La Brincadeira cumple 28 años con férrea resistencia a la lluvia

Un centenar de puestos de gastronomía y artesanía se dieron cita ayer en Bouzas en una festividad amenazada por el mal tiempo

Brincadeira

Bouzas realizó ayer una gesta numantina. Una resistencia al mal tiempo, a la lluvia y a la amenaza de tormenta. Por encima de todo eso, está la Brincadeira. La celebración cumple en esta edición 28 años y lo hizo con menos gente de lo habitual, pero con el mismo espíritu festivo de siempre. Las precipitaciones intermitentes ahuyentaron a público ocasional, pero no al de toda la vida, porque Bouzas merece contar con una fiesta de época y recordar que, hace poco más de 200 años, la villa marinera poseía una esencia diferente que sigue manteniendo en el tiempo.

Ya desde por la mañana, el centenar de puestos comenzaron a funcionar. Algunos atraían a los visitantes por la vista, con dulces de todos los sabores; otros, por el olfato, con los primeros chorizos a la plancha o a la brasa."Esta fiesta es uno de los muchos símbolos que tiene la identidad de Bouzas", señalaron desde un puesto de la agrupación de padres y madres del Club Deportivo Coia. Las gaitas comenzaban a entonar, a desfilar (cuando la lluvia lo permitía) por la Alameda y la Rúa Pazo, reconstruida de forma exprés para no obstaculizar el paso de la gente. Cuando descargaban las nubes, los gaiteiros se ponían a cubierto en los soportales, sin que la música cesase. El grupo Arroutada ‘aporreaba’ los bombos con fuerza y talento, algo que también atraía al paseante. En el entorno de la iglesia, se sucedían los talleres tradicionales de cestería, zuequería o artesanía en piedra. Y, por supuesto, no faltaba la bebida, acompañado de un bollo preñado. Manjar típico de la Brincadeira.

Los visitantes aprovecharon la mañana para echar un vistazo. Para pasear por sus puestos. Un primer contacto con la Brincadeira pese a que ya el viernes por la tarde comenzó el mercadillo. Según cómo evolucione el tiempo, la tarde sería más o menos animada. “Vamos a ser positivos, aunque den mucha lluvia”, aseguraba Manuel, un habitual ya de la fiesta boucense. También hubo visitas desde el otro lado de la frontera portuguesa, aunque solo fuese casualidad. “Tenemos aquí el alojamiento y nos encontramos esto. Queríamos visitar Vigo pero nos vamos a quedar aquí”, zanjaban un cuarteto de jóvenes lusos de Guimaraes.

Ya por la tarde, la representación fue cancelada por el mal tiempo y la expulsión de los franceses tendrá que esperar, al menos, 24 horas. No se abarrotaron las calles como ediciones anteriores, pero el disfrute fue el mismo. Hoy, en la explanada de la iglesia, y si el tiempo lo permite, se celebra a las 13 horas el concurso de disfraces de época. Y con más mercado, que cerrará a las 21 horas.

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