Carlos Borrás: "Sin los costaleros sería imposible sacar al Cristo"

Carlos Borrás lleva diez años como Carrero Mayor del Cristo da Victoria

Carlos Borrás ultima detalles de la procesión del domingo.
Carlos Borrás ultima detalles de la procesión del domingo.

Abogado de profesión, Carlos Borrás está este domingo de doble celebración: Cumple 54 años y hace una década que ejerce como Carrero Mayor del Cristo, responsabilidad que le legó su tío, Manuel Sanjurjo. Con todo, el primer domingo de agosto siempre es un día muy especial para Borrás, ya que tal y como él mismo señala para Atlántico, “llevo desde los 16 años involucrado en la procesión”.

Ya pasaron diez años al frente del carro del Cristo. ¿Cómo recuerda esa primera vez?

Con muchos nervios. No es ninguna tontería, hay tramos muy complicados como la rúa Real, donde la gente toca al Cristo desde los balcones. La suerte es que voy con unos costaleros veteranísimos que no permiten un fallo.

¿Qué sintió al tomar el relevo de Manuel Sanjurjo?

El sentimiento fue doble. Por una parte, me dio pena porque acababa el momento de mi tío Manolo. Fue algo que ya había vivido cuando él tomó el puesto de mi abuelo. Y, por otra parte, supuso una responsabilidad. Lo único que dijo ese día es que sabía que no se equivocaba escogiéndome para que el Cristo continuase saliendo. Me dijo que me dejase llevar por los costaleros y sería menos difícil.

¿Es fuerte la vinculación de los costaleros con el Cristo?

Todos quieren saber qué tienen que hacer para llevar el carro, hasta tengo una lista de espera y recomendaciones para ser costalero. Pero no hay vacantes, el puesto pasa de padres a hijos. La última fue hace dos años con el fallecimiento de nuestro querido Victorio, el que iba siempre a mi lado en las procesiones. En una ocasión, una persona ofreció 1.200 euros a uno de ellos para que le dejase llevar al Cristo y le contestó que siguiese buscando, que él no se movía.

El Carrero Mayor es los ojos de los costaleros. Tiene que haber mucha conexión con ellos.

Sin ellos sería imposible sacar la procesión. Yo debo velar por que el Cristo no se deteriore, pero aún más importante es que las personas no corran peligro. Tengo que lograr el equilibrio entre acercar la imagen lo más posible a los fieles y, al mismo tiempo, no correr ningún riesgo. Es un privilegio y un honor dirigir el carro. Yo soy la cara visible de los que lo llevan. Ellos tienen fe ciega en mí, aunque no vean, caminan y paran cuando yo doy la señal.

En este tiempo se ha rehabilitado el carro. ¿Cómo ha afectado a la movilidad?

Ha sido importantísimo. Es la única restauración que se hizo y fue completa. Destinamos 30.000 euros gracias a un convenio con el Concello y los artesanos de la ebanistería Arjones de Lavadores lo dejaron listo para otros 100 años.

¿Cuál era el problema?

Tiene 70 años y, aunque está construido con materiales de muy buena calidad, solo sale una vez al año y eso le afecta. Tenía problemas de polillas, barnices anteriores mal aplicados y el armazón metálico que lleva por dentro se hizo todo nuevo. Fueron nueve meses de trabajo.

¿Se ve otros diez años dirigiendo el carro del Cristo?

¡Ojalá! Por mí, sí me veo, aunque habrá que dejar paso a la gente más joven. Esto es un privilegio, pero también es cansado. Pero, sí me veo diez años más.

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