Cecilia, 40 años de una tragedia y de un recuerdo aún no extinguido
vigo
Murió una madrugada en la carretera tras cantar en Vigo, donde soñaba con tener una casita que mirara a las islas Cíes
Ninguno de los que integrábamos aquel reducido grupo que se quedó hasta las tantas para despedir el Seat 124 de color negro matrícula M-2342-AX a la puerta de la discoteca Nova Olimpia, teníamos ni la más remota conciencia de que asistíamos a una trágica despedida. Eran las dos y media de la madrugada pasadas, y tres de los ocupantes del automóvil ya estaban sentados en su interior mientras Eva Sobredo repartía los últimos besos y abrazos. No puedo recordar a los que estábamos allí aunque conversando con mi amigo Carlos Mateo, supe después que, como compañero de sello de la cantante, la acompañó hasta la radio el sábado por la mañana pero que no estuvo en su concierto. Estaría probablemente gente de la radio como Beni García, y quizá estuviera Alejandro Fernández Figueroa propietario de la sala con alguno de los suyos que gestionaban muy bien aquel local por entonces de referencia en el negocio del espectáculo en la ciudad. También se quedó parte de su familia viguesa, que había asistido al pase aquella noche del domingo en el que Cecilia cantó por última vez.
Mis propios recuerdos me dicen que esa madrugada del 2 de agosto de 1976 –ya lunes- y mientras José Luis González que tocaba los teclados ponía el coche en marcha, Carlos de la Iglesia se sentaba a su lado en el asiento del copiloto, y el bajista de origen argentino Carlos Viciello ocupaba la plaza trasera izquierda, abracé y besé a Cecilia en ambas mejillas antes de que se introdujera definitivamente en el interior del vehículo. Recuerdo también que le transmití unos apresurados saludos para una amiga común, mi compañera y entrañable amiga de promoción y profesión Araceli García Serrano por entonces una de las voces del grupo "La Compañía", una banda coral compañera suya en la recién creada división española de CBS en cuyos inicios estaban también el propio Carlos Mateo como compositor, intérprete y pianista de su canción "Historia de un amor" que llegó lejos, y la banda "Trébol" de intenso y efímero registro. La última imagen que conservo de aquellas horas fue el brazo de Cecilia agitándose al aire de la noche doblando la curva para afrontar Urzáiz rumbo a la salida de Madrid. Luego, mientras la expedición partía, nos quedamos un rato en la calle de palique, nos fumamos un pitillo en corro y nos marchamos cada mochuelo a su olivo. La expedición se fue pasadas las 2’30, y a esos de las 3 yo me senté al volante de mi flamante Mini Morris-850 de color amarillo anaranjado que todavía hoy añoro, y enfilé a mi casa que en aquellos tiempos de soltero estaba en unos apartamentos playeros al borde de la playa de Canido.
Un viaje visto y no visto
Uno de los extremos más polémicos y que ha suscitado un mayor debate en ciertos foros que todavía hoy mantienen vivo el recuerdo de Cecilia es el de las horas en las que se desarrolló la tragedia y cierto es que la situación da para debatirla. De hecho, y después de finalizar el concierto, también tengo muy vívida la imagen en la que, acodado en la barra grande de Nova Olimpia, compartí una bebida con el batería del grupo, un tipo afable, divertido y excelente llamado Carlos de la Iglesia al que todos llamaban "Rufo" a saber por qué, que era un muy buen percusionista y un hincha fiel y comprometido del Atlético de Madrid. Yo le insistí en que se quedaran aquella noche y salieran descansados y frescos de mañanita para que además la solana les pillara ya llegando a casa pero Carlos me respondió que ya le gustaría pero que había un compromiso y no se podía retrasar. "Eva –me dijo- tiene que estar en el estudio a eso de las diez porque está muy liada con su nuevo disco y no puede faltar". Luego supe que Cecilia había recuperado su viejo proyecto de ponerle música a la obra de Valle Inclán respondiendo a sus raíces gallegas, un objetivo que se había planteado pronto pero que se fue retrasando en aras de una producción más comercial. Los directivos de Columbia creían poco en aquello de Valle Inclán e incluso la había mandado al festival de la OTI en la que quedó segunda con un tema de Juan Carlos Calderón llamado "Amor de media noche" al que la propia intérprete modificó la letra porque la que escribieron para ella le pareció una cursilada irreproducible. Carlos de la Iglesia y yo nos despedimos por tanto y le animé a que se dejara caer por Vigo la próxima vez que su Atlético jugara en Balaídos. "Me llamas con tiempo y yo me encargo de las entradas" le dije. No pudo ser. Carlos estaba casado y tenía dos hijos.
