, sociales y políticos de esta ciudad, en el periodo final del franquismo y la estrenada “Transición” guardamos en la memoria y el reconocimiento el servicio prestado a la sociedad por el hotel Samil, hoy desaparecido. En cuyo comedor principal tuvieron lugar momentos de enorme importancia, desde las cenas políticas de todos los colores a otros acontecimientos culturales, como el estreno de “Os Premios da Critica”. Por eso siempre ha creído que su gerente, Barbosa, debería el reconocimiento público de la ciudad.
Su amplio salón, las facilidades para estacionar y el propio servicio de este hotel, facilitaban su uso para aquellas primeras asambleas políticas, donde todos era bien acogidas. Bien es cierto que, aparte de estos servicios, el hotel de Samil prestó otros como espacio para el amor, donde algunos personajes de la vida local pasaban la tarde o la noche con selectas compañías para la ocasión, pero es otra historia. Pero también es historia. Y dentro de ella hubo escena de divertido vodevil, cuando un conocido empresario del sector hostelero se encontró que a la salida de una visita con una vedette inglesa que actuaba por aquí (lo cual era prodigioso, porque el citado no sabía inglés, pero sin duda se entendían en otro lenguaje), digo que se encontró con su pareja oficial que lo esperaba y se produjo una escena de lo más gracioso ante numerosos testigos.
Entre los partidos y los personajes que más usaban el comedor del hotel de Samil, tanto para cenas como para multitudinaria rueda de prensa, destaca el entonces Alianza Popular, luego PP y Fraga. Al comienzo de la “Transición” recuerdo una comparecencia de Fraga con la diputada de su partido Victoria Armesto, y que, en un momento dado, por si los periodistas presentes íbamos por allí, nos espetó “Yo como Cánovas, tengo todo mi pasado presente”.
Victoria Armesto fue, sin duda, involuntaria protagonista de una divertida anécdota que ella misma reveló con respecto al 23 f de 1981. Contaba que cuando viera entrar a la Guardia Civil en el recinto del Congreso “quedé tranquila”. Ya que no se sabía la verdadera razón del episodio y esta y otros diputados creyeron que los agentes iban a protegerlos de un atentado o de una acción criminal y no a protagonizarlo.
Las cenas políticas con Fraga, como refleja la foto, eran memorables, extensas, prolongadas y muy concurridas. Es curioso que, aunque eran muchos los oradores, todos esperábamos el realmente importante, que era el de Fraga. Todavía retumban sus palabras en mi recuerdo. En aquellos años de su trayectoria política estaba Fraga en uno de los mejores momentos de su vida, y sus más próximos colaboradores, se declaraban agotados del ritmo que les imponía, pues no les permitía, y no siempre, otro descanso que el domingo.
Hay una anécdota divertida de la que fuera testigo Alfonso Paz-Andrade, cuando la visitaba un viernes para la puesta en marcha de una de ediciones de la Feria Mundial de la Pesca. Ante de entrar a la reunión, González Sobral, que era secretario general de la presidencia de la Xunta, le preguntó a Paz-Andrade si la reunión sería larga, pues tenía a su familia esperando para viajar a Madrid a un acontecimiento familiar. Iniciada la reunión, y mientras hablaba con Paz-Andrade, Fraga preguntó a su secretario si sabía francés y siguió hablando. Y a renglón seguido le dijo, pues venga mañana a las 11 que recibo a unos franceses. Y el sorprendido secretario general tuvo que cambiar sus planes sobre la marcha. Otros colaboradores han contado anécdotas parecidas de este tipo.
Cuando yo lo visité oficialmente como nuevo presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo me hizo entrega como obsequio de un variado lote de libros de diversos contenidos, y cuando empecé a ojearlas resultó que todos estaban dedicados a él y firmados por sus autores. Ya que de este modo se deshacía, repartiéndolos, los libros que le entregaban.
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