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Orgullo es lo que despierta para Mercedes Bangueses el catálogo de esculturas situadas en el espacio público con el que cuenta Vigo. “Yo destacaría la cantidad, no solo distribuida en calles y plazas, sino también en jardines y montes como O Cepudo o el Alba; y también la variedad, hay desde la abstracción pasando por la figuración o el simbolismo”. Bangueses presentó su libro “Escultura pública en Vigo”, editada por el Instituto de Estudios Vigueses del que forma parte. Es el resultado de una investigación que ya fructificó en 2023 en otra publicación, “Bustos, monumentos conmerativos e placas no Concello de Vigo”.
Tal y como recoge en su estudio, la primera pieza escultórica que se puede considerar de carácter público en Vigo se colocó en la Alameda (actual Praza de Compostela). Es la figura de cuerpo entero de Méndez Núñez, realizada por Agustín Querol e inaugurada en 1890. En el mismo jardín histórico, a escasos metros, se encuentra la última incorporación que formó parte de este catálogo público: la figura de bronce de Domingo Villar, realizada por Pedro Dobao y presentada el 29 de enero de este año.
A lo largo de estos 135 años se superaron las 200 obras en el término municipal. “Si tenemos que señalar una edad de oro en la escultura pública viguesa sería 1991, con Manuel Soto como alcalde se instalaron cinco piezas referenciales para la ciudadanía, y la prueba es que para la conmemoración del Celta en Europa es en ellas donde se cuelgan las banderas”. Se refiere a ‘O monumento ao traballo’, de Ramón Conde, conocida como ‘Os Redeiros’; ‘Os cabalos’, de Oliveira, ‘Porta Atlántica’, de Silverio Rivas y ‘Home peixe’, de Leiro, popularizada como ‘El Sireno’ en Porta do Sol. La autora puntualiza que ese mismo año también estaban previstas dos piezas más que no llegaron a realizarse: una encargada a Cisclino Manzano y otra a Xaime Quessada.
“En muchas ocasiones, el problema que surge con las esculturas públicas es que los responsables de las administraciones confunden la obra de arte con un objeto decorativo”. Con esto, Bangueses alerta de las principales amenazas que se ciernen sobre este patrimonio público: la movilidad de las esculturas y su vulnerabilidad.
Lo habitual es que cada creación se haga para un lugar determinado, por lo que aconseja que sólo se trasladen “cuando no quede más remedio y siempre consultando al escultor, los artistas suelen estar pendientes de su obra pese al transcurso del tiempo”. Recoge el caso de la estatua de Curros Enríquez, obra de Lorenzo Coullat Valera, inaugurada en el año 1911. “En 1965 fue trasladada al Castro y en 2008 volvió para su entorno inicial, en esta ocasión en los jardines de Areal, pero para colocarla se retiró ‘Nenos baixo un paraugas’, realizada por Camilo Nogueira en 1952 y que forma parte de un conjunto icónico del escultor dedicado a los niños”.
Su sala de exposiciones es el espacio público, por lo que son mucho más vulnerables ante los actos vandálicos o incluso a la falta de criterio. “Estas piezas forman parte del patrimonio de todos, hay que aprender a respetarlas para evitar que deterioros continuos que afectan al homenaje de Manuel Castro colocada en 2002 en Príncipe, de Jandro o el conjunto de ‘A Familia’, de Buciños”. Así, la historiadora recordó el caso más extremo, el de “Unidad abierta” de Xuxo Vázquez: “Fue un conjunto realizado para conmemorar que Balaídos era sede del mundial de 1982, pero en 2009 se retiró y los pedazos se encontraron en Lavadores. Esa es una pieza perdida”.
En el catálogo realizado por Mercedes Bangueses destaca la escasa presencia de mujeres como autoras de esculturas públicas, solo diez en las más de 200 piezas. Es el 2% de los encargos en 135 años. Las primeras lo hicieron en 1999 a través de una convocatoria realizada por la Comunidad de Montes de Valadares. Fueron la italiana María Assunta Karini, con “Ofrenda” y la española Ana Olano, con “Itinerario”, ambas piezas se encuentran en O Cepudo.
La primera gallega llegó en 2005: Ángeles Valladares firmó el monumento a los pioneros del granito en la rotonda de Bouzas, a la entrada de Zona Franca. Tres años después, en un nuevo simposio de Valadares participaron tres artistas: la italiana Antonella Tiozzo, con “Ferramenta prehistórica”, la portuguesa Filomena Almeida, con “Paisagem” y la lituana Virginija Vencküniene con “Soif”.
“Arte na rúa 3x2” de Quiñones de León incluyó en 2010 a dos escultoras, Rute Roses, con “Caminando” (obra retirada) y Elena Gómez Dahlgren, con “Construcción”. La viguesa Eva López Tarrío, con “O mar habitado” fue la última incorporación en 2023.
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