Por tanto, y urgidos por la necesidad de llegar a Madrid a primera hora para estar ese lunes en el estudio no más allá de las 10’30, Cecilia y sus músicos viajaron muy deprisa. Conducía José Luis "Joe" González -organista que se había iniciado con "Los Polaris" de Manolo Díaz y fue la voz y las teclas de "Los Pasos" con Joaquín Torres hasta que se disolvieron- quien no levantó el pie del acelerador en todo el trayecto a juzgar por el tiempo trascurrido desde la salida de Vigo al lugar del impacto en el tramo final del entonces tétrico pasaje del río Tera entre Puebla de Sanabria y Benavente. El choque terrible en Colinas de Trasmonte contra el carro de bueyes se produjo probablemente cerca de las seis de la mañana porque entonces y en pleno verano era aún de noche según dijeron los supervivientes y el Seat 124 hizo una parada rauda en el Hostal "Los Perales" de Puebla de Sanabria donde la expedición aprovechó para tomar algo y quizá para echar gasolina en la estación adyacente. Algunas fuentes afirman que Cecilia se bebió una Coca-Cola pero el propio camarero que les atendió y que era un rostro muy conocido para los miles de viajeros que hacíamos con frecuencia aquel recorrido, lo niega. Cecilia, medio dormida, permaneció casi en silencio en la banqueta. Unos kilómetros más allá, la reja de un carro irrumpiendo por sorpresa en la carretera principal le segó la vida.
Por tanto, entre la hora de salida a la puerta de Nova Olimpia y la hora del impacto en Colinas de Trasmonte habían pasado no más de tres horas y veinticinco minutos. Teniendo en cuenta las condiciones de la carretera hace cuarenta años, la complejidad del trazado sobre todo en el tramo de Galicia, las características de los automóviles de entonces y otros factores por el estilo, el tiempo invertido indica que los viajeros volaron literalmente en los 330 kilómetros de ese recorrido. Entonces no había límite de velocidad salvo en los pasos por poblaciones y tramos de peligrosidad evidente, y los automóviles no traían montados de serie cinturones de seguridad entre otras cosas porque entonces su uso no era obligatorio.
La tragedia asoma al camino
Razonablemente temprano, aquel lunes de primeros de agosto en el que estábamos muy pocos en la redacción del que era mi periódico entonces, "El Pueblo Gallego", y del que era redactor, me puse a consultar la máquina de telefotos en la que aparecía, entre los primeros envíos, la imagen de un coche hecho polvo. No me dio tiempo a verlo en detalle porque en aquel momento recibí la llamada de mi amiga Araceli desde Madrid en la que, entre sollozos, me daba cuenta del trágico accidente. Araceli me había llamado previamente anunciándome que Cecilia venía a cantar a Vigo y advirtiéndome expresamente que la cuidara y la tratara con mucho cariño. "Ya sabes cómo es de tímida –me recordó- así que no se te ocurra dejarla sola porque te la lío". Procuré cumplirlo.
