El búnker nuclear de Vigo para el apocalipsis que nunca llegó

El Conservatorio Superior conserva el refugio que el empresario Moisés Álvarez mandó construir en su chalet de O Castro

Recorrido por el búnker que hay en los bajos del Conservatorio Superior de Música de Vigo | Vicente Alonso

Tras una Guerra Civil y una mundial, y en plena tensión por la Guerra Fría, el empresario Moisés Álvarez mandó construir a finales de los 60 en su mansión del monte de O Castro un búnker nuclear. Hoy, esta edifición es el Conservatorio Superior de Música de la ciudad, que conserva aún bajo espesos muros de hormigón este peculiar refugio.

Su acceso hoy día solo puede realizarse a través de la puerta que da a la insalación eléctrica del edificio, zona restringida por seguridad. Un segundo acceso, disponible desde un aula, fue tapiado en la última reforma. Una vez traspasado el umbral, al búnker se accede a través de un estrecho pasillo, hormigón vista. La estancia del refugio es de unos 25 metros cuadrados y está vacía, salvo por una mesa y una silla con un calendario de 1993, fecha de la reforma, lo que apunta que el búnker fue usado por los obreros para cambiarse. Al fondo, bidés y lavabos de los antiguos cuartos de aseo de la mansión.

En los sótanos del Conservatorio Superior, dónde se pueden observar las zapatas originales, hay una entrada de difícil acceso a dos túneles que llevan hacia el monte de O Castro.
En los sótanos del Conservatorio Superior, dónde se pueden observar las zapatas originales, hay una entrada de difícil acceso a dos túneles que llevan hacia el monte de O Castro. | Vicente Alonso

Historia

La historia del inmueble comienza en los años de mayor expansión del grupo industrial Manuel Álvarez e Hijos, una de las grandes empresas de loza y vidrio del país. En ese contexto de prosperidad, Moisés Álvarez decidió levantar en la ladera del Castro una residencia que fuese al mismo tiempo vivienda familiar y símbolo de su posición en el Vigo del desarrollismo. La casa, construida a finales de los años sesenta con una inversión que rondó los cien millones de pesetas (20 millones de euros aproximadamente hoy día, contando con la inflación), se convirtió pronto en uno de los edificios más comentados de la ciudad.

Según apuntan desde el Instituto de Estudios Vigueses, la mansión fue diseñada por el arquitecto Jesús de Juan, nieto del fundador de la compañía, Manuel Álvarez, y sobrino del propio Moisés. Era, además, el profesional que había diseñado muchas de las tiendas de la firma repartidas por toda España. Durante años, el inmueble funcionó también como lugar de veraneo del propio Franco, lo que aumentó su notoriedad en la ciudad.

Entre los espacios más singulares del edificio se encontraba el refugio. El búnker formaba parte de un sótano soportado por zapatas macizas y gruesos muros de hormigón. Con el paso del tiempo, el espacio llegó a quedar inundado y lleno de escombros, hasta que fue recuperado durante las últimas reformas del Conservatorio. En esa intervención aparecieron también algunos elementos originales de las instalaciones técnicas, como el grupo de presión del agua que abastecía a la casa o la subestación eléctrica propia, ahora retirada.

Uso posible como estudio de grabación

Actualmente el búnker solo tiene en su interior varias piezas de los antiguos aseos del chalet Álvarez, sin un uso concreto por parte del Conservatorio. Desde la institución educativa señalan que han valorado en varias ocasiones la posibilidad de reformar el espacio para adaptarlo como un estudio de grabación para los estudiantes, gracias a la buena insonorización del búnker y su reducido nivel de reverberación, aunque nunca se concretó la propuesta con una partida presupuestaria; si bien su aislamiento del exterior y los espesos muros de hormigón facilitarían la obra.

Mientras tanto, el búnker nuclear vigués sigue vacío y sin uso, cerrado bajo llave, a la espera de una propuesta que ponga en valor este espacio dentro del conjunto educativo del Conservatorio Superior vigués. Toda una rareza en la ciudad que no todos los vigueses conocen.

La construcción tiene dos accesos al pasillo que lleva el búnker, pero una de las puertas fue tapiada en la última reforma.
La construcción tiene dos accesos al pasillo que lleva el búnker, pero una de las puertas fue tapiada en la última reforma. | Vicente Alonso

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