Los Boy Scouts vuelven a Vigo

REPORTAJE

Tras quince años sin actividad, el movimiento revive de la mano del Grupo 220 San Juan de Ávila, reformado por antiguos miembros a los que ahora se suman las nuevas generaciones

Los miembros del reformado Grupo 220, en una acampada.
Los miembros del reformado Grupo 220, en una acampada.

El movimiento de los Boy Scouts en Vigo llevaba desaparecido desde hace quince años. Ahora, un grupo de antiguos miembros ha recuperado el Grupo 220 San Juan de Ávila, dispuestos a retomar la actividad sorteando cualquier impedimento, incluida la pandemia del coronavirus. A día de hoy cuentan de nuevo con una veintena de miembros con los que ya han reanudado sus iniciativas.

En la ciudad llegó a haber cinco grupos activos, hasta que en el año 2005 el último de ellos cerró sus puertas. Se trataba precisamente del Grupo de Scouts 220, nombre que recibe por su orden de inscripción en el registro de España a principios de los años 70. La principal razón, la falta de monitores. “Eran todos voluntarios, no cobraban, pero a la vez necesitaban titulación de monitor propia y de director de tiempo libre”, explica la nueva presidenta del grupo Noelia Cabrera.

Esta viguesa perteneció a este grupo durante su juventud y recuerda la experiencia como “algo bonito que me enseñó muchas cosas y a todos nos aportó algo, hay una serie de valores que te permiten aprender a ser una buena persona”. Ahora decidió retomar el grupo como monitora junto a otros antiguos compañeros al considerar que “una ciudad grande como Vigo que llegó a tener cinco grupos necesitaba retomar la actividad”.

Las primeras reuniones entre estos miembros comenzaron a finales de 2019, pero no fue hasta el 16 de febrero de 2020 cuando la Asociación Scouts de Galicia los reconoció de nuevo como grupo en formación. Todo estaba listo para retomar la actividad, pero entonces surgió lo inesperado. “La pandemia nos afectó de lleno, los confinamientos y las restricciones nos obligaron a hacer más actividades online y a los niños no les gusta tanto”, explica Cabrera. La prolongación del estado de alarma truncó los planes y expectativas, obligando incluso a replantear la continuidad del proyecto.

Ahora, con la relajación de las restricciones sanitarias, ya han podido retomar iniciativas más habituales como excursiones y campamentos por los montes de Vigo que esperan continuar durante los próximos meses. Entre sus objetivos también está incorporar a más miembros para recuperar en la ciudad el movimiento Scout, fundado a principios del siglo XX en Inglaterra por el general Robert Baden-Powell.

“En otros países ser Scout se pone en el currículum”

Durante la última actividad, celebrada en la zona de acampada de Tatín, los nuevos Boy Scouts aprendieron durante 10 días a montar sus tiendas de campaña, a hacer hogueras seguras para preparar comida campera, a comunicarse mediante código morse o a orientarse mediante una brújula. Además, también organizan actividades como juegos de pistas en la ciudad, así como en su nuevo local situado en la calle San Salvador, donde tienen la oportunidad de aprender a hacer distintos tipos de nudos, o primeros auxilios.

“Lo bueno que tienen los Scouts es que te permiten aprender autonomía, habilidades sociales, los niños ganan autoestina, competencias nuevas y una filosofía consistente en dejar el mundo mejor que lo encontramos”, señala Cabrera. “En otros países ser Scout es algo que se pone en el currículum, ya que así sabes que esa persona tiene una serie de actitudes y habilidades de trabajar en equipo, resolver problemas”, explica, aunque reconoce que “en España por alguna razón es algo que no tiene tanta fama”.

Contenido patrocinado

stats