El buque farero entra en la historia del Puerto vigués

Homenaje al “Rías Bajas”, que el año próximo dejará de prestar servicios y ocupará un puesto al lado de otros barcos

Trabajadores de la Autoridad Portuaria y exempleados, ayer ante el "Rías Bajas", que pronto se jubilará
Trabajadores de la Autoridad Portuaria y exempleados, ayer ante el "Rías Bajas", que pronto se jubilará | J.V. Landín

La Autoridad Portuaria (APV) rindió un homenaje a los trabajadores del “Rías Bajas”, un histórico buque farero y balizador que, durante casi 60 años, ha sido el “alma del Puerto”, y que pasará a ser buque histórico el próximo año, siguiendo la estela del “Hidria II” y la goleta “Evangelina”. Construido en 1967 por Construcciones Navales Yarza (factoría que hoy es Rodman Polyships), el “Rías Bajas” sustituyó al antiguo “Ramiro Pascual” (1933), que había dado servicio durante décadas a las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo, con sus correspondientes islas, y supuso un salto hacia la modernidad y la seguridad para quienes hacían del mar su oficina. Su misión ha sido vital: el cuidado y mantenimiento de las cerca de 80 señales marítimas que guían a los barcos en la Ría.

El “Rías Bajas” tiene 25,42 metros de eslora, 6 metros de manga, desplaza 123,52 toneladas de registro bruto (TRB) y desarrolla una velocidad punta de 9 nudos. En 2021, el astillero Armada fue el encargado de una profunda restauración de este buque, con una inversión superior a 141.000 euros, dentro de la estrategia Blue Growth de la APV, a través de la que la institución apuesta por la recuperación del patrimonio histórico marítimo local. Desde entonces, este barco sigue siendo una pieza fundamental para la seguridad marítima en la ría de Vigo, manteniendo el balizamiento y la operatividad de las señales luminosas.

El “Ramiro Pascual” no fue el primero de los buques en realizar estos servicios. Antes de su construcción, el “Faros”, un buque pesquero remodelado, era el encargado de realizar este trabajo. Los duros inviernos que azotaban las Rías Baixas suponían interminables jornadas en la mar, donde una tripulación formada por dos patrones, cuatro marineros y un maquinista, se turnaban para atender las necesidades de las tres rías, además de auxiliar a otras embarcaciones en apuros -por aquel entonces pocas naves llevaban motor o fuerabordas-, trasladar a personas a las islas o llevarles víveres.

El momento más entrañable fue el reconocimiento a la saga de los Pérez, una familia que, tal y como destacó el máximo responsable portuario, Carlos Botana, “personifica la dedicación absoluta al Puerto de Vigo a través de tres generaciones: Benito Pérez Gondar; su hijo Miguel Pérez Gómez; y su nieto José Miguel Pérez Vázquez”, presente junto a su hermano Benito, “cuya profesionalidad sigue viva en la memoria de la comunidad portuaria”. "Además de su profesionalidad, hay que destacar su inmensa calidad humana", señaló Botana, destacando que el alcalde de Baiona y expresidente de la APV, Jesús Vázquez Almuiña -sobrino y primo de trabajadores de la flota-, “comparte ese vínculo profundo con esta familia de mar”.

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