El campus que pudo ser y no fue

Universidad

El arquitecto paulista Paulo Mendes da Rocha proyectó en 2005, junto a Alfonso Penela, la modernización de Lagoas-Marcosende con un diseño rompedor que permitiría recorrerlo a pie sin dificultades

Plano del proyecto diseñado por  Paulo Mendes da Rocha y Alfonso Penela
Plano del proyecto diseñado por Paulo Mendes da Rocha y Alfonso Penela | MMBB arquitetos

Uno de los principales problemas del Campus de Vigo es la dificultad para recorrerlo a pie e ir de una facultad a otra debido a la peculiar orografía de su emplazamiento. Los actuales equipos rectorales tratan de mitigar esto con soluciones como la lanzadera autónoma que ya recorre las calles de Lagoas-Marcosende en forma de programa piloto, pero hace ya más de veinte años que se tratan de buscar soluciones y una de las más originales –que incluso estuvo aprobada de forma oficial pero no llegó a construirse– fue la del arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha.

Da Rocha, junto con el vigués Alfonso Penela, diseñó un plan director del campus vigués que eliminaría por completo la necesidad de utilizar el coche para moverse con unas vías artificiales elevadas y unidas por ascensores que conectarían todos los ámbitos del lugar.

Aunque por problemas económicos de la Universidad este plan director no pudo llevarse a cabo, la web del estudio de arquitectura del fallecido Mendes da Rocha (MMBB Arquitetos) todavía presume de lo que podría haber sido una reforma completamente disruptiva.

El arquitecto brasileño basó su propuesta en la reforma llevada a cabo por Enric Miralles, que usó la cota de altura de los 460 metros como eje estructurador del campus. En ella se erigen los edificios del rectorado, la biblioteca, el conjunto deportivo y la plaza que lleva el nombre del también fallecido arquitecto español. Partiendo de esta, nacía el proyecto de Da Rocha, cuyo objetivo era “romper con la distribución anterior de los edificios, aislados en áreas determinadas por la topografía accidentada del terreno, a través de un conjunto de vías de circulación elevadas, expandiendo la cota 460 en el espacio”.

La idea de Mendes da Rocha se basaba en una serie de vías principales: una de ellas extendida a lo largo de la cota 460 y otras dos perpendiculares. Estas se podían unir a otras secundarias, algunas de ellas ya existentes, como la pasarela entre Económicas y Jurídicas. Los dos ejes perpendiculares, de orientación norte-sur y en las cotas 430 y 425, establecen la relación con los sectores de ingenierías y ciencias ambientales. El objetivo de estas vías elevadas es permitir la circulación de peatones y “pequeños vehículos eléctricos para el transporte rápido de documentos, libros y equipos de pequeño tamaño”, como el propio arquitecto imaginaba en las notas que dejó sobre el proyecto. Para ello, cada una de estas vías tendría 12 metros de ancho.

Completarían esta ‘megaestructura’ cinco grupos de ascensores y edificios-garaje que el arquitecto brasileño diseñó de forma circular con varias alturas, situados en los extremos de cada una de las vías. Mendes da Rocha había imaginado un campus en el que todo el mundo dejaba el coche al entrar y se desplazaba caminando a los diferentes lugares. Así, a lo largo de las vías habría diferentes inmuebles que funcionarían como servicios: cafeterías, papelerías, kioscos… incluso instalaciones sanitarias. Todo con el objetivo de que estudiantes y docentes pudieran hacer vida en el campus.

Además, Mendes da Rocha veía imprescindible preservar el territorio natural, de ahí que optara por esta distribución.

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