El bullying por aislamiento se extiende en Vigo por las redes

Expertos advierten de que cuando el acoso salta de las aulas a los móviles es incontrolable. “Le hicieron el vacío y se metían con ella por Instagram” relata la madre de una menor viguesa

Imagen de archivo de jóvenes con sus teléfonos móviles a la salida del instituto.
Imagen de archivo de jóvenes con sus teléfonos móviles a la salida del instituto.

Los adolescentes tienen acceso a las redes sociales cada vez desde más pequeños y ese espacio virtual se ha convertido en su punto de encuentro habitual, donde intercambian pareceres y desarrollan sus amistades, tanto de forma individual como en grupo. Pero cuando el bullying llega a esta dimensión, los problemas se magnifican y las consecuencias para las víctimas también. Es así cómo el acoso más invisible, el social –que consiste en aislar a la víctima y tratar de poner a su círculo de amistades en su contra—se esconde todavía más -fuera de las aulas- y se intensifica causando todavía más daño.

De esta forma se agravó la situación de Diana (nombre ficticio, para proteger su identidad), una joven de apenas 16 años que sufrió acoso en hasta tres centros educativos diferentes de la ciudad. Lo que comenzó como un grupo de compañeras haciéndole el vacío saltó rápidamente a las redes, donde toda interacción se escapa al control de los responsables del colegio. “Se empezaron a meter con ella por Instagram”, indica su madre, desesperada tras más de un año lidiando con esta situación, “luego empezó a meterse en los baños del colegio y a pasar los recreos allí”, añade.

El hostigamiento continuó por redes, con cada vez más compañeros y compañeras uniéndose y culminó con una pelea a la salida de clase de la que la madre de Diana trató de avisar a la dirección del centro: “Nadie hizo nada”, lamenta. Tras este episodio, el aislamiento social de la joven se agravó y su salud mental sufrió un grave deterioro del que aún no se ha recuperado: “Tiene muchos ataques de ansiedad, pasa muchas noches sin dormir y está tomando varias pastillas para estabilizarla”, indica su madre. Tuvo que esperar a final de curso para cambiarla de centro y en este nuevo colegio una negligencia en el tratamiento de la información sobre los medicamentos que estaba tomando motivó que algunos de sus compañeros comenzasen a meterse con ella por su estado de salud, volviendo a una situación de aislamiento social.

Sandra Lorenzo, del gabinete psicopedagógico Arnela, comenta que este tipo de acoso escolar “es más habitual incluso que la violencia física” y deja en sus víctimas secuelas a largo plazo ya que menoscaba continuamente su autoestima: “Afecta muchísimo a su sentimiento de pertenencia, sobre todo cuando te marginan sin saber muy bien por qué, ya que en muchos casos no hay una razón aparente”. Esta experta explica que “tener el poder de excluir da poder sobre los demás” a los que realizan este tipo de acoso, y las lealtades que se forman en grupos de amigos durante la adolescencia contribuyen a que muchos se posicionen con el agresor o agresores.

“Los comportamientos abusivos son más visibles en internet"

Tras el incidente de la filtración de sus detalles médicos, recuerda la madre de Diana, desde Inspección Educativa se actuó más rápido con un cambio de centro, el segundo en menos de un año. Esta vez fue a través de las redes sociales que algunos de sus compañeros se enteraron de sus problemas en los otros dos colegios. Ahí volvió a comenzar el hostigamiento por parte de algunos de los alumnos, con continuos insultos por redes sociales, en muchas ocasiones atacando la apariencia de la joven, según pudo comprobar este periódico.

Afortunadamente, en esta ocasión la madre de Diana celebra que “abrieron un protocolo de acoso escolar” mostrando preocupación por el caso y espera que se pueda resolver pronto. Sin embargo, el daño está hecho y la salud mental de la joven está muy deteriorada: “Le tiene fobia al instituto y tengo cientos de partes médicos por ataques de ansiedad, casi diarios”, cuenta su madre, que cree que quitarle las redes sociales, como ya le sugirieron en alguna ocasión “sólo serviría para aislarla todavía más” y sería “injusto” para ella. A día de hoy sigue sin entender cómo se pudo permitir que ocurriera todo lo que llevó a que su hija sea ya apenas una sombra de lo que era: “Le encantaba ir al colegio, antes de todo se levantaba ella sola a las siete de la mañana y preparaba sus cosas, ahora le han creado un trauma de por vida con ello”. Además, la situación de Diana llegó a tal límite que acabó teniendo comportamientos autolíticos y tuvo que ser ingresada en el hospital en más de una ocasión.

“Las redes sociales acentúan el acoso escolar social”, asegura la experta Sandra Lorenzo, ya que “es una parte en la que estos comportamientos son muy visibles; se crean grupos de conversación aparte excluyendo a otras personas, se hacen quedadas a través de ellos…”. Además, como se trata de acciones que no tienen lugar en el recinto educativo, se escapa al control de colegios y docentes.

Cuando el protocolo a seguir es contraproducente

Alicia (nombre ficticio) tardó más de dos años en contarle a su madre que sufría acoso en el colegio. “Tenía muchos dolores de barriga y vómitos nocturnos y dejó de querer ir a clase. Cuando descartamos que era un problema físico, la llevamos al psicólogo y fue entonces cuando decidió contarlo todo”, explica la madre. Resulta que una de sus compañeras, sin motivo aparente, se metía con ella llegando incluso a empujarla por las escaleras. “Pero había efecto llamada y otros niños se unían a ella insultándola y llamándole de todo”, apunta. Aunque hasta ese preciso momento el colegio ni siquiera llegó a detectar indicios de acoso, una simple encuesta del tutor a sus compañeros sirvió para corroborar estos hechos y, por lo tanto, abrir el correspondiente protocolo.

Sin embargo, el remedio fue peor. La primera medida a tomar de dicho protocolo es, por lo general, separar a víctima y agresor. “Como compartían amigos en común, al no poder acercarse a mi hija y con la otra niña amenazándolos para que no estuviesen con ella, Alicia empezó a estar sola y le generó mayor inestabilidad”, recuerda su madre, que tuvo numerosas reuniones con el equipo de orientación sin que le aportaran ninguna solución real. “Cuando el problema es el aislamiento, aislar más es contraproducente”, comenta la experta psicopedagoga Sandra Lorenzo sobre la aplicación del protocolo de acoso escolar en ciertos casos, lamentando que “todavía hay muchísimo desconocimiento” en los temas que rodean al acoso escolar, sobre todo, cuando las redes sociales están de por medio.

A día de hoy, ya en un nuevo colegio, las cosas mejoraron para Alicia, pero esta experiencia todavía le sigue pasando factura: “Está muy a la defensiva con los otros niños y tiene la sensación de que todo el mundo se mete con ella cada vez que le dice algo”, cuenta su madre, que reflexiona: “Los que hacen estas cosas no son conscientes del daño que le pueden hacer a un niño”.

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