La calle Coruña inicia su recuperación tras el impacto del cierre de juzgados
TRANSFORMACIÓN URBANA
La apertura del centro sanitario Olimpia Valencia comienza a notarse en la actividad económica. Los negocios coinciden en que hay más movimiento aunque lamentan el bloqueo del antiguo edificio del Registro Civil
Hosteleros y comerciantes del entorno de la calle Coruña están pasando por una situación similar a la que vivieron en su día los negocios del ámbito de Pizarro con el cierre del Hospital Xeral y su transformación posterior en Cidade da Xustiza. Cambiaron las tornas y lo que en un caso fue durante años epicentro sanitario pasó a serlo judicial y al revés.
Hace tres años, el cierre definitivo de los antiguos juzgados de la calle Lalín supuso la transformación de lo que también era un centro de negocios ligado a la actividad judicial. En pocos meses, más de una docena de oficinas quedaban libres y la amenaza cercaba establecimientos comerciales y hosteleros, tras la sangría del covid cuando llegaron a cesar su actividad una veintena de negocios.
El cambio obligó a la reinvención comercial ante la marcha del cerca del millar de funcionarios y elevado número de usuarios de juzgados diarios, algo a lo que se sumó el teletrabajo en Hacienda, donde incluso su cafetería llegó a cerrar.
Varios resistieron y otros muchos fueron reabriendo pese al bajón de afluencia que recibió el estoque definitivo con el traslado el año pasado del Registro Civil. Hace tres meses la situación cambió con la apertura del centro integral de salud Olimpia Valencia. Pese a su paulatina puesta en marcha, a trompicones por las huelgas, “se nota que hay más movimiento”. Así lo aseguran desde la cafetería Iris, donde no obstante, reconocen “que de momento no ha sido un impacto tan grande como el esperado, pero confiamos en que poco a poco vaya aumentando cuando ya esté al cien por cien".
El inicio de la recuperación se refleja en nuevas aperturas. Hasta tres nuevos establecimientos comerciales y cambio de manos en negocios. “Llegamos hace unos meses y la verdad es que nos va muy bien. Se nota que hay vida, que hay más gente”, explican desde Il Gourmet Pasiva, que abrió este nuevo local sobre la anterior cafetería en marzo. La llegada de los usuarios al centro Olimpia Valencia y los profesionales abre de nuevo la puerta cerrada años atrás a la espera de clientes habituales, también en los comercios.
“Está claro que cada vez habrá un flujo más importante de personas con la puesta en marcha del centro sanitario y que supone un impulso, todo lo nuevo lo es”, asegura el presidente de la Asociación de Comerciantes de Traviesas, (Aetravi), Iván Iglesias, quien se muestra “muy optimista” ante la transformación de este entorno, “como ha ocurrido en el ámbito de Pizarro”.
Un desbloqueo necesario para el “impulso definitivo”
Pese al optimismo de esta nueva etapa en el entorno de la calle Coruña, desde los negocios son conscientes de que para que haya un impulso definitivo es necesario desbloquear el antiguo edificio del Registro Civil, en abandono hasta que se dirima el litigio entre Concello y Xunta sobre la propiedad. Lo asegura el presidente de Aetravi quien califica de “serio problema” la situación.
En la misma línea se posicionan desde los distintos locales comerciales. “El cierre del Registro Civil a nosotros nos supuso un importante golpe”, explican desde la joyería Antonio, “porque cuando venían los novios a inscribirse a las bodas o en los nacimientos ya aprovechaban y pasaban por aquí”. Este local también espera en que se pueda llegar a dar vida a ese edificio porque “sería muy positivo, tras la apertura del Olimpia Valencia".
El antiguo Registro Civil, camino de otra vieja estación
Mantas, zapatillas, una almohada, restos de comida, cartones… La zona exterior del antiguo edificio de la calle Lalín, junto al Olimpia Valencia, acumula muestras de las primeras incursiones de personas ajenas al inmueble, cuyo acceso permanece vigilado tanto por cámaras como con personal al contar todavía con parte del archivo judicial.
Cerrado desde hace un año y en medio del litigio entre Concello y Xunta el edificio sufre de un importante deterioro y el riesgo de transformarse en otra vieja estación de autobuses, donde personas sin hogar se asentaron en el exterior. Aunque el que fuera acceso a la antigua sala de bodas permanece cerrado con vallas especialmente aseguradas, el de la vieja junta electoral es otra historia. Ahí ya han sido abiertas e incluso retiradas algunas partes del perímetro metálico que impedía entrar, pudiéndose ver restos de comida y mantas en la zona verde. Una sentencia de lo Contencioso dio la razón al Concello sobre la titularidad del suelo, pero el periplo judicial continúa. La Xunta seguirá peleando por su centro de asociacionismo y el Concello por un servicio de atención a los vecinos.
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