Yo había conocido a Cecilia precisamente en casa de Araceli cuando –periodista de profesión y durante muchos años jefa de prensa del AVE- era una de las voces femeninas de "La Compañía" y celebraba la fiesta de su 21 cumpleaños. La agrupación se había creado en torno al compositor Julio Seijas, y contaba con el ex guitarrista de los Pasos, Álvaro Nieto, Mamen Martínez y Ana Fernández -que se mató también en la carretera a poco de iniciar su presencia en la banda- y Rafael Pérez Botija que pronto se convirtió en productor estrella de la casa y con el que Cecilia no tuvo precisamente buen entendimiento. No paró hasta lograr prescindir de él y que fuera sustituido por Juan Carlos Calderón con el que se llevó mucho mejor. "La Compañía" había logrado un bombazo versionando "El soldadito", uno de los números de la zarzuela "Luisa Fernanda" del maestro Moreno Torroba, y Pérez Botija ideó la formación y cantó en ella. Yo supe que Cecilia se había matado en la provincia de Zamora a eso de las diez de aquella mañana siniestra
El accidente
El accidente se produjo cuando todavía no había despuntado aquel lunes día 2 de agosto de hace cuarenta años. El coche, conducido por Joe González, enfiló la recta al paso por la población zamorana de Colinas de Trasmonte en la comarca del río Tera, y aproximadamente a mitad del trayecto que transcurría por el casco urbano, y procedente de un ramal que desembocaba en la general señalado como Camino Vecilla porque lleva a Vecilla de Trasmonte el pueblo contiguo, surgió de entre las sombras a la derecha del automóvil y a contra sentido, un carro tirado por dos bueyes uncidos a su reja por la cornamenta en cuyo pescante se sentaba el labrador Argimiro Majado mientras su mujer, Regina Álvarez Peral, caminaba al lado de los animales azuzándolos con un palo. El impacto fue terrible y la reja del carro entró como un ariete en el auto, pulverizando su luna frontal y destrozando a su paso a Carlos de la Iglesia y a Cecilia que probablemente no se enteró de nada porque viajaba en su asiento completamente dormida. El conductor del carromato salió despedido por los aires y también los animales. Uno de los bueyes aterrizó muerto en la cuneta y al otro hubo de sacrificarlo nada más llegar, la Guardia Civil.
El impacto fue muy violento y puso en pie a todos los habitantes de la localidad que se lanzaron hasta el lugar del suceso donde el espectáculo era dantesco según recuerdan algunos de los testigos. Joe González, el conductor, fue trasladado en ambulancia al Hospital Comarcal de Benavente con traumatismo craneal y varias fracturas, mientras Viciello salió ileso y fue quien se encargó de avisar a Madrid. El labrador que conducía el carro sufrió varias fracturas de las que jamás se recuperó del todo, y su mujer salió mejor parada aunque también gravemente herida. Ambos fallecieron hace casi diez años pero su hija Mari Carmen hubo de abandonar la carrera de Derecho que cursaba en Salamanca para cuidarles de por vida. Años después, José Luis González reconoció que una amnistía general otorgada por Juan Carlos I al subir al trono le libró del procedimiento.
Cecilia había comenzado a desplazarse a sus compromisos profesionales en aquel Seat 124 recientemente. Con anterioridad, lo hacía en el Dodge Dar de su representante Alfredo Fraile con el ayudante de Fraile al volante, un joven llamado José Alberto Echevarría mientras la banda se desplazaba por su cuenta. Aunque la intérprete ya cobraba 175.000 pesetas por cada gala que era un dinero, Fraile se empeñó en reducir gastos y hacer los viajes más baratos. El automóvil por tanto era propiedad de Cecilia y alguien me contó que Fraile la liquidaba por 125.000 pesetas en lugar de las 175.000 que ya estaban estipuladas en contrato. Su relación tampoco era entonces lo que se dice buena.
Demasiadas pérdidas de familia
Evangelina Sobredo Galanes había nacido en 1948 en unas casas adosadas próximas al Palacio de El Pardo donde su padre –ferrolano, licenciado en Derecho y perteneciente al Cuerpo Jurídico de la Armada- trabajaba adscrito a la secretaría particular del Generalísimo. Poco después, José Ramón Sobredo Rioboó aprobó unas oposiciones que le permitieron acceder a la carrera diplomática que desempeñó hasta su jubilación con destinos en Europa, Oriente Medio y especialmente en los Estados Unidos. Casado con la viguesa Lolocha Galanes a la que conoció en Ferrol, el matrimonio tuvo ocho hijos de los que hoy viven cuatro, Dolores, Asunción, Teresa y Jorge. La familia hubo de pasar por trances muy duros. El hijo mayor, Luis María que era ingeniero naval, falleció en Vigo en 1981 a los 38 años mientras que su hermano Ramón, diplomático, fue encontrado muerto en la bañera de su chalé de la localidad de La Navata en la sierra de Madrid en mayo de 1982, recién cumplidos los 37. Fue un episodio terrible.
Cecilia –cuyo nombre artístico fue elegido por CBS desde una canción de sus artistas Simon & Garfunkel porque Eva ya estaba cogido por una cantante de chotis- no pudo cumplir los 28. Paseando por Samil, me dijo aquella mañana de domingo que, aunque conocía poco Vigo, estaba soñando en comprarse un terrenito y edificar en él una casita que mirara a las islas Cíes. Le daban mucha paz, me dijo…
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