Una boda curiosa: un diácono casa a una de sus hijas

La ceremonia celebrada ayer en la iglesia de San Antonio de la Florida contó con la emotividad añadida de ver a un padre oficiando el matrimonio de su hija.

I.SOBRINO
Publicado: 06 jul 2008 - 14:30 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:31
Los recién casados con los padres de la novia, Rosa Pérez y el diácono Antonio Comesaña, que ofició la boda.
Los recién casados con los padres de la novia, Rosa Pérez y el diácono Antonio Comesaña, que ofició la boda.

Todo simulaba la apariencia de una boda corriente, los invitados, los novios, los padrinos y la decoración de la iglesia, pero esta celebración tuvo una peculiar característica: el padre de la novia, uno de los tres diáconos de la diócesis de Tui-Vigo, no fue el encargado de llevar a su hija al altar, si no que fue el que celebró el sacramento del matrimonio. Todo estaba a punto para que la ceremonia comenzara a la una del mediodía de la forma más bonita posible.

Antonio Comesaña es un economista jubilado de 72 años, casa-do y con ocho hijos. Ayer ofició su primera boda casando a su hija Ana, un acto para el que se preparó con ilusión tratando de conseguir que ’todo saliera perfecto’, como finalmente ocurrió.

A pesar del nerviosismo que suponía la situación, consiguió mantener la calma como otro emocionado padre, incluso fue él quien se encargó de uno de los momentos más esperados, cuando dijo la ya tan famosa frase de ’Javier, puedes besar a la novia’.

’Mi tío Manuel, hermano de mi padre, fue el encargado de ejercer como padrino, que es una de las personas a las que estoy más unida’ aseguraba la inquieta novia, tras haber dado ya el ’sí quiero’.

Ana ya había expresado con anterioridad su deseo de que fuera su padre el encargado de casarla, ya que ’no todas pueden tener esta maravillosa oportunidad y además tengo la suerte de disfrutar de una estrecha relación con mi padre’.

Sus hermanos destacaban la emotividad que ha conllevado la preparación de todos los detalles, desde los suaves acordes del violín hasta la perfecta armonía entre la dalmática de Antonio y los adornos florales de la iglesia. ’Si ya casarse es una experiencia increíble, hacer-lo frente a tu padre es mucho más satisfactorio’ añadía Ana. También explicó que gracias a su madre, consiguió contener las lágrimas, ’porque me ha entrena-do para ello’, aunque en el momento del intercambio de anillos le costó mucho trabajo aguantarse. ’Los padrinos tienen la función de entregar a los novios ante el altar, pero ha sido mi padre el encargado de dar fe de la unión que hoy hemos llevado a cabo Javier y yo, no tengo palabras para explicar la emoción que siento’ concluyó Ana.

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